Crónica económica
Jueves 20 de junio de 2013
El Consejo de Ministros ha aprobado su propuesta de reforma de las Administraciones Públicas. Tiene el sello de toda la política de Mariano Rajoy. Está bien encaminada, pero es insuficiente.
El Gobierno ha anunciado, con esta reforma, que suprimirá 57 organismos. Lo hace por medio de la supresión, la integración en otros, el cambio de estructura, o la pérdida de su carácter público. Se suprime el Consejo de la Juventud de España, que teníamos uno, así como la Cría Caballar de las Fuerzas Armadas. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición absorbe el Instituto Nacional de Consumo, y el Instituto de la Mujer, la Dirección General de Igualdad de Oportunidades.
Otro caso distinto es el del Instituto Nacional de la Seguridad Social, el Instituto Social de la Marina y la Tesorería General de la Seguridad Social, que se fusionan en uno solo. Aún otro caso es el de las funciones de unos organismos en otros. La casuística es todavía más amplia.
Bien está. Pero es como el mito de sísifo: recorrer toda la ladera, para volver a caer con la piedra hasta lo más profundo del valle. Porque, ¿para qué se creó una Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, con todo su alambicado nombre, si existía ya un Instituto Nacional de Consumo? Pues se creó porque había nuevas oportunidades para colocar, con las manos libres, y sin las ataduras de tener que contar con un Instituto Nacional de Consumo, que tendría sus propias servidumbres. Por otro lado, ¿en qué momento hemos necesitado una oficina bajo el nombre de Consejo de la Juventud de España? Es decir, el mismo proceso político que ha llevado a crear estas oficinas, con sus presupuestos, sus contrataciones y sus dudosas contribuciones a la vida nacional, continúa hoy.
El gobierno invita a las Comunidades Autónomas a que hagan otro tanto. Les invita, porque no puede invadir sus competencias. Lo que tiene en la manga es el as de ir repartiendo décimas de PIB de objetivo de déficit. Tú recortas tantos, pues te doy más margen. Tú pasas de hacerlo, pues te aprieto las tuercas. Otro de los instrumentos que tiene el Gobierno en su mano es el Fondo de Liquidez Autonómica, FLA. Es poderoso. Que se lo sigan a Cataluña, que paga sus facturas gracias a él. Como dice uno de los diseñadores de la reforma, citado por LD: “Cuando hay una comunidad que no cumple en materia de estabilidad, hay una serie de instrumentos para que se puedan hacer cumplir las sugerencias”.
No está mal. Pero por un lado es el reconocimiento de que los objetivos de déficit entran en un puro juego político. Y por otro es un mal sustituto de una verdadera reforma de la fiscalidad de las Comunidades Autónomas. Aunque para ello está la Ley de Estabilidad Presupuestaria.
Es, en definitiva, el inicio de lo que podría ser una gran reforma administrativa. Es un lavado de cara, y sólo con él, según los cálculos del Gobierno, se podrían ahorrar 8.000 millones de euros. Pero lo que hay que hacer es que, por ley, estos organismos tengan una vida de no más de diez años. Que cuando se creen, fijen un conjunto de objetivos específicos. Y que pasados esos años se estudie si esos objetivos se han cumplido, o no. Sólo con un mecanismo de este estilo podemos empezar a introducir algo de racionalidad en la administración.
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