Opinión

Berlusconi: ¿fuera de la política?

Andrea Donofrio | Lunes 24 de junio de 2013
Después de 27 meses de instrucción y de 50 audiencias, el Tribunal de Milán acaba de fallar: Silvio Berlusconi, ha sido condenado a siete años de cárcel e inhabilitación perpetua para el ejercicio de un cargo público por los delitos de inducción a la prostitución de menores y abuso de poder en el llamado caso Ruby. Se trata de una dura condena, aún más si se considera que el Tribunal de Milán le ha condenado a un año más de lo que pedía el Fiscal. Tras la sentencia, cabe esperar que el Pueblo de la Libertad, el Partido de Berlusconi, asuma una postura responsable, al mismo tiempo que los miembros del Ejecutivo cercanos a Berlusconi deben recordar la importancia de la separación de poderes y del respeto por la independencia del poder judicial.

Tras la condena, emerge un inquietante interrogativo: ¿Qué hará Berlusconi ahora? ¿Qué estrategia y decisiones adoptará? Está claro que el cavaliere no se resignará ni decidirá dar un “paso atrás”, sino que más bien atacará a los Magistrados, utilizando la permanencia de su partido en el actual Gobierno como pretexto e instrumento para obtener un beneficio personal. Y si por un lado parece que presionará al ejecutivo, por otro lado cabe esperar que pronto asistamos a una nueva ofensiva televisiva para mostrar al público italiano su supuesta inocencia. En este contexto, volverá a clamar contra la conspiración perversa de los jueces, contra las togas rojas y los jueces comunistas. Ya ha empezado a criticar la sentencia, considerándola un “veredicto violento” y seguirá hablando de persecución. Berlusconi fomentará, una vez más, su imagen de “victima”, de “hombre perseguido”; alimentará la idea de ser un mártir (“soy el Jesucristo de la política, una víctima paciente que lo soporta todo, que se sacrifica por todos”, afirmó en febrero de 2006) que sufre injustamente la persecución judicial de sus enemigos, un odio-envidia que justificaría las más de cien investigaciones (número aproximativo, ¡tirando por lo bajo!). No se trata del único proceso judicial que enturbia la carrera política del tres veces primer ministro: la condena a cuatro años de cárcel y a cinco de inhabilitación para ejercer cargos públicos, tanto en primera como en segunda instancia, por el delito de fraude fiscal en el caso Mediaset agravan su posición. Y si en otoño el Tribunal Supremo confirmara esta sentencia, Berlusconi estaría obligado a abandonar la política (al menos de forma activa).

Y aunque Berlusconi apelará la sentencia e intentará demostrar su inocencia, la sentencia no debería tener consecuencias sobre el actual Gobierno, aunque cabe esperar que alimente nuevas dudas sobre la viabilidad del precario gobierno de coalición italiano. El actual Presidente, Enrico Letta, sabe que le espera un autentica obra de equilibrismo político, mientras Berlusconi, probablemente, le forzará constantemente a un duro pulso interno para garantizar una nueva sentencia favorable, o incluso una amnistía. Aunque parece difícil que esta sentencia pueda provocar la caída del Gobierno, tratándose de un tema tan impopular que demostraría el predominio de los intereses partidistas de Berlusconi, parece real el peligro de que esta radicalice las posturas políticas, aumentando la crispación en el país y la división entre berlusconiani y anti-berlusconiani. Es difícil que Berlusconi retire su apoyo al Ejecutivo de Enrico Letta forzando su caída: es más probable que intente chantajearle y obligarle a asumir decisiones en su interés vinculándolas, supuestamente, a la supervivencia del Gobierno. La gravedad de las acusaciones debe invitar a reflexionar, aunque no se debe caer nuevamente en una situación donde la “prioridad” y el interés giren entorno a los problemas de Berlusconi, arrinconando los del país. Los sucesos judiciales de Berlusconi no deben tener impacto sobre la estabilidad del Gobierno.

Resulta difícil pensar que Berlusconi deje la política por motu proprio: el líder político sabe que la existencia de su partido depende de su figura, un partido personalista, creado a su imagen y semejanza. Si el rey Luis XIV de Francia dijo que L'État, c'est moi (El estado soy yo), en el caso de Berlusconi podría decirse algo tipo Le Parti c'est moi (El partido soy yo). Por lo tanto, parece que sólo la condena podría marcar su declive en la política italiana. Ojalá se asista pronto al eclipsis final del berlusconismo…

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