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Fallece Nelson Mandela, el hombre que acabó para siempre con el apartheid

Perfil del líder sudafricano

Jueves 05 de diciembre de 2013
Sudáfrica está de luto. Es posible que el mundo entero lo esté. Tras casi varias semanas luchando contra una infección pulmonar, Nelson Mandela ha fallecido a los 94 años dejando tras de sí una vida llena de inspiración. Preso durante 27 años y emblema de la reconciliación nacional sudafricana de comienzos de los 90, Madiba, como era conocido, se convirtió hace tiempo en uno de los grandes personajes del siglo XX, en una figura equiparable a la de Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta.

A lo largo de la vida de una persona, pocos son los nombres que pasan a la historia, al panteón de aquellos inmortales a los que se les recordará a pesar de los años, las décadas, los siglos. Nelson Mandela es uno de esos inmortales.

Icono del movimiento anti apartheid sudafricano, este hombre de rostro bondadoso y espíritu marmóreo ha fallecido a los 95 años dejando tras de sí una existencia apasionante que ha inspirado a decenas de millones de personas a lo ancho y a lo largo del mundo.

Tras pasar 27 años en una minúscula celda acusado de incitar a la violencia y al odio racial, Madiba, como se le conocía cariñosamente entre sus compatriotas y título honorífico de su tribu, supo reconstruir su corazón y ser el artífice de la reconciliación nacional que se dio en Sudáfrica en la primera mitad de los años 90 y que culminó, el 10 de mayo de 1994, con el nombramiento de Madiba como presidente, el primero de raza negra, de un país que ya no distinguiría nunca más entre blancos y negros.

Un padre para unos, un líder para otros, un símbolo para la mayoría, Mandela ha trascendido lo social y lo político para convertirse en el emblema de la reconciliación, en la bandera de la unión entre diferentes y pueblos a través de la tolerancia y el diálogo.



Por todo ello fue galardonado en 1993 con el Premio Nobel de la Paz junto a su antiguo enemigo, Frederik de Klerk, que también fue vicepresidente de su Ejecutivo. Un año antes le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Dos de los incontables reconocimientos que recibió en vida por su labor política y social.

En los últimos meses, muy deteriorado por su estado de salud, Madiba apenas aparecía en público y casi no recibía a personalidades en su domicilio y el país entero estaba pendiente de su estado de salud, que en los últimos tiempos se había agravado mucho por culpa de una infección pulmonar.

Nacido en 1918 en la localidad de Qunu, Trasnkei (en el este del país), estudió Derecho y llegó a ser un notable boxeador amateur hasta que la política se cruzó en su vida. Fue en su época universitaria cuando Mandela, con un discurso mucho más radical, entabló un binomio peligroso a ojos del Gobierno blanco junto con el líder del Congreso Nacional Africano Oliver Tambo.

Sus coqueteos con la rebelión civil, siempre de forma pacífica, y sus proclamas en contra de la supremacía blanca hicieron que Madiba acabara con los huesos en la celda de una prisión, una habitáculo con el que, tristemente, llegaría a estar muy familiarizado a lo largo de su vida.

Mandela, nacido para romper barreras y hacer caer los muros de la injusticia, llegó a fundar, en 1952, el primer bufete de abogados negros de todo el país, todo un hito en unos años en los que la represión del apartheid teñía de sangre las calles.

Tras vencer un juicio en su contra por alta traición como líder clandestino del CNA a finales de los 50, proceso en el que se defendió a sí mismo y a otros 150 detenidos, Mandela se erigió definitivamente como un emblema para el pueblo negro. Al mismo tiempo, se convertía en el enemigo público número uno de la comunidad blanca, fuera anglosajona o boer (descendientes de emigrantes holandeses).

Fue la 'caza de brujas' puesta en marcha por el Gobierno blanco tras la conocida como matanza de Sharpeville, en la que murieron varios estudiantes negros a manos de la policía, cuando Mandela regresó a prisión, esta vez como parte de una limpieza de los insurgentes del CNA que llevó a otras 1.500 personas a la cárcel bajo acusaciones de traición, asociación ilícita y otra media docena de delitos.

Una vez más, Mandela emprendió el camino de salida del centro de detención, aunque esta vez su visión se había radicalizado bastante más. En la clandestinidad a la que le obligaba el régimen blanco, Madiba, entonces apodado 'Pimpinela negra', fundó el grupo 'Lanza de la nación', escindido del CNA y del que él era su comandante en jefe. Llegó incluso a recibir entrenamiento militar en las técnicas de guerrila en Argelia.

A su regreso, se le volvió a encarcelar por abandonar el país sin permiso y, mientras estaba en prisión, se le atribuyó un plan terrorista para atentar contra instituciones gubernamentales, por lo que fue condenado, en 1964 a cadena perpetua, pena que empezó a cumplir en la tristemente famosa cárcel de Robben Island.

Durante sus años en el penal, Mandela, el preso número 46664, se labró la amistad del resto de reclusos e incluso de gran parte de los guardas que lo custodiaban. Su discurso se suavizó y empezó a creer que sólo a través del perdón y la reconciliación Sudáfrica podía mirar hacia un futuro mejor. Incluso llegó a aprender la difícil lengua boer para poder acercarse más a los que durante muchos años consideró sus enemigos y que ahora sólo veía como aliados.



El CNA empezó a promover una campaña internacional en favor de su excarcelación, que no se produjo hasta el 11 de febrero de 1990, una fecha grabada a fuego en la mente de millones de personas de raza negra como el principio del fin del régimen racista sudafricano.

Como parte de su estrategia de reunificar al pueblo, y tras ganar las elecciones, algo que no sucedía tras 300 años de supremacía blanca, optó por un Gobierno de coalición nacional con De Klerk como vicepresidente para que la comunidad europea viera en él una persona de confianza, sin resentimiento y con ganas de avanzar hacia la pacificación social del país.

Este abrazo a la nación se materializó durante la final de la Copa del Mundo de rugby de 1995, el deporte por antonomasia de los blancos sudafricanos.

Mandela, sabedor de la importancia histórica de la competición parta su país, apartado de todo torneo por el apartheid, saltó al campo instantes antes del partido para desear suerte a ambos equipos, la propia Sudáfrica y los All Blacks de Nueva Zelanda. Los asistentes, entre los que apenas se contaban negros, prorrumpió en gritos a favor él, el campo entero se unión en un atronador "Madiba, Madiba".

Este episodio fue llevado a la gran pantalla por Clint Eastwood en su película 'Invictus'. Para el papel protagonista, el veterano actor y director estadounidense escogió a Morgan Freeman, de quien el propio Mandela señaló que era el idóneo para reencarnarle.



Si bien muchos biógrafos señalan que toda la bondad y la candidez que Mandela demostraba en público se transformaba en frialdad y rectitud dentro del hogar, Madiba siempre defendió a su familia como uno de los grandes activos de su vida, aunque muchos extendieran ese término a toda la nación sudafricana.

Se casó hasta tres veces, aunque fue su segunda esposa, Winnie, con la que estuvo entre 1954 y 1996, la mujer a la que siempre se le asoció. También estuvo unido a Evelin entre 1944 y 1957 y a Gracia, su viuda oficial y ex mujer del presidente mozambiqueño Samora Machel, con la que contrajo matrimonio en 1998. De los tres matrimonios nacieron un total de cinco hijos: Zindziswa, Makaziwe, Makgatho, Zenani y Madiba Thembekile.

El resto es leyenda. Durante las últimas décadas, dejó la política activa en 1997, se ha convertido en un símbolo mundial patrimonio de todos. Decir Mandela es decir paz, amistad, unión, tolerancia. Con él se va quizás el último gran líder pacifista del siglo XX, una lista en la que también figura Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta.

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