Tras presentar su último libro, 'Drogas, drogas. Prohibición o legalización. Una nueva propuesta' (Editorial Debate), el ex presidente colombiano Ernesto Samper atiende a EL IMPARCIAL para abordar diferentes asuntos de actualidad. Desde la negociación entre el Gobierno de su país con la guerrilla de las FARC, las relaciones con Venezuela, la crisis española o el caso Snowden, Samper no elude ningún frente y asegura que Colombia "es una gran oportunidad" para nuestro país.
A lo largo de su último libro ('Drogas, drogas. Prohibición o legalización. Una nueva propuesta') usted hace una regia defensa de un cambio de paradigma en la lucha contra las drogas mediante una progresiva legalización de algunas sustancias denominadas 'blandas. Sin embargo, ¿no cree que la aceptación social y legal del alcohol o del tabaco le sirve de precedente para mirar con recelo esta opción?Digamos que las políticas en relación con el alcohol y, sobre todo, con el tabaco podrían ser dos muy buenas aproximaciones para abordar la problemática derivada del consumo de estupefacientes, o al menos de cierto tipo de drogas, como es el caso de la mariguana.
Se logran mucho mejores resultados con una estrategia de prevención, de educación y de persuasión que permita aislar a los sectores más vulnerables, como los menores o los jóvenes, que con una política represiva o disuasiva que sólo logra resultados negativos y mayores desequilibrios sociales. Por eso creo que el ejemplo del alcohol y el tabaco son dos buenos precedentes de cómo se podría gestionar la política antidrogas en todo el mundo.
Sin embargo, y a pesar de esa socialización de la que habla, el problema de la adicción al alcohol es un lastre recurrente en muchísimos países de todo el planeta...Es verdad que el alcohol no es una sustancia prohibida, aunque sí lo fue en su día, como fue el periodo de la Ley Seca en Estados Unidos, durante la década de los años 20. Lamentablemente, en esta discusión en la que estoy metido, la de la lucha contra las drogas, ha quedado patente que los efectos producidos por el consumo de bebidas alcohólicas, en muchos casos, causan una serie de consecuencias sociales mucho más indeseables que otras sustancias que sí están prohibidas.
Eso sí, creo que ha quedado muy patente, y así hay multitud de estudios, documentos y análisis que lo demuestran, que el mundo en su conjunto ha fracasado en su lucha contra el alcohol. No hay duda, por duro y lastimoso que sea. En este sentido, produce mucho más daño social que la mariguana, de lejos.
Cambiando de frente, ¿cómo ve el proceso de paz de diálogo que ha entablado el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las FARC?Lo veo con franco optimismo. Hay una agenda concreta y una voluntad de paz, que es lo más importante. Sobre esto espero que se pueda trabajar en una salida política del conflicto armado en un plazo, no tan cercano como espera el Ejecutivo de Juan Manuel Santos, pero sí razonablemente moderado.
No podemos esperar que un conflicto de cincuenta años se resuelva de un día para otro o con una política de corte inmediatista. Hay que tener paciencia y los resultados acabarán dándose.
Un diálogo en el que juega un papel muy importante su vecino. ¿Usted siempre abogó por unas relaciones cordiales con Venezuela, que no pasan por su mejor momento? ¿Qué opina del discurso de Maduro?Maduro espero, más temprano que tarde, se empodere, como dicen los politólogos. Él debe asumir cuanto antes el asunto de la gobernabilidad y ejercer el compromiso para con su responsabilidad como líder electo de Venezuela.
Es el heredero de todo ese espacio que dejó Chavez y sobre el que debe levantar una política de legitimación de su mandato que en estos momentos es indispensable para avanzar y cuyos pasos lamentablemente aún no ha dado.
En su opinión, ¿Maduro es un potencial aliado o un potencial problema?Aliado, sin duda. Está ayudando mucho a Colombia para poder alcanzar la paz en mi país. Para nosotros es muy importante la tarea que ha venido desempeñando de facilitar el que las distintas partes, guerrilla y Gobierno, se sienten a hablar en la mesa de diálogo.
PIE DE FOTO
Ernesto Samper, ex presidente de Colombia y ex embajador de su país en España. Foto: J.P. Tejedor¿En la época de profunda crisis económica por la que atraviesa, España busca oportunidades en el exterior y Colombia se dibuja como un país muy atractivo para inversores y trabajadores?A mi país está llegando todo el mundo: grandes y pequeños inversores, grandes y pequeñas empresas. Todos son bienvenidos y estamos muy satisfechos porque representamos una gran oportunidad para todos ellos.
Estamos en pleno proceso de legimitimizar las relaciones entre ambos lados del océano Atlántico, que parece que funciona más de España hacia mi país que de allí hacia aquí, ya que apenas hay inversiones colombianas en Europa. Ese aspecto debe mejorarse por el bien de todos.
¿Qué percepción se tiene en Colombia de la crisis española?No tan grave como se percibe aquí. Creo que el factor que más está haciendo mella en la crisis de su país, y que frena la recuperación, es el gran pesimismo que inunda a todos los sectores de la sociedad. Si uno, a las dificultades que se encuentra en el camino, le añade una visión poco constructiva u optimista resulta que está roto.
En el lado contrario se encuentra su país, que en los últimos años ha vivido un importante crecimiento socioeconómico. ¿Cuáles han sido las claves del gran crecimiento de Colombia?Uno de los grandes logros de mi país ha sido la de consolidar un marco geográfico regional muy importante, sobre todo en lo que tiene que ver con la Alianza del Pacífico o con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Además, ha afianzado sus relaciones con los países con los que tiene frontera. El futuro de mi país, sin duda, pinta bien.
Otra disyuntiva, igual que el de la prohibición o la legalización de las drogas, muy de actualidad, es el asunto del ex agente de la CIA Edward Snowden. Usted, que ha tenido que lidiar con narcotraficantes y terroristas, ¿se decanta por la seguridad o por privacidad?De verdad que no es un asunto en el que esté muy puesto y es muy complicado opinar al respecto, pero, a bote pronto, diría que soy un gran defensor, como ciudadano, de la libertad de prensa y de la de expresión. Todos tenemos derecho a proteger nuestra información, aunque una vez publicada lo que está en juego es, por encima de todo, la libertad individual.