Opinión

Reducción de condena y rescate utópico

Simon Royo Hernandez | Sábado 22 de junio de 2013
Es increíble la noticia, reiterada de cuando en cuando, relativa a la reducción de condena de los presos en libertad condicional a cambio de trabajo. Se trata de una "buena noticia", ya que los presos encarcelados pueden reducir sus penas: "dos jornadas de trabajo equivalen a un día menos de condena”.

Hasta aquí todo bien, sin embargo, un minuto de reflexión basta para darse cuenta de lo que significa el chantaje de trabajo y buen comportamiento a cambio de reducción de condena. La rehabilitación es y será una utopía mientras al que comete un acto antisocial se le siga reprimiendo en centros de tortura y de privación de libertad. La Ley del Talión o el Código de Dracón siguen vigentes en la justicia, que se considera en términos económicos de debe y haber, según los cuales el criminal debe "pagar" con tortura, privación de libertad y trabajo. La reducción de condena mediante el trabajo no es más que la pervivencia de los antiguos 'Trabajos Forzados' ahora encubiertos bajo una ropa nueva. La cárcel, esto es, el Sida, las drogas, la miseria hacinada y los trabajos forzados, no rehabilitan, (término políticamente correcto para camuflar una justicia que sigue siendo medieval). Es como si en vez de cortar la mano al ladrón, como en la Arabia Saudí del integrismo islámico y de los petrodólares, se decidiese allí la humanitaria y rehabilitadora fórmula siguiente: "ya no somos unos bárbaros ni unos salvajes medievales, desde ahora, en lugar de cortar la mano al ladrón, éstos podrán reducir condena al donar una mano para transplantes, prueba de que están en proceso de recuperación como súbditos obedientes". Un cambio semejante separa a la justicia de la Edad Media de Europa de los modernos Códigos Penales.

Las cárceles son una vergüenza, sus métodos de socialización una sutil aberración. Algunos, apesadumbrados, miramos con horror el sistema represivo carcelario y nos atrevemos a gritar: ¡No más castigos sino educación y oportunidades! ¡No más venganza sino justicia! "Si te devuelvo con un mal el daño que me has hecho, ¿qué diferencia hay entre tú y yo?", decía Omar Jayyam. Estas palabras valdrían para simular un diálogo entre la sociedad (que somos todos) y el individuo, que desde su interior, provoca un acto antisocial.

Ahora bien, en España hay millones de personas que, sin haber cometido ningún delito, tienen que pedir y suplicar acceder a los trabajos forzados y ven como de lo contrario les desahucian, quitándoles las casas en las que se cobijaban y bajo las que constituían sus hogares. ¿Acaso los parados han de ser considerados como criminales? ¿Qué delito han cometido? ¡Ah! ¡Pero puesto que nacieron ya sabemos qué delito hubieron de cometer! El más simple hecho de procurar existir se ha convertido en fuente delictiva y los desalojos brutales de las manifestaciones por unos antidisturbios que tienen la desgracia de ganarse el pan de ese modo no son sino muestra de lo que venimos diciendo.

Los que trabajan hoy en Europa, incluso en puestos tenidos por seguros y respetables, tienen miedo de hablar y miedo de engrosar las filas de los delincuentes que han cometido la desfachatez de perder el empleo. Los que no trabajan ya no saben que hacer y mientras tanto, una jerga economicista que todo el mundo repite pero nadie comprende, se ha adueñado de los justificatorios medios de comunicación. El sitio más libre dentro de la mordaza global sigue siendo la Red, aunque hace tiempo que están intentando amordazarla también o acallarla por saturación.

Ni trabajo ni paro, si hay que pedir utopías pues que sea un sueldo mínimo garantizado para todo ciudadano europeo, una Renta Básica europea. Eso sí que sería un buen… ¿rescate?