Opinión

El perdón

Germán Ubillos | Sábado 29 de junio de 2013

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El hecho de saber perdonar es una de las virtudes más humanas pero también quizá de las más difíciles, es propia de los seres superiores en el espíritu, de esa aristocracia moral que solo la detentan quienes la poseen, en los Libros Sagrados se dice que Dios perdona hasta setenta veces siete. En el monte Calvario Cristo dice al Padre acerca de sus verdugos y de la multitud que le increpaba, le insultaba y le injuriaba, “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. La misericordia de Dios es infinita si no sería prácticamente imposible entrar en el reino de los Cielos. El perdón es la otra cara de la justicia, entra dentro de la misericordia de Dios, su divina providencia abarca el futuro y su misericordia el pasado, ¿qué sería de nosotros si Dios constantemente no nos estuviera perdonando nuestros pecados y nuestras faltas?. En el padrenuestro, la oración básica elaborada y manifestada a los discípulos por el mismo Cristo se nos dice “perdona nuestras ofensas (pecados) así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. No hay justicia sin perdón y eso lo sabían bien desde León XIII hasta Benedicto XVI y ahora el papa Francisco, pasando por Pío XII , Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II.

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En todas las guerras y conflictos internacionales la resolución y pacificación verdaderas solo es posible si viene acompañada del correspondiente perdón entre las partes que debe venir unido a la justicia, pero repito sin el perdón esta nueva regeneración entre los países o entre las personas no llega materializarse y el no llegar podría suponer una enorme pérdida para ambas partes implicadas.

Cristo estableció el sacramento de la reconciliación o del perdón como fundamental, junto a la Eucaristía, al decir a Pedro ”lo que atares en la tierra será atado en el cielo y lo que desatares en la tierra será desatado en el Cielo”.

Plauto dice “es humano amar y es todavía más humano, perdonar”. Séneca decía “perdona siempre a los demás, nunca ti mismo”. En el evangelio de San Juan, en el pasaje de la mujer adúltera que va a ser apedreada hasta la muerte dice Cristo “Quien de vosotros esté libre de culpa que lance la primera piedra”(Qui sine pecato est vestrum, primus i ilam lapidem mittat).

Perdonar es difícil pero es posible, solo así se recupera la verdadera paz.

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