Miércoles 29 de mayo de 2013
La decisión europea de levantar el embargo de armas a la oposición siria era algo esperado. Se hace así pública una decisión que en privado compartía la mayoría, pese a las reticencias de algunos estados miembros. Dichas reticencias son comprensibles, habida cuenta de que no hay una sola oposición a Bashar al Assad, sino varias facciones diferenciadas y no siempre coincidentes. Entregar armas a la oposición siria, como pedía la CNFORS, no garantiza el destinatario final de dichas armas -conviene recordar que entre los rebeldes hay islamistas vinculados a Al Qaeda-.
A este respecto, conviene señalar que si bien las reiteradas violaciones de los derechos humanos perpetradas por los leales a al Assad no pueden quedar impunes, tampoco han de hacerlo algunas actuaciones llevadas a cabo por las milicias opositoras, exactamente igual de reprobables. Por eso, si la oposición siria quiere ganarse la credibilidad de la comunidad internacional debe erradicar determinadas conductas, esas que les equiparan a la tiranía a la cual combaten. Ahora, además, Rusia tiene parte de razón al acusar a la Unión Europea de tener un doble rasero en Siria; cuestión ésta que pone en evidencia otra más espinosa: si se prioriza el armar a ambos bandos en detrimento de impulsar la salida de al Assad del país, la prolongación del conflicto será un hecho.
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