Las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se han convertido en un avispero yihadista en los que los radicales captan y forman a jóvenes para que vayan a Siria o Iraq a atentar. Las Fuerzas de Seguridad en las dos urbes norteafricanas están en clara desventaja y cuentan con los medios justos para hacer frente a la amenaza, cada vez más grave.
La detención la semana pasada de ocho presuntos yihadistas en
Ceuta acusados de 'fichar' radicales para enviarlos a combatir a Siria pone de manifiesto lo activas que están las redes de captación y formación de extremistas islámicos en la ciudad autónoma y en la vecina Melilla.
En los últimos años, y sobre todo tras el estallido de la conocida como 'Primavera Árabe', decenas de potenciales terroristas se han trasladado desde Libia, Argelia, Túnez, Marruecos o Egipto a las proximidades de las dos urbes africanas y, en muchos casos, incluso han encontrado acomodo en ellas.
En los últimos años se han sucedido la detención de sospechosos y la desmantelación de grupos aislados. En 2005, dos presos a dos presos ceutíes de confesión musulmana se les intervino
un plano del ferry del que que querían ayudarse para atentar contra el buque. Unos meses más tarde, las Fuerzas de Seguridad española desmantelaron una red yihadista con ramificaciones en la ciudad autónoma y en
Madrid, Cataluña, Valencia y Alicante.
Un año después, en 2006, en una operación similar a la llevada a cabo la semana pasada, once yihadistas fueron capturados por la Policía en Ceuta poco antes de que fueran a
atacar el reciento ferial de la ciudad.
La última gran operación, antes de la de la semana pasada fue la llevada a cabo en junio del año pasado, cuando las Fuerzas de Seguridad lograron detener en Melilla a dos radicales islamistas relacionados con la secta integrista 'Takfir wal Hijra' acusados de un
doble asesinato en Marruecos en 2008.
La Policía Nacional y la Guardia Civil
no dan abasto para localizar, identificar, seguir y detener a estas amenazas, que elevan de manera preocupante la posibilidad de que se cometa un ataque dentro de nuestras fronteras o de que nuestro país se convierta en cantera para insurgentes radicales.
Los barrios de
El Príncipe (Ceuta) y la
Cañada de la Muerte (Melilla), muy humildes, de mayoría musulmana y con una población que ronda las 20.000 personas, se han convertido en los principales focos donde residen y operan estos grupos, que sin llegar a ser células activas, captan a jóvenes a los que entrenan y envían a combatir en Iraq o en Siria. De hecho, la Policía confirmó que uno de estos yihadistas que vivía en Ceuta se inmoló el año pasado en un campamento sirio causando la muerte de 130 personas.
En este sentido, el
delegado del Gobierno en la ciudad, Francisco Antonio González, alertaba en encuentro con la prensa hace unos días de que "los chavales que hoy lanzan piedras pueden acabar saliendo y participando en acciones terroristas", además de lamentar que estas redes cada vez "utilizan más a menores de edad" en sus labores de captación.
Fotografías facilitadas por el Ministerio del Interior de los 8 detenidos la semana pasada.Sin embargo, y a pesar de la creciente amenaza que supone el yihadismo en sendas ciudades, tanto la Guardia Civil, como la Policía Nacional y los agentes del CNI desplegados en la zona, que tienen constancia de que al menos una decena de ceutíes se han trasladado a Siria para combatir con los rebeldes, no cuentan con los recursos necesarios para hacerla frente.
Sin ir más lejos, González se mostraba recientemente a favor de una
reforma legislativa que facilite la labor de los cuerpos de seguridad del Estado en ambas ciudades, así como que se amplíen sus capacidades tanto personales como materiales, "necesario" a su juicio.
En la actualidad, los efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional en Ceuta, con una mayor presencia yihadista que Melilla, suman
800 agentes. Al menos la mitad de ellos participó en la operación de la semana pasada, lo que da buena cuenta de la precariedad de la seguridad en la zona. Por ello, las autoridades locales han solicitado ayuda al vecino Gobierno de Marruecos para hacer frente a este desplazamiento yihadista.
"Nosotros
hacemos lo que podemos, pero la población es cada vez mayor, los radicales son cada vez más y los mensajes extremistas están ahí,
necesitamos ayuda de donde sea porque un día esto puede estallar y luego la gente se preguntará qué hacíamos para evitarlo", denuncia a EL IMPARCIAL un agente destacado en Ceuta y que participó en la operación de la semana pasada.
Sin embargo, fuentes del Ministerio del Interior consultadas por este periódico desmienten este extremo y afirman no tener "constancia de queja alguna". Asimismo, afirman que los recursos con los que se cuenta en Ceuta y en Melilla
son los "acordes y oportunos" y que en operaciones como la de la semana pasada se las refuerza con efectivos provenientes, por ejemplo, de Madrid".
Los vínculos de la población local con la marroquí, así como la presión inmigrante sobre la valla de seguridad, que
se ha triplicado en apenas un año, hacen que Marruecos, escala previa obligatoria de todo aquel que quiera acceder a las dos ciudades autónomas desde África, juegue un papel vital a la hora de identificar posibles amenazas para la seguridad española, habida cuenta de que
la colaboración civil en las ciudades autónomas "es casi mínima", sostiene el agente.
Rabat, que ha firmado un convenido con Madrid para que efectivos policiales de ambos países puedan pasar sin problemas la frontera en actos de servicio, cuenta con un servicio de inteligencia muy efectivo en materia de redes islamistas radicales y el valor de la información que pudiera hacer llegar a las Fuerzas de Seguridad españolas, así como de su estrecha cooperación, es considerado "incalculable", afirma el agente, aunque también puntualiza que el reino alauita "podría hacer mucho más si de verdad quisiera una Ceuta o una Melilla tranquilas y protegidas".