Opinión

Los negocios de mi calle

Manuel Sánchez de Diego | Lunes 17 de junio de 2013
Si hay algo que me conmueve es cuando en un comercio próximo ponen el rótulo de “liquidación total por cese de negocio”. Más todavía si detrás de ese rótulo se encuentra una persona conocida, empresario, emprendedor o simplemente el dependiente, empleado o socio. En los últimos años he visto incluso como los negocios desaparecían en un par de días. Algunos como Raúl, me lo dijeron: “no puedo seguir sosteniendo la tienda. He cubierto los costes solo dos meses, en los otros meses he perdido dinero”.

Por eso, éste es un pequeño homenaje a Dani, Enrique, Ana, Esperanza, Modesto, Arturo, Marta, Belén, Mita y un largo etcétera de personas que día a día abren las puertas de sus tiendas para tratar de sobrevivir. Todos ellos en una calle pequeña de Madrid, Argensola, que desde Génova llega a Barquillo. A cuatro pasos de Alonso Martínez y a dos del Tribunal Supremo. Allí entre portales señoriales les esperan la tienda de quesos, la ferretería, la lotería, la panadería, la carnicería, los bares y las tiendas de moda, de bisutería… para gastar poco o mucho. Pero lo importante es que allí se encuentran buenas personas dispuestas a hacer bien su trabajo.

Aventuras que se iniciaron con muchos cálculos detrás, pero que por razón de la crisis, de la competencia o de no se sabe muy bien porqué, no salieron adelante o sobreviven gracias al esfuerzo diario. Se invirtió en tiendas atractivas, en expositores, en luces, en seguridad…. y toda esa ilusión termina ante la cruda realidad de los números rojos. También en los negocios tradicionales, incluso de esos que el Ayuntamiento ha colocado una plaza de bronce, el cierre ha sido la alternativa obligada.

El resultado son los carteles de “se alquila” o “se vende” que inundan las calles, también la mía. Es cierto que aún hay algo de esperanza cuando después de unas obras, abre una nueva tienda. Nuevas ilusiones, nuevas caras que esperan al menos ganar para vivir.

Es muy sacrificado vivir de un comercio. Horas y más horas atendiendo al cliente que siempre tiene la razón. Sirviendo cafés tras cafés o cañas de España, tras caña con su tapita. Vendiendo barras de pan y bollos. Haciendo copias de llaves. Aconsejando sobre ésta o aquella blusa, sobre el color del vestido…
Ese comercio, una de las pequeñas y medianas empresas (pymes) ha permitido vivir a muchas familias. No solo ha dado de comer, ha permitido educar a los hijos, las vacaciones, un viaje, la casa de la sierra... También ha creado empleo: una cocinera, un decorador, un dependiente más, el gestor de los impuestos... Y con los impuestos que soporta ha alimentado a los presupuestos del Ayuntamiento, la Comunidad Autónoma, el Estado… Hoy con la crisis se han convertido en verdaderos héroes.

El Gobierno en el Anteproyecto de Ley de Emprendedores ha anunciado una buena medida consistente en los Puntos de Atención al Emprendedor. Se trata de una ventanilla única que nace de la integración de las múltiples ventanillas que hoy existen de asistencia en el inicio de la actividad a nivel estatal: Puntos de Asesoramiento e Inicio de la Tramitación, Ventanillas Únicas Empresariales y la Ventanilla Única de la Directiva de Servicios. Sería deseable que también se integraran las ventanillas autonómicas y las locales. No podemos olvidar a los emprendedores de aquí o allá que abren su comercio, con grandes ilusiones después de haber vencido en mil y una batallas a la burocracia municipal y autonómica –a veces también estatal- y que siguen uncidos al carro de los impuestos, los permisos, las inspecciones...

Aplaudo también la constitución ágil por medio de modelos simplificados y vía telemática de sociedades por parte de emprendedores. Menos transcendencia para los negocios que venden al contando tiene el llamado “criterio de IVA de caja”. Esta medida aplicable a los pequeños autónomos y pequeñas empresas supondrá no tendrán que pagar el IVA de las facturas hasta que no las cobren –está medida entrará en vigor el 1 de enero de 2014.

Todo ello es positivo, pero me atrevo a afirmar que las necesidades de los empresarios se puede resumir en pocas palabras: seguridad –tanto real como jurídica , burocracia reducida al mínimo, crédito con coste asumible, una Justica que funcione, un marco estable de relaciones laborales, un sistema fiscal que no los desangre y dinero en el bolsillo de los consumidores. Si eso se consigue, seguro que nuestro pequeño comercio subsistirá y aún más, creará empleo.