RESEÑA
Domingo 02 de junio de 2013
Raja Rao: En el Ganges. Traducción de Jesús Aguado. Pre-Textos. Valencia, 2013. 172 páginas. 18 €
La literatura india o hindú es una serpiente esquiva. Se ha escrito en al menos seis lenguas: sánscrito, hindi, urdu, pali, bengalí, asamés, oriya, tamil, o télugu, por citar algunas y en muy diferentes partes de lo que llamamos India. Y hoy, sobre todo, en inglés. Existen sin embargo en la literatura india dos tradiciones literarias de contenido y de estilo: la filosófica, encarnada por los Upanishads, o la Gita, y la narrativa, a la que pertenecen sobre todo el Ramayana y el Mahabharata. Las formas hindúes de contar derivan como dos ríos de estas fuentes, que a veces se cruzan, a veces discurren de forma paralela, y a veces saltan al río del inglés. Bollywood prefiere la épica barroca del Ramayana; Bubul Sharma u otros autores actuales las interioridades de la Gita mezcladas con la vida moderna y familiar expresadas en inglés. En el Ganges, el libro publicado hace poco por Pre-Textos en su interesante colección “Indika”, es una obra humilde que mezcla las dos tradiciones citadas: formalmente, tiende al barroquismo del Ramayana, pero temáticamente al espiritualismo de los Upanishads. El libro es básicamente la mente espiritual de un aprendiz de sadhu -monje mendicante- metida en el barroquismo vital de la ciudad santa por antonomasia, el ombligo de la confluencia entre la vida y la muerte, la ciudad de Benarés. La urbe cruzada por el Ganges, el río sagrado de los ghats, esas escalinatas fluviales que son los anfiteatros de los dioses, las plateas de brahmanes, ascetas y santos. El Ganges, el río de los ríos, la gran madre que desciende del Himalaya para que sus hijos se purifiquen y puedan morir en Benarés liberados de la rueda de las reencarnaciones.
Raja Rao es un escritor de estirpe de brahmanes. Nacido en 1908 y muerto en el 2005, sus obras más conocidas son La serpiente y la cuerda y El gato y Shakespeare: una historia hindú. En el Ganges -On the Ganga Ghat en el inglés original publicado en 1989- es una colección de relatos independientes pero cruzados, de forma que la totalidad se lee como una novela-mosaico en la que, sin haber un hilo conductor dramático, cada escena guarda relación con las otras, por personajes, punto de vista o sucesión de continuidad. Es una novela río (nunca mejor dicho), pero no al uso occidental de novela que cuenta una saga, sino de novela en la que la corriente de las palabras transcurre con cierta independencia de las márgenes y las orillas por las que pasa. Es el relato de una mente que escucha, recuerda, imagina y recrea… Es impresionista y realista, y oscila entre la tercera y la segunda persona, entre la impersonalidad omnisciente y el vocativo personal e íntimo. Un Azorín hindú, un escritor orfebre de una escuela en desaparición.
El libro, como la corriente del río que recrea, nos lleva de paseo por conceptos: “Los acontecimientos son siempre únicos y sencillos. Los acontecimientos son acciones sin objeto.” ; por imágenes subyugantes, como la del loro hembra, Rupvati, que después de enviudar “se posa practicando austeridades, y aguardando su hora propicia”; por hombres excéntricos, como Madhoba, el vendedor de leña para las cremaciones, que reconoce la bondad de los muertos por lo rápido que arde su cráneo; por encantadores de serpientes que entran en la piel de una vaca sagrada; por profesores de matemáticas que afirman que “el cero es el Ganges”, esa corriente en la que flotan cadáveres camino del más allá; por mujeres que van a Benarés, el “no lugar”, para esperar la muerte en una escalinata, vestidas de blanco, hermanas del agua y dadoras de palabras sabias que nunca han pensado antes. Hay una imagen subyugadora: la del niño que tras trabajar durante años como criado de unas prostitutas y amasar una pequeña fortuna se marcha con un sadhu, y entre los dos, en un ghat del Ganges, rompen los billetes en pequeños trozos y los arrojan al río. Y un mensaje casi final lleno de sentido y sinsentido, sabiduría y alegría, las cualidades de sabios y de niños: “El hombre no es una bestia de carga sino una canción para ser cantada, y la tierra no es sino el jardín de un templo donde uno siembra rezos.” Así sea, “En el Ganges” o donde quiera que estemos.
Por José Pazó Espinosa