América

La Cumbre Iberoamericana: ¿diplomacia a la medida?

Informe

Viernes 14 de junio de 2013
Este viernes se presentó en la sede de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) el informe “Cumbres Iberoamericanas. Una mirada atrás, un nuevo rumbo”, con el que se busca analizar las fortalezas y las debilidades de una iniciativa que nació hace 20 años con el fin de tender puentes de cooperación entre España y Portugal con América Latina, pero que ahora se encuentra en la necesidad de renovarse para garantizar su futuro.


La Cumbre Iberoamericana de Cádiz el pasado noviembre ha sido, sin lugar a dudas, un punto de inflexión sobre el destino de esta cita bienal, que en los últimos años ha perdido brillo por el surgimiento de nuevos escenarios geopolíticos dentro de América Latina, movidos por el sentimiento de la integración regional y por la eclosión de sus principales economías.

El escepticismo es el común denominador en torno al futuro de estas cumbres, que para muchos resultan una compilación de anécdotas más que de logros. No obstante, el Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesia, no sólo apuesta por el futuro del encuentro, sino que ve necesario su renovación para adaptarse a los tiempos de hoy, los cuales se ven marcados por una “creciente imprevisibilidad”.

“Después de casi 23 años hay que analizar en dónde estamos. El mundo de hoy no es el mismo de 1991. Durante 20 años vivimos en un nirvana de previsibilidad y ahora no es así”, señala.

Por lo que apara atender las grietas que presenta el puente iberoamericano de cara a la próxima cita del 18 y 19 de octubre en Panamá, un equipo de expertos de la Fundación Alternativas y la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Fungloe) se dio a la tarea de descoser cada una de las 22 cumbres con el informe, “Cumbres Iberoamericanas. Una mirada atrás, un nuevo rumbo”, que ofrece un análisis retrospectivo de la alianza birregional, con el propósito de abordar logros conseguidos en materia de programas de cooperación, a la par de hacer hincapié en la necesidad de atender aspectos esenciales para el desarrollo como la educación, la fiscalidad, la ciudadanía, la infraestructura o la cultura.

El documento además recomienda implicar a los países latinoamericanos en la financiación de los programas, así como crear mecanismos de seguimiento y evaluación de los mismos, con el fin de garantizar mayor transparencia en cuanto a la gestión de los recursos.

“La intención es impulsar una relación renovada con Iberoamérica, por lo que el análisis no finaliza con el debate, inicia el debate”, señala Nathanael Concepción de Fungloe. “Es necesario determinar cuál es el camino que debemos tomar y cómo articular las relaciones con Latinoamérica y sus nuevos espacios socio políticos”, añadió.

Es precisamente las múltiples caras que ha mostrado América Latina en la última década, a través de bloques como el Mercosur, la Unasur, la CELAC, el ALBA o la Alianza del Pacífico, lo que ha puesto en duda el futuro de la cumbre.

Sin embargo para Vicente Palacio de la Fundación Alternativa, ello más que una amenaza, puede servir de “marcos complementarios” para impulsar la renovación que demanda la alianza iberoamericana y crear un nuevo paradigma de “cooperación a la carta”, que se ajuste a las necesidades de cada país miembro.

El dilema de la cláusula democrática
La renovación de la Cumbre Iberoamericana si bien plantea cuestiones de forma como la necesidad de convertirse en un escenario flexible y pragmático, que invite a la inclusión de sus estados miembros, en un entorno más concentrado y reducido; lo cierto es que también invita a una reflexión de fondo sobre el marco de los valores democráticos del tándem birregional y su posición frente a países que plantean un dilema en este sentido, tales como los de la esfera bolivariana: Cuba, Bolivia, Nicaragua o Venezuela.

Al respecto Iglesias considera que hay que dimensional la cumbre desde su surgimiento principio como “una comunidad de naciones en donde los países no son juzgados ni por su ideología política, ni social, ni ideológica”; ya que trata del principio de la convivencia y la colaboración.

No obstante Palacio reconoce que uno de los mayores desafíos a los que se encuentra el foro iberoamericano y su clausula democrática, es el fuerte sentimiento regionalista que ha aflorado en América Latina, muy susceptible a la interpretación que se haga en torno a sus sistemas gobierno.

“Hay una cierta estabilidad en algunos países, la mejora en términos absolutos es espectacular. Lo que hay que preguntarse es cuál de esas cláusulas democráticas son las que predominan y cómo se interpretan. Iberoamérica tiene la suya, Unasur también, la CELAC la va a tener, al igual que la ONU posee una, es parte de la dinámica de los organismos multilaterales. Ahora bien, cuando ocurre un conflicto político como lo que se vio en Honduras, Paraguay o las elecciones en Venezuela, quién interpreta lo que es democrático o no en América Latina. El factor regional pude por encima de cualquier consideración”.

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