Opinión

El efecto Aznar

Jueves 23 de mayo de 2013
La resaca que dejó ayer la entrevista televisiva de José María Aznar la noche del lunes tuvo un denominador común: no gustó ni a PSOE ni a PP. Mejor dicho, a la actual cúpula dirigente del PP, porque el feed back de la militancia no ha podido ser más positivo. Por el lado popular eran Cristóbal Montoro y Jesús Posada los más explícitos en su crítica al ex presidente, mientras que Soraya prefería tirar de ironía comentando que “todas las aportaciones tendentes a crear empleo eran bienvenidas”. Desde las filas socialistas, el que Elena Valenciano calificase a Aznar como “una mezcla entre el túnel del tiempo y el túnel del terror”, y que Ramón Jáuregui se despachase con un “no quiera Dios que vuelva”, denota hasta qué punto se le sigue temiendo como adversario político. De ahí, la furibunda campaña que, en su contra, ha desatado el grupo PRISA.

El efecto causado por la entrevista de Aznar revela hasta qué punto la política española anda huérfana de discursos inteligibles. Se coincida o no con sus planteamientos, lo que es indudable es que el ex-presidente habló claro. Se entendió a la perfección lo que dijo; cosa que no suele suceder de un tiempo a esta parte, cada vez que algún alto cargo popular toma la palabra. Y se entendió porque el Presidente Aznar se ciñó escrupulosamente al programa electoral del PP. De ahí que resulten de todo punto sorprendentes –para decirlo suavemente- las críticas vertidas por compañeros de partido -y de gabinete, en su momento- como Posadas y Montoro. Este último, además, estuvo especialmente desafortunado al negar la posibilidad de bajar impuestos y “dejar las añoranzas para otro día”. Alguien debería explicarle al señor Montoro que para incentivar la economía lo que no hay que hacer es penalizar el consumo y la inversión, que es lo que se consigue subiendo impuestos. Es lamentable que el señor Montoro –por cierto, “un nostálgico”, pero nostálgico del intervencionismo de corte falangista- no haya aprovechado el largo periodo que pasó en la oposición para aprender inglés y tomar algunas lecciones básicas de economía y cortesía política.

Uno de los problemas más graves de la crisis –de la política, ya que no económica- es que los dos principales partidos españoles están dando la espalda a su propio electorado: el PSOE, convirtiéndose en un partido nacionalista que habla de balanzas fiscales y territorios, en lugar de ciudadanos; y ahora el PP, friendo a profesionales y pequeños empresarios con impuestos, en lugar de recortar el gasto burocrático de “cargos de confianza” y de empresas públicas deficitarias.

TEMAS RELACIONADOS: