Todo el mundo elogia la política de la Reserva Federal, y la pone como ejemplo frente a la cicatería del Banco Central Europeo. Eso es así, porque todos, o casi todos, buscan en la inflación una salida fácil y efectiva a la situación actual. Y el inflacionismo del BCE les parece escaso. La Fed se ha tomado muy en serio aquélla idea de la “flexibilidad del crédito” con la que se promovió su creación, hace 100 años, y ha enlazado dos “quantitative easing” y medio que han tenido un resultado muy magro, pero que seguramente han evitado, en este tiempo, que la economía estadounidense se ajuste más y el desempeño económico haya ido a peor.
Pero la inflación tiene sus peligros. Veamos
el análisis de María Vega. Dice que la Reserva Federal lleva seis años inyectando liquidez, con el entusiasmo general, “frente a la aparente inacción del Banco Central Europeo”. El objetivo es que esas nuevas facilidades se filtrasen desde la Fed a los bancos y de ahí a las empresas, que mantendrían y ampliarían su actividad y, por esa vía, crearían más empleo. Pero han acaparado más titulares en esta crisis por el uso que han hecho de ellas los inversores para llevar a la Bolsa americana a máximos históricos o para impulsar las compras de deuda de países como España a cambio de unas jugosas rentabilidades”.
La “droga” de los bancos centrales ha creado adictos a la liquidez. Inversores que están atrapados en deuda estadounidense o alemana. La Fed ha anunciado que cierra el grifo. Ya ve de cerca, casi puede tocar, los riesgos asociados a su política de liquidez como si no hubiera futuro. Había futuro, y éste ha llegado. No pasa nada. “Ante este tipo de cambios”, dice María Vega, “la reacción inicial de los inversores suele ser la de vender sus activos para guardar el cash en un lugar seguro”. Ahora bien, “con lo que no contaba es con la amenaza de un credit crunch en China”.
Los grandes capitales amigos de los responsables de los bancos centrales se echan a temblar. ¿Qué cosas no oirá el presidente de la Reserva Federal de Dallas, Richard Fisher, de boca de los grandes inversores con los que quede a comer? Algo así como “no me dejes colgado de la brocha”, pero en versión inglesa. Los capitales, con todo, buscan el beneficio y huyen de los grandes abismos creados por el pinchazo de las burbujas hinchadas por los bancos centrales. Y eso es lo que están haciendo.
Fisher se ha referido a los temores de los inversores, que huyen de los títulos de deuda estadounidense, en estos términos: “Creo que los que tienen mucha pasta se organizan un poco como cerdos salvajes. Si ellos detectan una debilidad o un mal olor, van detrás de ello”. Pero primero, no es así. No van detrás de ello. Huyen, huyen despavoridos del temor al hundimiento. Y, por otro, gracias a los bancos centrales, y sólo gracias a ellos, los cerdos salvajes han aprendido a volar. Normal que ahora teman la caída.