Opinión

España, espirituosa

José Antonio Ruiz | Viernes 07 de junio de 2013
La España ciclotímica, diagnosticada de trastorno bipolar esquizoide, era ayer un mito en caída libre a punto de convertirse en leyenda, y hoy resulta que somos la releche. De un día para otro hemos pasado de las “Mares Mías” al Mare Nostrum.
El clasicismo garcilasista vuelve a dejar paso al tremendismo garrulo como recurso estético. Dice Valdano que el fútbol es un estado de ánimo. Pues, anda que la propaganda política…

Mengua el paro. Alegría a tiempo parcial. Cotizantes de paso por la Seguridad Social. Si una golondrina no hace verano, ya me dirán una gaviota desorientada que se viene a posar en el mástil flácido de Génova trece. Pero como dice Cayo Lara, Pasionaria del PC, «sólo el sediento sabe apreciar el valor de una gota de agua».

El náufrago, exhausto, se aferra al tronco, con el tiburón de Spielberg oliendo a sangre, la playa allá a lo lejos y la música de Jonh Williams sonando de fondo para mayor acojone del patio de butacas. Relájate y disfruta, y lo que tenga que ser, será.

En un país de ignorantes, a cualquier triunfito de plató lo promueven como miembro del club Bilderberg. Hay vida después de la crisis, asegura José Carlos Díez, que hizo sus primeros pinitos como meritorio ofreciéndose a los contables de Zapatero, y hoy, ya crecidito, le acaba de hacer un favor al Pepé titulando de esta guisa su libro de autoayuda. No hay nada mejor que valer, hacerse valer y valerse del sentido de la oportunidad política. Para todo hay que nacer. Envidia cochina. Debí hacer caso a mi padre cuando trató de disuadirme de las Musas y el Teatro.

Es tal la necesidad que tenemos de agarrarnos a los huevos de cualquier cosa que suene a buena noticia, que el Gobierno ha celebrado por anticipado el descenso del paro antes de publicar oficialmente los datos, aunque Mariano se haya mostrado igual de inexpresivo y de muermo que cuando nos da su sentido pésame. The Quiet Man.

Eufóriame otra vez, por cunnilingus, y dejemos la otra inmersión lingüística para Arturo Más, que se enfunda una camisa del Barça, el equipo del régimen, con los colores de la senyera, y dice que el tamaño no importa («Hay países pequeños que viven mejor que España»). Y va Alicia Sánchez Camacho, siempre tan receptiva, y le contesta “sin ti no soy nada” («Cataluña sin España no es nada»). Y va Dyango y pide la independencia de Cataluña, cantando.

Al abajo firmante le cuesta creer que Punset esté debatiéndose entre renovar contrato publicitario con Bimbo o declararse independentista. (…) Dan ganas de seguir los pasos de Larraínzar: dejar la moda y montar un chiringuito.

Tu cuerpo, con el ombligo al aire y las pantorrillas turgentes, me sabe a hierba, y los cien mil parados menos, a gloria bendita. No hacer alegría de lo poco, lleva a hacer tragedia de todo. Y por un día y sin que sirva de precedente, estoy dispuesto a dejar de ser un cascarrabias para reconocer la evidencia, por efímera que sea la felicidad, siempre tan evanescente.

Pacto político, incesto entre parientes. El día que se consiga secuenciar el genoma completo del bicho, doy por hecho que asistiremos a la reedición de El Planeta de los simios. Ya está en la planta embotelladora la nueva etiqueta del Anís del Mono, con una instantánea de Rubalcaba y Rajoy agarraditos de la mano como los amantes de Teruel. Él murió de dolor, por el beso que la amada le negó; y la moza murió por gilipollas, pues le vino a dar el beso a destiempo, cuando el Romeo era un fiambre de cuerpo presente.

Ha sido saberse que la endogamia fue la circunstancia causante del albinismo de Copito de Nieve, y cundir el pánico en las sedes de los partidos políticos, ante el riesgo de que de aquí a unos años todos los vividores de la ubre pública sean del mismo color que el gorila canoso del zoo de Barcelona y no haya manera posible de pasar desapercibidos, pues por su pelambrera blanca les conoceremos.

De momento, por lo que pudiera pasar, los partidos con escaño en la mastaba de San Jerónimo se han repartido trece millones de euros en concepto de subvenciones del Ministerio del Interior en el primer trimestre del año, a cuenta de la “degeneración democrática”.

Y por si todavía no nos había quedado claro, van los sindicatos y la patronal y advierten que no tienen intención de hacer striptease con sus cuentas ni publicar los emolumentos de sus dirigentes, lo ordene la Ley de Transparencia o el Cojo Manteca que en paz descanse.

Si el Gobierno tuviera cojones, que no es el caso, le retiraba las subvenciones a cuento del bolsillo del contribuyente; aunque no seamos ilusos, porque se tendría que “suicidar” al tener que retirar también las subvenciones a los partidos.

El establishment se descojona de los súbditos. Los señores diputados finalmente han tenido la deferencia de renunciar a la subvención de las bebidas espirituosas. El que quiera un trago de ginebra, como en los tugurios del El Invierno en Lisboa (Muñoz Molina, príncipe republicano, Asturias de las Letras, trasunto en feo de Hugh Jackman en Lobezno), que lo pague de su bolsillo, o beba agua del grifo del Canal de Isabel II, la de los Tristes Destinos, que nunca debió exiliarse por culpa de La Gloriosa (la Revolución de 1868), sino por ser vos quien sois tan fea, pobrecita mía.
Los centros de poder de Hispania pueden acabar de mierda hasta la chimenea como cunda el ejemplo del Ayuntamiento de Brunete, que ha puesto en marcha una campaña de concienciación para los dueños de perros a los que envía a domicilio las cacas de su chucho que no tuvo a bien recoger y merecería comérselas a la hora del postre.

En este país de lacayos y testaferros hay mucha gente que habla por boca de ganso y no es Antonio Miguel Carmona, que sin ser John Maynard Keynes ni Adam Smith, hoy por hoy es de lo poco potable que tiene el PSOE. Ojalá hubiera más polemistas con tanto sentido del humor aunque fueran tan dogmáticos con la causa.

Cuando veo a algunos políticos haciéndose el muerto en el hemiciclo, como si estuvieran flotando en la piscina, tiene este cronista una impresión muy parecida a cuando contempla, absorto, a Lewis Hamilton paseando a su perro por el paddock. ¿Qué tendrá el muchacho en la cabeza?
Elecciones por aclamación. “Democracia merengue”, anhelo de cualquier caudillo con ínfulas políticas. Día llegará que el presidente del Gobierno de la España extraviada renovará su mandato automáticamente, por incomparecencia del rival y falta de entendederas de la masa social (lo que ya de por sí es un pleonasmo), como Florentino.

Los universitarios más brillantes han negado el saludo a Wert, polvo enamorado. Por algo son los más listos de la clase, lo cual no impide que sean unos impresentables, orgullo de sus padres y deshonra de toda la familia. Todavía no han caído en la cuenta de que se puede ser simultáneamente número uno en las oposiciones y Forrest Gump, pues lo uno no está reñido con lo otro.

Mariano tendría que fichar al guionista que le escribe los discursos a Neymar, ese analfabeto multimillonario que dice que se siente más cómodo hablando en catalán que en español, y que ha venido a Europa dispuesto a convertirse en la Reserva Espiritual de Occidente, con una cresta en el pelo, como La Nancy, y aspecto de becario de Kung Fu embutido en un chándal de color azafrán más apropiado para pasar un casting de una película de Tarantino.

A este cronista no es que le quite el sueño que Benicio del Toro haya fichado por Marvel mientras proliferan los cazatormentas. Lo que le priva es averiguar qué estará pensando Gallardón, el Troyano, que un día fue un verso suelto y ahora no consigue encontrar la rima de dos estrofas seguidas de Eurípides.

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