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Revolución en el Real Madrid: la distancia entre lo necesario y el lujo autoimpuesto

verano de transición en el club merengue

Viernes 07 de junio de 2013
El Real Madrid afronta este verano la ardua tarea de recomponer un proyecto deportivo concluido antes de tiempo de manera abrupta. Florentino Pérez necesita un entrenador que gestione los egos del vestuario sin exigir demasiado a sus jugadores -en pos de no sufrir otra rebelión- al tiempo que ha de ejecutar su tradicional bombazo veraniego para reconstruir la maltrecha ilusión, tal y como dicta su modelo económico-deportivo. El Imparcial analiza el conflicto de intereses entre las necesidades estrictamente deportivas y las urgencias de gloria autoimpuestas que acucian al club capitalino.


El 7 de diciembre de 2002, compareció ante los medios el defensa titular de las dos últimas Copas de Europa que tiñeron la capitalina Glorieta de la Cibeles de blanco, recuperando para la estatua de la diosa griega el carácter de templo catárquico que desde entonces anhela el madridismo con la Décima como excusa. Iván Helguera dejó para la posteridad un titular que caería como una losa sobre el concepto de club que la institución merengue adoptaría de forma definitiva meses más tarde. “Yo le daría el balón de oro a Makelele, pero su problema es que vende poco”. En efecto, el mediocentro francés ejercía de red de seguridad ante el exuberante despliegue de galácticos que tenía por delante -Zidane, Figo, Raúl y Ronaldo- y que, por permisividad del ilustre entrenador de aquellos años, no corrían ni un metro para defender.

Makelele se ocupaba de barrer el centro del campo, atajar líneas de pase, cortar con faltas las transiciones rivales y, en última instancia, era el encargado de equilibrar aquella orquesta de genios individualistas. Sin embargo, el Madrid asistiría al final de aquella temporada a una decisión que lastró su primer proyecto faraónico del siglo XXI. El club apostó por reforzar su “modelo económico-deportivo” (concepto acuñado por Florentino Pérez) y fichó al futbolista que más dinero ha generado en la historia de este deporte: David Beckham. Otro galáctico al que hacer hueco en aquella plantilla y, sobre todo, en aquel once inicial. El pequeño ordenador táctico nacido en Kinshasa salió por la puerta de atrás. La que usan los que “no venden”. El Real Madrid no volvió a competir por la Champions hasta la llegada de Mourinho. Casi una década de travesía por el desierto en la que el recién reelegido presidente madridista se vio obligado a abandonar el cargo por la terrible realidad deportiva.


Entiéndase la presentación de esta decisión como un elemento trascendental para comprender la concepción sobre la que el club tratará de recomponer el proyecto que ha quedado descabezado con la salida de su entrenador-guía. Cuestionado por la posibilidad de que el Madrid adopte una filosofía más pausada para gestar una apuesta a largo plazo con más presencia de la cantera, al estilo del mejor Barça que ha conocido el balompié, Florentino Pérez expresó, en una entrevista concedida la pasada semana, la esencia de su modelo con rotundidad: “La idea del Barcelona no la sé, pero la nuestra es ganar. El modelo de este club nos ha producido un gran resultado a lo largo de la historia. Seguimos siendo los que tenemos más ingresos, lo que nos permite fichar a los mejores jugadores y lo que nos debe permitir, en teoría, ganar más títulos. Este es nuestro modelo y estamos muy orgullosos de ello”.

Sobre esta premisa, que concibe la urgencia de gloria como una presión inherente al club y no se plantea como algo coyuntural sino estructural, la construcción de un proyecto a largo plazo queda arrinconada ante la premura por renovar la lista de estrellas y la ilusión de la hinchada y, de paso, sacar brillo a los réditos que las nuevas adquisiciones aportarán al balance financiero. Al tiempo que Forbes señalaba al Madrid como el club más rico del mundo, los merengues caían en las semifinales de Champions y en la final de Copa ante dos instituciones que no alcanzan ni la mitad del presupuesto madridista.

Contemplando el análisis de los refuerzos que el gigante madrileño debe acometer este verano para relanzar su competitividad desde esta concepción de club, no resulta incongruente la lista de nombres y precios que la rumorología relaciona con el club capitalino. Sin embargo, las flaquezas deportivas que arrastra el vestuario poco tienen que ver con los futbolistas que podrían recalar en la institución del paseo de la Castellana.

El Madrid busca su bombazo veraniego al tiempo que trata de encontrar su sitio en el mercado actual


Florentino Pérez inscribió su nombre en la historia del Real Madrid cuando consiguió adquirir a los tres mejores jugadores del mundo -Figo, Zidane y Ronaldo- ejecutando la estrategia por la que Santiago Bernabéu reunió en el Nuevo Estadio Chamartín a Di Stéfano, Gento, Kopa y Puskas. Aquel despegue que situó al Madrid en el papel protagonista del balompié internacional llegó a través de desembolsos escalofriantes en aquel momento, que rompieron el mercado y provocó el alzamiento masivo del valor de los jugadores a través de las cláusulas de rescisión. Esta actitud consagró al equipo español como la referencia de este deporte pero trajo consigo un daño colateral que sigue sufriendo el club: el sobrecoste de sus fichajes. Esta consecuencia indeseable ha provocado que, por ejemplo, Neymar hubiera costado al Madrid más de 150 millones de euros y el Barça haya cerrado su fichaje por 57 millones.

Pero la evolución del fútbol ha abierto las puertas a competidores que no estaban presentes cuando se gestó aquel proyecto galáctico. Los petrodólares han desembarcado con fuerza en un balompié necesitado de inversión externa proveniente de países alejados de la tradicional zona de poder de este deporte. Esta década permanece marcada por la irrupción de jeques árabes y magnates rusos que han robado el protagonismo al equipo madrileño en el ámbito mercantil. Este aliño añadido convierte el tradicional bombazo de Florentino Pérez en una apuesta arriesgada desde el prisma deportivo.

Gareth Bale es el nombre al que se aferra el madridismo para recuperar la ilusión. El nuevo Giggs, de regate y salida explosiva pegado a la cal y con capacidad para rematar a portería con garantías y jugar entre líneas en la zona central del ataque es, sin lugar a debate, la estrella absoluta de la Premier League. Su calidad en Inglaterra está fuera de duda, sin embargo, se asoman dos aspectos a tener en cuenta: su precio y su rol en el Madrid. Con respecto a su valor de mercado, el Tottenham ha tasado su figura en torno a 75 millones de euros. Es decir, el precio de un jugador franquicia, de la piedra sobre la que se levanta todo un proyecto.

Al contemplar el desembolso exigido por el club judío se antoja necesario enlazar con el lugar que ocuparía en el vestuario merengue. Bale ocuparía un extremo, asimilando su despliegue al de Di María (como asistente) o al de Ronaldo (como llegador). Su estilo se adapta al dogma del contraataque madridista pero, ¿necesita un equipo con Özil, Cristiano y Di María a un jugador de ese perfil? El escenario de la llegada de Bale parece señalar la salida de el Fideo, un jugador de despliegue defensivo y entre los máximos asistentes de la Liga desde su llegada al campeonato. ¿Es razonable que el Madrid pague casi 80 millones de euros por un secundario que quedaría limitado a las funciones de Di María ante el rol preponderante de Ronaldo? Con similar análisis y cuestiones se plantea la llegada de Luis Suárez -58 millones- o Cavani -63 “kilos”-. Ambos ocuparían el lugar de nueve goleador, una especialización que Higuaín no ha sabido completar y a la que Benzema se acerca en paralelo por su tipo de juego combinativo. El esfuerzo económico exigido merece reflexionar en relación con el rol que estos jugadores ocuparían en posiciones cubiertas con mayor o menor solvencia.

El entrenador post-Mourinho


Contemplo posibilidades que algunos no se imaginan”, anunció Florentino al ser cuestionado por el próximo preparador del Real Madrid. El presidente del gigante merengue, que ha deslizado en sus múltiples apariciones “electorales” que incluso Zidane podría ocupar el banquillo del primer equipo, va a optar por continuar con la política pendular que ha acompañado a la elección del técnico del equipo madrileño en los últimos años. Según esta inercia, tras un entrenador estricto de marcado carácter dominante llega un periodo de descanso para los jugadores con preparadores destacados en la gestión de egos a base de flexibilidad que roza la permisividad. La relajación se antoja necesaria tras la rebelión que la plantilla, cansada por la exigencia en la solidaridad de esfuerzos, asestó a Mourinho en el epílogo del ciclo del Special One en la capital española.

Capello, paradigma de la táctica y el orden por encima de la creatividad y el ingenio, impuso su guión por encima de las estrellas en dos ocasiones en las últimas décadas para ganar dos Ligas -1996 y 2006-. Tras su marcha, el club dio un respiro a sus ilustres fichajes con Heynckes, Del Bosque, Queiroz, Luxemburgo, López Caro y Juande Ramos, entre otros, con un balance de tres Copas de Europa y tres Ligas. Por ende, cabe concluir que el Real Madrid de la Modernidad ha cimentado sus éxitos en un paisaje de rigor defensivo para desarrollar y explotar sobre la permisividad de la improvisación.

Así pues, el presidente apostará por un entrenador que prime lo psicológico sobre el trabajo táctico, cediendo buena parte de las opciones de conquista de algún título a corto plazo a la calidad de la plantilla y al compromiso con que los líderes del vestuario -otrora Raúl, Hierro, Roberto Carlos, Zidane o Figo- contaminen al resto de la plantilla. Este perfil de preparador se asemeja a los dos nombres que se han asociado al Madrid desde la erupción del cráter anti Mourinho: Carlo Ancelotti y Jupp Heynckes. El alemán, que anunció su retirada con el triplete que los jugadores del Bayern le regalaron en su despedida y el doble campeón de la Champions con el Milan, sigue deshojando la margarita en París. Carletto apagará el fuego mediático sufrido esta temporada y entregará el mando a los líderes de la manada, aunque es probable que introduzca alguna pieza defensiva para moldear, aunque sea de forma discreta, su proyecto. El Madrid estaría dispuesto a pagar 4 millones al París Saint Germáin para presentar a su nuevo entrenador. Un técnico encargado de conceder y ceder ante las vacas sagradas del equipo en pos de la repetición de la experiencia pasada en el club de Chamartín con reconquista europea como meta.

El olvido de la necesidad estrictamente deportiva


Rafael Varane ha constituido la mejor noticia de la recién clausurada temporada. La irrupción del central francés ha calmado la latente preocupación por la endeble segunda línea de defensores madridistas. Sin embargo, el club que más debe trabajar este verano para reconstruir su proyecto deportivo adolece de las carencias en la retaguardia heredadas de un modelo que se acomoda en la preparación de la defensa para exprimirse en las inversiones de centro del campo para adelante.

En plantilla figuran futbolistas que renquean cuando son alineados de inicio en el avión madridista. Salvada la zona central titular con Ramos, Varane y Pepe, el resto de la zaga queda desprovista de seguridad. Las limitaciones ofensivas de Arbeloa han contagiado a su despliegue defensivo, alejando a Álvaro de la titularidad. Raúl Albiol no ha corregido las deficiencias de base que le retrataron en la final copera -con Falcao como ejecutor en el centro del campo y de espaldas a la portería-, donde salió fuera de su zona, no aguantó como manda el manual, le sentaron y dejó un desierto letal a su espalda, reproduciendo errores del pasado que aparecen de manera sistemática. Coentrao ha demostrado entrega sin demasiado premio debido a su excesiva voluntad y a las deficiencias tácticas de un carrilero reconvertido a lateral. Marcelo dejó su lugar en el carril izquierdo debido a una inoportuna lesión y su insultante falta de intensidad en la recuperación -con deslucida barriga incluida- ha sembrado las dudas del heredero de Roberto Carlos. Carvalho y Essien han abandonado el equipo y Carvajal, mejor lateral derecho de la Bundesliga, ha desembarcado en Barajas, regresando al club del que nunca debió salir.

Este paisaje señala que se antoja necesario contemplar refuerzos en la línea defensiva, ya que si las lesiones atacan a los centrales titulares, el Madrid está en perfecta situación de repetir el cuadro que eliminó al Barça de la Copa de Europa por la deficiente planificación de la retaguardia.

Unos metros más arriba, el modelo económico-deportivo parece estar inmerso en la búsqueda del sustituto de Xabi Alonso. Un recambio generacional que debe poseer una excelsa lectura del juego, precisión absoluta en largo y en pases de ruptura de líneas, capacidad de mando, sabiduría táctica y agresividad y eficacia en el corte. Estas son las condiciones que se exigen a un sustituto, a alguien que será fichado para ejercer del mediocentro campeón un Mundial, dos Eurocopas y una Champions con el Liverpool. Obviamente, la tarea no resulta sencilla y los presuntos candidatos en cartera -Kondogbia, Pardo, Gündogan y Pogba- no dan el nivel ni sobre el césped ni en los despachos, debido a su valor de mercado.

La urgencia por jubilar a Xabi Alonso -que contrasta de manera sorprendente con la paciencia exhibida con el tótem Casillas, de edad similar al tolosarra- no contempla la necesidad del Madrid de buscar un stopper que complete la terna de centro campistas centrales de la plantilla. La creación queda bien cubierta con la presencia de Xabi y la movilidad de Modric. El equilibrio es función reservada a Khedira, pero, ¿quién debe parar al rival y frenar contraataques? Nadie. Claude Makelele no ha tenido un sustituto desde su salida del vestuario de los galácticos y no parece inminente la búsqueda de un jugador de corte similar. La estadística resulta esclarecedora: el Real Madrid no ha ganado una Copa de Europa desde agosto de 2003. En aquel mes se apostó por el glamour y el obrero que tapaba los agujeros de los artistas salió por la puerta de atrás.

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