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Rosa Regàs: Música de cámara

RESEÑA

Domingo 09 de junio de 2013
Rosa Regàs: Música de cámara. Premio Biblioteca Breve 2013. Seix Barral, 2013. 317 páginas. 19 €. Libro electrónico: 12,99

La obra está ambientada en la Barcelona de mediados del siglo XX, hasta donde había regresado Arcadia, la hija única de un matrimonio que había partido al exilio en Toulouse, Francia. Su padre había sido anarquista, que habría participado en hechos luctuosos durante la Guerra Civil y hombre de convicciones fuertes que mantuvo en el exilio y transmitió a su hija.

Cuando Arcadia regresó a Barcelona a los doce años, tras la muerte de sus padres en un accidente, su tía Inés la inscribió en un colegio católico, desarrolló su pasión por la música, pero nunca se sintió cómoda y recibió una enseñanza en la que realmente no creía, mientras su tía le recomendaba guardar un discreto silencio en los temas de religión y política. Así va creciendo y se convierte en una joven atractiva.

Una vez fuera del colegio, conoció por casualidad a un hombre joven, Javier, de quien pronto se hizo amiga y luego pareja cuando se enamoraron. Escalaron con una casi obsesiva y culposa aventura de sexo casi diario, sin estar casados, causándole remordimientos, pues era de familia burguesa, católica y partidaria del régimen. Sin embargo, después se casaron, con las formalidades religiosas y sociales correspondientes, partieron de luna de miel a Italia y tuvieron un primer año de feliz matrimonio.

Sin embargo, Arcadia nunca fue bien recibida en su familia, por su condición social y por sus ideas. Sufrió el acoso familiar, el matrimonio fue invitado a reuniones religiosas con un sacerdote y otros matrimonios, que resultaron un completo fracaso para ellos, que asistían sin convicción alguna.

La novela pretende plantear una gran contradicción, que se desarrolla entre una mujer criada con ideas antifascistas y agnósticas, que se involucra con el hombre de una familia burguesa y poderosa, en el ambiente de una sociedad machista, con un catolicismo que asfixia a sus detractores, en medio de un régimen victorioso y dictatorial después de una Guerra Civil. Javier y Arcadia se quisieron, pero no se entendieron; procuraron vivir juntos, pero sin cambiar cuestiones esenciales en las que uno de los dos debiera haber evolucionado.

Finalmente, Arcadia abandona la música, empieza a practicar gimnasia y tiene una exitosa participación en un campeonato, que le valió aparecer en la prensa y ser descubierta por familiares y amigos, que la acosaron, execraron, hasta llevarla a la soledad y la depresión. Ni entonces ni después confió a Javier sus problemas, y su relación matrimonial se deterioró. Ella no fue capaz de aceptar el mundo de Javier o lo hizo con ambigüedad, adaptándose de forma pero no de corazón. Javier, por su parte, no quería cortar con su familia ni sus tibias convicciones religiosas y políticas, mucho menos con los privilegios de su posición social.

Este distanciamiento los llevó a vivir una doble soledad –tema muy bien logrado–. Ella es infiel, le sacan fotos y su suegro inescrupuloso e influyente, quien actúa por persona interpuesta, amenaza con denunciarla si no abandona el país. Lo hace y no volverá a ver a su marido en los próximos veinticuatro años. Se volvieron a reunir, por casualidad, en 1984, después de los años de la Transición y tras los primeros años del gobierno socialista.

El contexto histórico es relevante, porque la conversación final es curiosa, excéntrica, y a veces parece algo forzada, ciertamente imprevista. Tras un largo distanciamiento sin explicaciones y después de pasar la noche entera conversando, el tema central es la política, la “desesperanza, abatimiento, decepción” de Arcadia, las debilidades de la Transición, la reiteración de sus ideas republicanas y anarquistas, una intransigencia agotadora y que a veces se vuelve diatriba política. Sin perjuicio de eso, tiene también los elementos de sorpresa, de recuperación de una memoria casi perdida, con historias calladas en el pasado y recuperadas tras décadas, silencios repetidos, en la línea del inolvidable El último encuentro de Sandor Márai (Salamandra).

Todo ello, sin duda, tiene su explicación en que nunca se sintió acogida y aceptada, sino juzgada y rechazada: como le dijo Arcadia a Javier, agotada tras la larga conversación: “No me aceptó tu familia, no me aceptaron tus amigos, no me aceptaron los del equipo de matrimonios, no me aceptó…”, como claro reflejo de una vida vencida. Desde niña, cuando nació en el exilio por sus padres; luego al regresar a Barcelona, donde fue minoría en sus ideas que debió callar para sobrevivir socialmente; finalmente, en su fracaso matrimonial y en su segundo y personal exilio, que completaron su biografía azarosa y que, sin embargo, termina con final abierto.

Por Alejandro San Francisco

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