Simon Royo Hernandez | Sábado 01 de junio de 2013
Hemos empezado el siglo XXI con la terrible sensación de haber extremado los métodos de exterminio e hipocresía que han asolado la humanidad a lo largo de su historia. Los EEUU acometieron la dirección de la Guerra del Golfo bajo la hipócrita consigna de "defender la democracia" y sin que hubiese finalmente ni un ápice de armas de destrucción masiva. Siguiendo su mal ejemplo, a la violencia de los menos poderosos se la denomina "terrorismo" a la de los más fuertes "lucha contra el terrorismo". Esto se ha convertido en una convención mundialmente asumida. Nadie se atreve a llamar asesinos a todos los que matan, porque nos han acostumbrado a que exista una violencia santa y justa frente a la herética e injusta. Pero no debemos dejarnos engañar por la hipocresía de los poderosos. Bajo la bandera del progreso y en nombre de la libertad y los derechos humanos se han arrasado culturas enteras y masacrado pueblos pobres. Al que no lo crea que lea El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y lo compare con la película Apocalipsis Now; del contraste entre libro y película ya se puede notar que las montañas de manos cortadas fueron producto de los blancos en el Congo y no -como insinúa el film-, de los vencedores de la guerra de Vietnam. Todavía es una utopía el surgimiento de un lugar político donde se tenga la legitimidad moral del que no mata para establecer las reglas de convivencia de los hombres de paz. Hoy a los Campos de concentración se les denomina Campos de Acogida y la vergüenza de la prisión ilegal de Guantánamo no es sólo norteamericana sino que tendría que ser mundial.
La palabra "terrorismo" proviene de las actuaciones de un gobierno revolucionario del estado francés de 1793. Robespierre instauró "el Terror" gobernando a base de guillotina y los -istmos le seguirán durante el siglo XIX enseñoreándose del XX, donde los hijos de "la Montaña", (a quienes Marx en sus comentarios a su resurgimiento en la revolución del 1848 califica como "socialdemócratas"), inventaron el cuento de "los malos son los otros, su enfermedad se cura con fuego", separando terrorismo legítimo e ilegítimo, lo que significa, despojando a los eufemismos de su cubierta de humo, exterminio para erradicar la lucha del que se defiende.
Bajo el sistema en que vivimos y que tan mal ahora nos cobija todos somos cómplices del asesinato y la hipocresía. Todos los trabajadores esclavos de Occidente se han convertido en pequeñoburgueses a consta de esclavizar y matar de hambre al Tercer Mundo. Pero encima se ufanan y vanaglorian de la justicia y equidad de su política. En los tiempos de Crisis que estamos viviendo en la actualidad probamos la agria medicina que tanto hemos hecho tragar a los demás y, sin embargo, incluso con la falta de transparencia, los banqueros oportunistas y los constructores enloquecidos, seguimos creyéndonos la punta del progreso y del bienestar en el mundo.
Aquí y ahora, como antes, somos cómplices de asesinato. Y esa responsabilidad nos viene de que padecemos lo que hemos votado, precisamente la democracia tiene esa virtud frente a las dictaduras. En las dictaduras nadie es cómplice pues no han podido elegir a sus representantes políticos. Yo también soy cómplice de asesinato, vivo y trabajo en una veintava parte del mundo que consume lo que el 80 % produce. Pero al menos procuro no ser hipócrita, y tengan por seguro, que emplearé todos los medios legales a mi alcance para oponerme y acabar con el Terror; trabajando por la esperanza de que el siglo XXI no sea un siglo homicida.