El cambio de actividad de Zaplana no es de extrañar. Muchos de los políticos de un lado y de otro han acabado en la empresa privada o en empresas a cargo del Estado siendo altos ejecutivos. Sin embargo, la decisión de Eduardo Zaplana no ha dejado indiferente a nadie. Y no entre sus filas, que se han felicitado de tan alta responsabilidad. Tampoco entre las socialistas.
La vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, ha ponderado incluso el liderazgo y la labor de oposición "de uno de los símbolos del PP" en la anterior legislatura. Pero Guerra, histórico dirigente del PSOE, no ha seguido la misma estela que el resto de sus compañeros y ha optado por criticar al valenciano, acusándole por abandonar la política una vez que "ha ganado estatus", para ahora "ganar dinero".
Pero
la resolución de Zaplana no es en absoluto insólita. Desde esta nueva etapa de la democracia, dirigentes de unas formaciones políticas y de otros han dado un giro a su carrera, renunciando a cargos de importante responsabilidad ejecutiva por otros de titularidad privada o bien dependientes del mismo Estado.
Es el caso de
Narcís Serra. Ministro de Defensa durante los gobiernos de Felipe González y vicepresidente del partido socialista, amén de alcalde de Barcelona, dejó los trastos del poder Ejecutivo por la presidencia de la
Caixa de Cataluña, donde el catalán tiene un sueldo que sobrepasa los dos millones de euros.
Antes que él,
Miguel Boyer, como antes otros ministros de la etapa de Adolfo Suárez, encauzó su carrera profesional en la actividad privada. El ex ministro de Economía, a la sazón asesor financiero de la consultora Ernest & Young,
presidente del Banco de España, y, más tarde de Grucysa, recaló hasta su reciente jubilación en la
vicepresidencia de FCCC además de ocupar la presidencia de la compañía de Logística de Hidrocarburos. En su caso, como en el resto de otros ejecutivos de similiar responsabilidad, el salario se aproxima a los dos millones de euros.
Javier de Paz, actual importante directivo de Telefónica, amigo íntimo de José Luis Rodríguez Zapatero, y antaño ex secretario de
Juventudes Socialistas, después presidente de
MERCASA, ha ocupado tras su retirada política cargos de notoria responsabilidad empresarial.
Una situación muy similar a la de
Gómez Navarro. Secretario de Estado de Turismo, presidente del Consejo Superior de Deportes y ministro de Comercio en el Gobierno socialista de González, Gómez Navarro ha desempeñado entre otras responsabilidades, la presidencia de
Viajes Marsans y ahora las destacadas consultoras empresariales.
Carlos Solchaga, Petra Mateos, José María Crespo Lozano o Luis Atienza, todos ellos socialistas, también han acabado en la empresa privada.
Concretamente
Luis Atienza, ministro de Agricultura durante la tercerea legislatura de Felipe González, antes secretario General de la Energía, es hoy el
presidente de la Red Eléctrica de Española, además de socio de una prestigiosa bodega catalana productora de cavas. Atienza, con un sueldo oficial de 755.000 euros, no es el único político socialista reconvertido a altos cargos de empresas, en su caso pública. La ex ministra de Sanidad,
Ángeles Amador o el ex presidente de Iberia,
Javier Salas, han seguido su estela, aunque sólo como consejeros de la REE.
Los presidentes del Gobierno, especialmente Felipe González y José María Aznar, desde que dejaron su cargo, amén de su pensión vitalicia,
han sido requeridos para formar parte de Consejos de Administración, clases eméritas en universidades de todo el mundo y participación en distintos organismos y fórums internacionales.Javier Taguas ha sido el último en dar un giro a su carrera política. El hasta hace unos días ex asesor económico de Zapatero, quien, en plena crisis económica ha optado por
presidir Seopan (Sociedad de Empresas de Obras Públicas de Ámbito Nacional), un grupo que acoge a las 33 mayores constructoras de toda España, no ha estado exento de las críticas de los populares en una jornada en la que Alfonso Guerra, olvidando el camino recorrido por otros compañeros de partido, acusó a Eduardo Zaplana de "dedicarse a la política, y tras cobrar notoriedad, enfocar su destino a la empresa privada para ganar dinero”.
No en vano, y a pesar de las objeciones partidistas,
la CNMV, organismo dependiente del Estado, no ha muchos días ha declarado que, el sueldo medio de cualquier alto ejecutivo de este rango está por encima de los 750.000 euros.