Las asociaciones culpan a los "intereses políticos"
Jueves 06 de junio de 2013
Nuestro país es el miembro de toda la Unión Europea con mayor índice de fracaso escolar a pesar de haber promulgado hasta siete reformas educativas en las últimas tres décadas. Aunque se hace evidente, a ojos de asociaciones y sindicatos, la necesidad de un gran pacto nacional, nuestro sistema no acaba de dar con la tecla que nos sitúe a la vanguardia en materia formativa. ¿Cuál es el problema?
España cuenta con una de las quince economías más desarrolladas del mundo según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ocupa el decimotercer puesto en cuanto al Producto Interior Bruto, el vigesimotercero en base al Índice de Desarrollo Humano y, sin embargo, de los 40 países con los sistemas educativos más potentes del planeta, según un estudio del Grupo Pearson, nuestro país cae hasta el escalón número 28, justo por detrás de Portugal.
Tras la llegada de la democracia a nuestro país, innumerables han sido las reformas legislativas que han afectado a la educación. Sin ir más lejos, el Gobierno de Mariano Rajoy se encuentra en plena tramitación del, hasta la fecha, séptimo y último texto: la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Antes fueron la LOECE (1980), la LODE (1985), la LOGSE (1990), la LOPEG (1995), la LOCE (2002) y la LOE (2006), a las que se suman otra media docena de normativas accesorias universitarias.
La nueva ley ha levantado ampollas, desde partidos políticos hasta sindicatos, profesores, asociaciones de padres y de alumnos, poniendo de manifiesto lo complicado que ha sido tradicionalmente en nuestro país pactar entre los distintos sectores para acordar una estrategia educativa consensuada, válida, duradera y plenamente efectiva.
Los expertos coinciden en que el futuro de un país se basa, esencialmente, en el activo formativo, en lo preparada que esté su sociedad para poder afrontar los retos del mañana. Aun así, España adolece de un plan educativo realmente fuerte y las diferencias respecto a otros países desarrollados, tanto en formación escolar como universitaria, se agrandan lustro a lustro.
El fracaso escolar ha descendido veinte puntos en las últimas tres décadas hasta situarse en el 24,9 por ciento (lo que implica que cuatro de cada diez alumnos no acaban la Secundaria), aunque sigue siendo superior al 30% en Andalucía, Baleares, Canarias, Castilla-La Mancha, Murcia y La Rioja, además de en las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla. La cifra continúa estando muy por encima de la media comunitaria (12,8%) y es la peor de toda la Unión Europea, según datos publicados por el Eurostat.
Sin explicación
Las sucesivas reformas han convertido a nuestro país en un caos educativo en el que cada generación cuenta con un plan educativo radicalmente diferente a las demás, en gran parte por las diferencias ideológicas de los dos grandes partidos, con nomenclaturas diferentes (BUP o ESO) y un conflicto de intereses en cuanto a las asignaturas (Educación para la Ciudadanía y Religión), por no mencionar la paulatina implantación de la unificación europea mediante el también polémico 'Plan Bolonia' o las tensiones territoriales y lingüísticas.
Pero, ¿por qué es tan complicado un gran consenso en torno a la Educación? ¿Cómo es que España aún adolece de un sistema eficiente y bien visto por la clase política y la ciudadanía al mismo tiempo que al final redunde en beneficio del propio país? ¿Cuál es el verdadero problema?
"Es inexplicable, no lo entiendo", afirma a EL IMPARCIAL Carmen Guaita Fernández, vicepresidenta del sindicato de profesores ANPE, quien achaca a la clase política el "no entender hasta qué punto la educación es una puerta de salida para la crisis, una oportunidad de futuro para crecer".
Aunque reconoce que un gran pacto nacional estuvo muy cerca en tiempos del ministro Gabilondo, con el anterior Ejecutivo comandado por José Luis Rodríguez Zapatero, la representante sindical cree que "la cercanía de las elecciones generales tiró por tierra el consenso" y denuncia que "los políticos han convertido este asunto en un verdadero campo de batalla".
Por su parte, Luis Carbonell, presidente de la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia (Concapa), comparte en conversación con este periódico la acusación a la clase política, aunque carga las tintas contra el Partido Socialista. "Han defendido (el PSOE) un modelo abandonado y que se ha demostrado que no funciona y, aun así, insisten", sostiene. "Ellos son responsables de todas las reformas educativas de nuestro país menos de una; han hecho de este asunto su coto exclusivo en el que no se puede negociar y ahora que el PP ha presentado su proyecto no están abiertos al diálogo", añade Carbonell.
Una opinión muy similar es la que defiende a este medio María Pérez Toribio, presidenta de España Educa en Libertad. "La izquierda, que ha gobernado de manera mayoritaria todos estos años, ha utilizado la educación para transmitir ideología, no toca cuestiones cruciales como el programa o la calidad de los estudios y así es imposible llegar a un consenso de verdad".
Mucho más combativo se muestra el Sindicato de Estudiantes, quien, en conversación con este periódico, culpa a la clase política "de querer sacarse la foto vendiendo que su prioridad son los jóvenes y su formación pero en el fondo no aportan nada y se quedan en debates inútiles". Además, denuncia que las dos grandes formaciones no siempre llevan el mismo discurso en todo el país, "como pasa con el PSC en Cataluña".
Pero, ¿qué tiene que decir la clase política ante estas críticas? En declaraciones a EL IMPARCIAL, Sandra Moneo, portavoz del Partido Popular de Educación en el Congreso de los Diputados, señala que la percepción ciudadana de que cada Gobierno impone su propia ley educativa "no atiende a la realidad" y que la recurrente falta de acuerdo "se debe al inmovilismo del PSOE, que lleva 30 años con el mismo discurso y el mismo modelo caduco rechazado en casi toda Europa, haciendo de este debate su propiedad exclusiva y ahora centrándose sólo en si los alumnos deben o no recibir clases de Religión en los centros".
La portavoz popular sostiene que el pacto educativo es "vital", pero que este debe basarse "en la mejora de todos y sin engañar al ciudadano", y para ello defiende las bondades de la LOMCE, "un gran paso adelante", afirma.
A juicio de Moneo, la nueva ley combatirá el endémico fracaso escolar de nuestro país "fomentando la transparencia en el proceso de formación, buscando la igualdad de oportunidades entre todos sin hacer distinciones entre regiones ni centros y potenciando la Formación Profesional", algo a lo que, en su opinión es "increíble que el PSOE le ponga pegas".
¿Condenada a morir?
Sin embargo, en lo que también se ponen de acuerdo las distintas asociaciones es en el poco futuro que le ven a la LOMCE, toda vez que Ferraz ya ha dicho que tirará por tierra la reforma en cuanto tenga ocasión con el respaldo de otros grupos parlamentarios.
"Los socialistas ya han dicho que la derogarán", afirma Guaita Fernández. Una decisión "lógica", sentencia a su vez el Sindicato de Estudiantes, "porque es una ley que no gusta, que no sirve y que no va a funcionar".
Por su parte, Carbonell cree firmemente que "se queda corta y es poco ambiciosa en los aspectos clave", mientras que Pérez Toribio sostiene que "es necesario que el actual Gobierno se mantenga firme y ahonde en el programa que defiende, pero es una cuestión de años, no se va a cambiar nada de la noche a la mañana".
Así, lo que queda de manifiesto es que un gran pacto en materia educativa está supeditado desde hace años a los intereses políticos de los dos grandes partidos, que, a juicio de las diferentes asociaciones, piensan más en el rédito electoral que en el bien de los millones de alumnos españoles, el futuro del país. De hecho, se han promulgado casi tantas leyes educativas en democracia como legislaturas ha habido, diez.
"Como dijo Churchill una vez: 'Hay que legislar para las próximas generaciones, no para las próximas elecciones'", sentencia Guaita Fernández. Se antoja complicado. Vistos los antecedentes, parece que se antoja complicado.
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