Opinión

¿Y si Asad gana?

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 01 de junio de 2013
La guerra civil en Siria está entrando en una nueva fase. Cuando todo parecía indiciar que Asad estaba derrotado, la intervención de Hizbolá en apoyo del ejército sirio y el suministro de armamento defensivo por parte de Rusia han creado un nuevo balance de fuerzas en la zona. Asad ha recuperado la iniciativa militar mientras los rebeldes parecen incapaces de vertebrar una iniciativa política alternativa al régimen alauí. Los cohetes S-300 comprados a Rusia han llegado ya a territorio sirio según fuentes gubernamentales así que ya no parece tan fácil que nadie vaya a intervenir con tropas en el conflicto sirio. El conflicto civil ha pasado a ser regional: Hizbolá lucha en Siria y los rebeldes bombardean territorio libanés. Desde luego, no es el mejor comienzo para una conferencia de paz anunciada para el mes de junio.

En realidad, los movimientos de las últimas semanas han desactivado las posibilidades que la conferencia abría para acabar con el conflicto. Hace dos semanas, los rebeldes tenían buena parte del territorio bajo su control y los rumores sobre el uso de armamento químico por parte del régimen precipitaban un cambio en la postura de los 27, que accedían a suministrar armamento a los rebeldes. Ahora, Asad dispone de armamento ruso, no ha cedido más terreno en las últimas semanas –más bien lo ha recuperado- y los rebeldes están bajo sospecha de utilizar el mismo armamento químico que denunciaban. Por si fuera poco, uno de los grupos que lucha en el bando rebelde, Al Nusra, entró hace unos meses en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado y ahora lo ha hecho en la lista de organizaciones sancionadas por Naciones Unidas. Al Nusra es el socio de Al Qaeda que opera en Siria y ha destacado especialmente en la batalla de Alepo. Sobre sus miembros gravitan las sospechas de haber asesinado a soldados sirios capturados. Si alguien creía que estaba claro dónde estaban los buenos, tal vez tenga que pensárselo mejor. De un lado Hizbolá y del otro Al Nusra con acusaciones cruzadas de violaciones de derechos humanos y, por supuesto, crímenes de guerra.

La solución al conflicto sirio, por tanto, no parece estar en que alguno de los contendientes venza al otro militarmente. Realmente hay una división profunda y Asad tiene partidarios que, aunque pudieran exigir reformas, han cerrado filas en torno al Presidente a la vista de que la alternativa era mucho peor. La radicalización de la oposición ha contribuido a reforzar al régimen en lugar de debilitarlo. Los demócratas han ido cediendo terreno ante los islamistas más duros y Asad ha recuperado parte de los apoyos perdidos. Esta crisis no puede resolverse sin Asad. No después de todo lo que ha ocurrido.

Tampoco hay solución sin Irán. De la misma manera que Turquía está desempeñando un papel crucial en el conflicto. Ankara ha brindado apoyo político a la oposición mientras prestaba ayuda humanitaria a los refugiados y, por eso, es significativo que el presidente turco, Abdula Gül, haya manifestado que es imposible encontrar una solución al conflicto sirio si Irán y Rusia están ausentes. Por un lado, Estados Unidos, la Unión Europea y algunos Estados árabes apoyan a los rebeldes pero, hasta ahora, esto no ha bastado para derrocar a Asad. Por otra parte, Rusia, Irán y Hizbolá –aliado de Teherán- apoyan a Asad, pero han sido incapaces de sofocar la rebelión. Sin embargo, hay una diferencia entre los dos bandos. Bashar el Asad sabe el destino que tuvo Gadaffi y, por tanto, lo que le cabe esperar de una victoria rebelde en el plano militar. Así, libra una lucha que sólo puede terminar con su victoria militar o política, es decir, con la continuidad del régimen que heredó de su padre, Hafed el Asad. Frente a él, hay una oposición dividida incapaz de actuar en conjunto. Los exiliados dispersos por el mundo están separados de la oposición dentro del país, que a su vez está dividida en milicias, paramilitares, militares libres y grupos directamente terroristas como Al Nusra. En este caos, la debilidad que nace de la división favorece a Asad y perjudica a los rebeldes. Ambos bandos cuentan con aliados pero la voluntad de victoria parece ahora más decidida en el régimen, que además no puede permitirse perder y lucha por su supervivencia. No sé si los rebeldes lo tienen tan claro. Desde luego, en el caso libio –la constante referencia de comparación- los rebeldes estaban casi derrotados hasta que recibieron ayuda aérea que acabó con la superioridad militar de Gadaffi. A la vista de lo que vino después, nadie parece apoyar con mucho entusiasmo una intervención similar en Siria; sobre todo con los S-300 rusos.

Hace algunos meses, el régimen sirio parecía herido de muerte pero, como dice un compañero de la universidad, la guerra no se gana hasta que se gana. Ahora Asad parece haberse recuperado. ¿Y si gana?