Economía

Por algún motivo, Chile y Venezuela no son lo mismo

Crónica económica

Viernes 07 de junio de 2013
Recientemente saltó la noticia de que Venezuela se había quedado sin suministro de papel higiénico. Es un aspecto más en el que Venezuela se acerca a Cuba, que pasa largas temporadas sin poder recurrir a este sencillo artefacto higiénico. Es sólo una manifestación, y no la más grave, de la situación económica que vive el país.

Venezuela se ha decantado por un camino que se retroalimenta, y que tiene graves riesgos. Es el camino del socialismo, de la intervención, de la expropiación y nacionalización. Se retroalimenta, porque esa vía tiene efectos que no suelen ser los previstos por quienes la siguen, o al menos no suelen ser los deseados. Y eso lleva a tomar nuevas medidas para los nuevos problemas que aparecen. De modo que, a medida que se agrava la situación, el socialismo tiende a reforzarse, no a echarse atrás. Y tiene graves riesgos por el mismo motivo.

En el caso de Venezuela, ese socialismo, y el de otras economías del continente, estaba financiado por los feraces pozos de petróleo venezolanos. Pero de nuevo el país se ha encontrado con un problema: ha dejado que la política se filtre en la gestión de los hidrocarburos, y la producción no ha evolucionado tal como hubiera deseado el gobierno de Hugo Chávez, heredado por Nicolás Maduro. A ello se suman unos precios del crudo a la baja. El socialismo empieza a resultar caro.

Ese “socialismo del siglo XXI”, que tanto se parece al del XX, está empezando a mostrar sus frutos más Maduros. Tan maduros que están podridos. El primero de ellos es el de la inflación, que en lo que va de año es tan alta como lo fue en todo 2012. La inseguridad de la propiedad, la desorganización de la producción que está asociada a la inflación, comienzan a dejar huella: se producen desabastecimientos. Venezuela ha hecho una importante devaluación de la moneda. Así no se atreverá a entrar ningún productor foráneo. Sin capital extranjero, la producción nacional se resiente. Los mercados muestran sus huesos.

Así las cosas, las empresas públicas de distribución de alimentos, que allí tienen de eso, ya han comenzado a dar el siguiente paso, que es perfectamente previsible: Van a los mercados y requisan los alimentos, para luego repartirlos. Henrique Capriles, el candidato de la oposición, ha tenido suerte. El chavismo ha tomado la decisión de que Maduro ha ganado las elecciones, y Capriles no. De haber alcanzado el poder en esta tesitura, habría fracasado hiciera lo que hiciera.

La situación de Chile es la contraria. Lo destaca un reciente artículo de The Market Oracle, por el que traemos esta cuestión a estas páginas. El autor del artículo podía haber ofrecido el contraste entre las dos Coreas, o entre Taiwán y China (antes de las reformas de esta última), pero se ha quedado en América.

Chile vivió un gobierno parecido al de Chávez-Maduro. Era más consciente de su socialismo. Allende reconocía (después de haber nacionalizado prácticamente toda la industria) que lo suyo no era el socialismo, pero sí el camino al socialismo. Y hablaba de la URSS como su “hermano mayor”. Por algún motivo aquélla experiencia fracasó económicamente y el régimen de Allende fue derrocado por un golpe de Estado y un cruento régimen militar. Al principio aplicó el militarismo a la economía, que no se distinguía demasiado de lo que había heredado. Luego el desastre le aconsejó dar un viraje de 180 grados. La primera experiencia liberalizadora se dio un primer tropiezo de gran calado, pero luego ha permitido un crecimiento y una prosperidad que envida el resto del continente. En 1988, Pinochet convocó un referéndum, que perdió. Abandonó el poder, pero la democracia que sigiuó no cambió el modelo económico.

El autor del artículo recoge un gráfico en el que se observa que Chile había estado por delante de la media del continente desde la II Guerra Mundial. Esto cambia radicalmente con la llegada de Allende. Y no vuelve a superar al continente hasta poco antes de abandonar el poder Augusto Pinochet. La democracia chilena está hoy más asentada que nunca, y su economía florece.