Crónica cultural
Domingo 30 de junio de 2013
Apoyo masivo el viernes a la candidatura de Madrid para organizar los Juegos Olímpicos que se celebrarán en 2020. Además, la película Antes del Anochecer, de Richard Linklater con Julie Delpy y Ethan Hawke como protagonistas.
Convertir a Madrid en la sede de las Olimpiadas de 2020, ese sería el sueño hecho realidad que el viernes reunió a más de 10 000 personas en la Plaza de Toros de las Ventas para escuchar a los grupos más conocidos del pop español. El próximo 7 de septiembre se elegirá en Buenos Aires, la ciudad que organizará los Juegos Olímpicos dentro de 7 años y muchos tiros apuntan a Madrid.
Grupos de ayer y de hoy, desde La Oreja de Van Gogh, Melocos, Los Secretos, Mondragón, Lagarto Amarillo, Miguel Ríos, Auryn, y un largo etc, había entre el público gente de todas las edades y numerosas familias. Se escucharon míticas canciones de la ciudad como Pongamos que hablo de Madrid que cantó Joaquín Sabina y que fue uno de los momentos más emocionantes del concierto, o, al cierre del concierto, La puerta de Alcalá, cantada por todos los artistas. Fernando Romay, ex baloncestista y la presentadora de deportes de TVE Desirée Ndjambo estuvieron ejerciendo de maestros de ceremonias. Unas 10 000 personas escucharon este concierto que duró unas cuatro horas. El concierto había sido organizado por el Comité Olímpico Español y bajo la dirección musical de Teo Cardalda, del grupo Cómplices.
“La agonía del amor”, “es más cruda la realidad que los cuentos de hadas que nos venden de pequeños” y “hay que acabar bien las relaciones anteriores para no arrastrar los problemas el resto de tu vida”, son los temas que se barajan en la película Antes del Anochecer estrenada hace unos días en España. Dirigida por Richard Linklater, es la tercera parte de la saga de la historia de amor entre el americano Jesse y la francesa Céline, Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer. La historia de la película focaliza en los momentos de desasosiego en la pareja, aburrimiento, falta de amor y verdadero cansancio vital ante los niños. Sin una semilla de esperanza mas que “esto es la realidad no creas los cuentos que te han contado de encontrar tu media naranja”, la película resulta realmente agonizante para un espectador que ha venido a ver una comedia romántica. El marco, eso sí, es absolutamente fabuloso y Grecia y el mar salen en todo su esplendor. Aunque los niños representan una parte importante de la unión de esta pareja ficticia, debo decir que salvo que Céline se queja de ser una “mujer sumisa” que se pasa el día recogiendo la casa y cocinando cenas, jactándose de no haber en la vida recurrido a una babysitter, la situación que retratan de una pareja con niños pequeños es alarmante. La mayoría de las situaciones en la película son narradas, y lo que se ve es una pareja hablando o discutiendo.
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