Antonio Domínguez Rey | Sábado 01 de junio de 2013
Paseando un domingo primaveral por la calle Leopoldo de Múnich, hace cuatro años, a media tarde, y al cruzar la fachada de un edificio universitario, veo aún a estudiantes alemanes con carteles que invitaban a una huelga para el lunes siguiente. Había varias tiendas de campaña en el jardín delantero y una pancarta con una frase que me impresionó: “Con cabezas vacías nada bueno se sigue ni para uno mismo”. La ocasión, Bolonia, reforma educativa de Europa pactada en 1999.
Viene este recuerdo al hilo de las elecciones a Rector que la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) celebra estos días en toda España. Coinciden con el cuarenta aniversario de su fundación en 1973. Tres candidatos con mérito y experiencia consolidada, por más de treinta años, en tareas docentes y responsabilidades de gestión académica. Los tres, vicerrectores del ejercicio precedente, bajo la responsabilidad de Juan. A. Gimeno Ullastres, Rector actual, o en sucesivos equipos de gobierno. Ingeniero uno, Manuel A. Castro Gil, lógico otro, José F. Álvarez Álvarez, y un historiador de la educación, Alejandro Triana Ferrer, quien más experiencia acumula en estas funciones y otras ministeriales.
La UNED es la universidad española más numerosa. Tiene representación en todo el territorio nacional y parte del extranjero. 250000 estudiantes repartidos por España y parte del extranjero - Europa, América-, y sesenta y un Centros Asociados. Su mayor éxito, reducir la distancia física con medios técnicos y favorecer a estudiantes trabajadores una enseñanza universitaria, pero también de segunda o más carreras. Es la única Universidad nacional presente en todas las Comunidades Autónomas. Sus pilares económicos son las tasas de matrícula, la cuota ministerial, y el patronato de Diputaciones, Ayuntamientos, Cajas de Ahorro, ahora en crisis, y algún aporte bancario. Dispone de equipos técnicos avanzados e imprescindibles para que cada estudiante se sienta casi en casa. Básicamente digital y con programas, contenidos informatizados, la UNED está especialmente dotada en tal sentido: teléfono, servicio postal, internet, radio, televisión, laboratorios, distribución móvil, agencia de viajes incorporada, biblioteca ágil, moderna, actualizada, editorial propia, etc. Otra cosa resulta el uso, eficacia y política educativa de los medios, así como la orientación tecnológica que adquiere. Con problemas, ajustes, cambios, acomodos frecuentes, la técnica se vuelve a veces contra los objetivos propuestos. Crea ruido, en acepción informática.
Una Universidad especial, especialísima. Cuando uno entra en ella como profesor y recorre pasillos, abre despachos a uno y otro lado, pisa estancias administrativas, va de uno en otro edificio, dispersos por la ciudad universitaria y extrarradio de Madrid, o a los Centros Asociados, tiene sensación de cartera ministerial. Los viajes frecuentes por regiones, países, el trasiego de papeleo, informes, reuniones, acrecientan esta imagen. Asimismo, la duplicidad de cargos. Un ministerio oficioso.
Si profundizamos un poco más en el tejido social de esta institución, observamos con cierta sorpresa que la infraestructura, intrincada, funciona. Un estudiante que se examine en Huelva, Barcelona, Madrid, Pontevedra, Bon, Londres, París, Rosario (Argentina), Nueva York, por hallarse de paso, residir en estas ciudades, el entorno, encontrará en una mesa -Centros Asociados, embajadas, consulados, instituciones oficiales en el extranjero-, el día de su examen de Turismo, por ejemplo, unos folios impresos, codificados, con indicación exacta de la asignatura y formulación precisa de las cuestiones. En día y hora consignada previamente a este efecto. Funciona. Elogios. Si se observa la estructura con más calma, comprobaremos, no obstante, que la pirámide social de la UNED corre peligro de adelgazar filiforme: una base con ángulos reducidos también a líneas. Riesgo de laminación evidente. De aplanamiento. El profesorado es multiuso, polivalente: enseña, dirige, administra, gestiona, programa, cumple horario de guardia, lleva tres, cinco, ¡seis, siete asignaturas! -Acceso, Grado, Máster, Doctorado-, corrige, evalúa, investiga, publica, cada cual a su modo, hace la maleta… Tanto dirige una tesis, da pautas a un nuevo candidato de estudio, como esboza una conferencia, telemática o en vivo. Se agrupa en equipos de trabajo en los que asociados, ayudantes, doctores, titulares, catedráticos, se reparten tareas y funciones, aunados. Es la parte más socializada, con los sindicatos, muy presentes en sus órganos de gobierno, del conjunto universitario. Tal vez se trate de un reflejo digital que alguno de los tres candidatos, en lid amena y deferente, podrá revisar sin problemas, con ingenio, educación, lógica, y los tres con ansia reformista, innovadora.
La UNED es universidad del test, resumen y esquema: respuestas rápidas, collage e hipertexto, un conglomerado de imagen, letra analógica -cada vez más escasa-, digital, marcos diversos, casillas, y mucho remake. Cualquier persona hábil en manejo de ordenadores puede montar un curso relumbrante o redactar un examen preciso de dos horas. Y cuanto más hábiles, más prestigio y promoción interna de niveles. Al cliqueteo se suman la presteza viva de búsqueda, selección, almacén, copia, pegado y envío. De vez en cuando, un estudiante excelente. También profesores altamente cualificados. Lo normal, supongo, en cualquier universidad actual de España.
Parece anecdótico, pero el denominado Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES) responde tal vez o resulta más bien efecto a medida, pues la nueva -¿nueva?- vigencia de objetivos, competencias, habilidades y destrezas requeridas (Bolonia) por la docencia de marca encaja muy bien en el cliqueteo, collage y simulación técnica de la enseñanza bajo el concepto novedoso de docentia training. Una denominación de arrastre (trahere latino) muy ajustada a la nostalgia del latín y, hoy día, a su efecto inglés más allá de lo que el castellano pudiera conseguir con sus raíces prácticamente olvidadas. Ya no existe el conocimiento en cuanto tal, se repite desde aquella célebre declaración de un presidente de Gobierno no lejano, al recordar que, en época de conocimiento universal, el saber ya no funciona como antes. Priman ahora contenidos, competencias, destrezas, manejos científicos hábilmente conjurados según propuestas competentes -objetivos- que aseguran impacto, éxito creíble. Al estudiante así instruido lo espera la empresa, el comercio, la industria, la docencia, el pensamiento crítico en medios sociales, la orientación de futuro político, la administración ejecutiva, etc. El fin propuesto es la colocación a todo trance en el nuevo mercado del compadreo sistemático. ¿Y qué nos queda, además del paro, al vaciar la matriz del conocimiento?
Ironía aparte, Bolonia confía a la estructura, marco y encuadre, especialmente de imagen -letra y concepto iconizados-, es decir, a la mediación tecnificada, el contenido crítico y creador de la ciencia. Pero esto afecta a toda la Universidad española. Para ello se ha creado una Agencia, nunca mejor dicho, de Acreditación Nacional del conocimiento Académico (ANECA). Ha conseguido que el profesorado trabaje, publique, investigue con tal propósito. El ambiente universitario ha cambiado de rumbo. La docencia es un trámite, el artículo, libro de impacto en “lobbys” del conocimiento, también. Cambia hasta la convivencia entre colegas y relación con los estudiantes. Las primeras acepciones semánticas de la palabra inglesa “lobby”, vestíbulo, pasillo, antecámara, camarilla, grupo de presión; la segunda y tercera, como verbo (“to lobby”), tratar de convencer a su diputado, cabildear, etc., reflejan muy bien este ambiente sofisticado de impacto, promoción y títulos en cadena.
Nos situamos, evidentemente, ante una encrucijada. Los estudiantes de la UNED están generalmente contentos con el sistema. Lo agradecen. Y tienen razones. En realidad, ya existía antes de que Bolonia confirmara, de Pirineos abajo, que el conocimiento resulta de encuadre programático socialmente dirigido. La UNED ya era Bolonia antes de Bolonia. Se adelantó a los tiempos. Cumple una misión noble: llevar el conocimiento allí donde es solicitado, urbe, pueblo, comarca, zonas emigrantes. Mientras existió el Bachillerato antiguo, permitía acceder a ella a quienes, por razón de trabajo, lo abandonaron, no siguieron estudios superiores y, ya empleados, querían conocer el fondo científico de su profesión, aspirar a puestos mejor cualificados, cumplir un sueño de su vida. O habían seguido solo nociones elementales. La UNED ideó un Curso de Acceso para mayores de veinticinco años equivalente a una reválida de Bachillerato menor, pero suficiente para iniciar estudios superiores. Ahora se podía compaginar estudio y trabajo. Era la versión española de la Open University inglesa. Muchos países europeos copiaron la idea. La UNED ha creado además otros cursos para mayores de cuarenta y cinco, aplicando el concepto de educación permanente.
Ahora bien, desaparecidos aquel Bachillerato y la Licenciatura hasta hace poco vigente, la UNED, y gran parte de las demás universidades, incorporó el equivalente de aquella enseñanza. La ha sustituido. Los primeros cursos son hoy aquéllos de antes, y aminorados, pero mejor dispuestos, más atractivos, dudo si más eficientes. Cuando no resto de escuela disimulada. Quienes dedicaron tiempo, décadas, al Instituto, repiten hoy en la Universidad contenidos y técnicas docentes enlatadas en horas, quincenas, meses, semestres, con objetivos concretos de lectura, aprendizaje, y subrayando conceptos, léxico importante, pautas de lectura, entrada en diccionarios, etc.
El giro ha propiciado un nuevo fenómeno aún emergente. La primacía del dictado escolar reconvertido en técnica didáctica y orientación psicológica. Pedagogos y psicólogos, la psicopedagogía, se han hecho con las riendas del encuadre científico. En parte, por necesidad de una orientación uniforme de marco. Y en parte, por efecto remanente del criterio y mente de escuela al rebajar niveles de conocimiento urgidos por aquella desaparición del Bachillerato antiguo, especialmente el Curso de Orientación Universitaria (COU), y de la Licenciatura. Esto ha producido una vigencia en principio solapada y finalmente manifiesta en virtud del auge creciente de la informática.
La estructura del embalaje digital genera en el estudiante, con todo, confianza y sentimiento de pertenencia a un encuadre. El rectorado saliente aumentó el volumen de la entidad. Fijó preferencias de cara al estudiantado, algunas demagógicas. Y acrecentó la imagen de la UNED en España y parte hispana del extranjero, su mayor logro. Al futuro Rector le compete idear, para que los objetivos se cumplan, modos y medios que profundicen esta imagen. Y abran vías de empleo a quien estudia con tal esperanza.