Opinión

¿Para qué demonios sirve el bosón de Higgs?

Alicia Huerta | Miércoles 19 de junio de 2013
La pasada semana, los científicos españoles salieron a la calle para protestar contra las previsiones del Gobierno de congelar el presupuesto en I+D+i hasta el año 2020. El manifiesto de la convocatoria estaba firmado por 45.000 personas de toda España y, en palabras de los convocantes, dicha medida puede suponer la muerte de la investigación científica y técnica, además del desmantelamiento de muchos laboratorios o centros dedicados a la investigación en todos los sectores. Al mismo tiempo, aparecía un artículo en la prestigiosa revista Science donde se hablaba de “nubarrones sobre la ciencia española”, pronosticando una tormenta sobre nuestro país. Por su parte, el científico valenciano Emilio Muñoz, presidente del CSIC entre 1988 y 1991, se lamentaba públicamente de que, en la actual situación, pueda darse al traste con “décadas de crecimiento sostenido en investigación española” y reflexionaba sobre el hecho de que los países que nos recomiendan austeridad son aquellos que más invierten en I+D+i, como es el caso de Holanda, Alemania, Suecia o Finlandia.

Lo peor de este tipo de recortes es, precisamente, que su efecto se extiende durante mucho tiempo después y lastra a las generaciones venideras, sin que, en realidad, podamos ni siquiera calibrar la importancia de aquello que quedó en el camino, encerrado en las mentes que no pudieron trabajar, en los ensayos que hubo que interrumpir, en los laboratorios que tuvieron que cerrar. En 1850, William Gladstone, uno de los estadistas más célebres de la época victoriana y en aquel momento ministro de economía, visitó el laboratorio de Michael Faraday, considerado ya como un gran pionero de la electricidad y el magnetismo. Gladstone, que, evidentemente, estaba pensando en términos económicos, no pudo evitar realizar el siguiente comentario: “Muy interesante, pero ¿cuál es su uso práctico?”. La respuesta de Faraday fue honesta pero rotunda: “En este momento no sabría decirle, señor, pero es bastante probable que en el futuro le ponga usted una tasa”. Lo cierto es que muchos de sus experimentos son la base de la moderna tecnología electromagnética y no creo que nadie ponga en duda que las investigaciones llamadas de base son absolutamente necesarias para que no se detenga el flujo de la ciencia, de ese progreso del que tan orgullosos nos mostramos continuamente, pero que no existiría sin, por ejemplo, las grandes revoluciones científicas acaecidas muchas décadas atrás. La investigación no es sólo una labor de mentes privilegiadas, también de constancia, tenacidad, paciencia. De tiempo y, por supuesto, de medios económicos.

A la famosa anécdota protagonizada por Faraday y Gladstone, ha hecho referencia en alguna ocasión el doctor Rolf-Dieter Heuer, director general del CERN, porque también el famoso bosón de Higgs empieza a verse afectado por la crisis económica y los correspondientes recortes por parte de algunos países en su aportación al laboratorio ubicado en Suiza. En la conferencia que el físico alemán investigador de partículas dio en la Universidad de Oviedo a finales del pasado mes de febrero, se le pudo escuchar decir categórico que recortar en ciencia es recortar en futuro, que los recortes en los fondos destinados a investigación conllevan el peligro de recortar, a su vez, la capacidad de ese mismo país. Igual que la pescadilla que se muerde la cola. Precisamente, su viaje a España coincidió con la noticia de que el momento dorado que viven en el CERN desde el descubrimiento de la llamada “partícula de Dios” podría verse empañado por la actual situación de crisis. España, el quinto mayor contribuyente del CERN, con un 8,11% del total – cifra que viene calculada en función al PIB de cada miembro –, no estaba al día de sus pagos y ya se sabe que cuando uno falla, el “invento” puede irse al garete. España debía al centro donde se alberga el LHC el 25% de su cuota de 2012 y la correspondiente a 2013, en total unos 55 millones de euros, en relación a los cuales Heuer quiso aclarar que se estaba negociando una forma de pago. Y, aunque se negó a dar nombres, admitió que había algún moroso más, aparte de España, “de la cuenca Mediterránea”.

Seguro que, 163 años después, todavía hay algún ministro de economía a quien le gustaría preguntar para qué sirve en realidad el bosón de Higgs. La historia nos ha enseñado que los grandes descubrimientos han generado siempre, después de un cierto periodo de tiempo y de manera muchas veces imprevisible, enormes y magníficos cambios en nuestra sociedad. En definitiva, en nuestra vida. No faltan ejemplos. En 1929, el genial físico inglés Paul Dirac formuló la ecuación que lleva su nombre y que describe el comportamiento de los fermiones, con la cual predijo la existencia de la antimateria. Entonces nadie podía imaginar un uso práctico para la misma y, sin embargo, ahora nos valemos de ella, entre otras cosas, para una modalidad diagnóstica no invasiva de tumores, la tomografía por emisión de positrones o PET. Los positrones – que son la antimateria de los electrones – pasaron, en el arco de 60 años, de ser un concepto por completo abstracto a convertirse en un recurso de uso común. ¿De verdad compensa recortar en investigación científica? Poco pan para hoy, más hambre para mañana.

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