Opinión

Venezuela: Vigilia pretium libertatis

Sadio Garavini di Turno | Jueves 06 de junio de 2013
El encuentro privado que el presidente de Colombia Juan Manuel Santos tuvo con el jefe de la oposición democrática venezolana Henrique Capriles, obtuvo una airada reacción por parte del régimen venezolano. El presidente de la Asamblea Nacional, vice-presidente del partido de gobierno y golpista en febrero de 1992, teniente Diosdado Cabello, manifestó que la reunión de Santos con el "asesino fascista" era "una agresión de Colombia" y una “bomba a las relaciones bilaterales”. Posteriormente, el canciller Jaua, quien en teoría debería haber sido el vocero inicial y oficial, dijo que el encuentro implicaba el "descarrilamiento de las buenas relaciones" entre ambos países y que “las autoridades colombianas recibieron a una persona que desconoce las instituciones". El presidente Maduro remató afirmando que Santos "le metió una puñalada a Venezuela y se presta a lavarle la cara a la conspiración contra Venezuela". Maduro además amenaza retirar el apoyo a las negociaciones de paz con las FARC, denuncia que en la conspiración, en la cual están involucrados Capriles, Uribe y el ex sub secretario de estado Roger Noriega, hay un plan para “inocularle” un veneno especial que le provocaría una enfermedad terminal y concluye llamando a ”la fiscalía a estar atenta cuando se cometan delitos como traición a la Patria”.

Antes que nada ,hay que subrayar que un encuentro privado entre un presidente democrático de un Estado vecino y amigo y el jefe de la oposición democrática , que representa además, incluso según los “cuestionados” cálculos oficiales, la mitad de su país, es absolutamente normal en las relaciones internacionales, recordemos sólo dos casos recientes: en su viaje a Europa e Israel, el candidato republicano Romney fue recibido por varios primeros ministros y David Cameron, cuando era jefe de la oposición ,fue recibido por Obama y también por varios primeros ministros europeos. Además, hay que recordar que, durante la campaña electoral presidencial del 2012, Santos recibió al entonces candidato Capriles y la reacción del presidente Chávez fue un apropiado silencio. Por tanto, desde el punto de vista de las relaciones internacionales, la reacción del gobierno venezolano es impresentable y colinda con el ridículo. Sin embargo, demuestra evidentemente el talante antidemocrático y la vocación totalitaria del régimen. La afirmación de Jaua que Santos recibió a una persona que desconoce las instituciones venezolanas es absolutamente falsa, Capriles ha impugnado el resultado electoral en el Tribunal Supremo de Justicia, lo cual es un derecho previsto en la Constitución, después que, tanto el gobierno como el Consejo Nacional Electoral, negaron un reconteo integral de los resultados, como lo solicitó UNASUR y fue aceptado, en un primer momento, por Maduro. En realidad, esta ridícula y magnificada reacción tiene otros objetivos. Se trata en primer lugar de la clásica cortina de humo del “enemigo externo”, frente al desastre socioeconómico con estanflación, escasez, quiebra de empresas, desempleo etc. También se sigue el “principio de renovación” de la propaganda “goebbelsiana”: hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. En este caso, la intención es tratar de hacer olvidar el escándalo de corrupción e intrigas, desatado por la grabación del informe secreto al G2 cubano del vocero “escatológico” del régimen Mario Silva.

Pero lo más grave es que el régimen está preparando el campo para un incremento de la represión en contra de la oposición democrática. Es evidente la intención de criminalizar la disidencia y profundizar el terrorismo judicial. Un régimen debilitado y dividido reacciona como una bestia herida. La comunidad democrática internacional debe mantener su atención en la peligrosa situación venezolana. “Vigilia pretium libertatis”.

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