Alieto Guadagni | Martes 04 de junio de 2013
Hacia mediados del siglo pasado Argentina ocupaba un sitio de claro liderazgo educativo en América Latina. Pero lamentablemente, desde hace ya varias décadas esa posición se fue diluyendo de a poco, sin estruendo, sin llamar mucho la atención ni de los especialistas ni de los políticos, hasta desembocar en la actualidad en una clara situación de deterioro. Este retroceso es evidente cuando se presta atención a la evolución de la calidad educativa. Así por ejemplo, La prueba Pisa del año 2009 ubica a Argentina en el lugar 58 entre 65 naciones en la prueba de Lenguaje, detrás de Chile, Uruguay, México, Colombia y Brasil. A fines del siglo XIX Argentina había podido establecer las bases de un sistema educativo no solo integrador desde el punto de vista social sino también igualitario, basado en la calidad de la enseñanza, particularmente de la pública. Pero en las últimas décadas esta asociación virtuosa se ha deteriorado, ya que existen cada vez más evidencias que el sistema educativo avanza hacia la consolidación de un modelo organizativo de carácter dual. En este sentido señalemos que el Ministerio de Educación de Argentina acaba de publicar las estadísticas correspondientes al año 2011, que confirman el marcado “dualismo” del sistema educativo argentino. Según estas cifras oficiales la relación entre graduados en las escuelas de nivel medio estatal y alumnos ingresantes en el nivel primario también estatal, era de apenas 0,24. Esto significa que por cada 100 niños en primer grado primario estatal tenemos escasamente 24 que concluyen el ciclo secundario. Cuando esta comparación estadística se realiza con los alumnos de las escuelas privadas, el panorama es muy distinto, ya que esta relación entre graduados secundarios e ingresantes en el nivel primario trepa a 47 cada 100. Esto indica un nivel de graduación secundaria privada que es casi el doble del nivel correspondiente al ciclo estatal. Como se observa ya estamos en presencia de un sistema escolar con dos segmentos separados y muy distintos. Esta acentuada desigualdad educativa es un obstáculo mayúsculo para construir una sociedad fraternalmente integrada.
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