Alejandro San Francisco | Lunes 01 de julio de 2013
En los últimos diez años España ha logrado situarse en la cima del fútbol mundial, tanto por los resultados alcanzados por su selección y sus principales clubes, así como por la calidad de su liga, que cuenta con seguidores en los distintos continentes. Sin embargo, el tema es más profundo, y no se refiere exclusivamente a resultados exitosos, sino a una concepción del fútbol, una forma de jugar y un talento reunido que permite apreciar un deporte hermoso y con grandes jugadores.
Es verdad que la Copa Confederaciones ha concluido con un resultado amargo y una derrota clara para la selección española. Se podrían buscar muchas explicaciones: el gol tempranero de Brasil, el lapidario segundo gol antes de finalizar el primer tiempo, y por último el tercero apenas comenzada la segunda fracción, como para sepultar cualquier intento de reacción. Para mayor desgracia, España falló un penal y cualquier ilusión llegó a su fin. Esa, podríamos decirlo así, es la historia pequeña, del acontecimiento, de un partido importante pero que no explica nada. La historia más profunda comenzó hace algunos años y ha tenido numerosos logros que vale la pena ponderar.
Todo comenzó, podríamos decir, el 2008, cuando la selección española se levantó como campeona de la Eurocopa en el torneo realizado en Austria y Suiza, título que revalidó con el bicampeonato del 2012, en la Eurocopa de Ucrania y Polonia. Entremedio, llegó la máxima gloria: España se consagró como campeón del Mundial de Sudáfrica el 2010. En todos los casos mencionados, el triunfo no consistió simplemente en el título, que ya sería suficiente, sino en una acumulación de condiciones que hacían del fútbol español un ejemplo para el mundo: un portero considerado como el mejor en su puesto, el mejor juego desplegado y los mejores jugadores –con los rutilantes Xavi e Iniesta como estandartes–, goleadores de alto nivel, un coraje a todo evento. Un fútbol rápido, bonito y efectivo, el mejor fútbol de nuestro tiempo.
En el fútbol hay clubes y selecciones que marcan época. En América Latina ese fue el caso de la máquina de River en los años 40, que contaba con el Charro Moreno, el mejor futbolista de su tiempo; el Santos de Pelé en la década de 1960. En materia de selecciones irrumpió el Brasil del propio Pelé y de Garrincha, bicampeón en 1958 y 1962, selección que contó con otros grandes jugadores en esa incomparable selección de 1970 en México. El mismo país recibió nuevamente a la Argentina de Maradona en 1986, un gran equipo que contaba con un genio decisivo.
En Europa podemos recordar el Real Madrid de Distéfano, el Ajax de Cruyff, el mítico Milán de Fabio Capello o el Barcelona de Pep y de Messi. Todos ellos, en su momento, fueron los mejores equipos del mundo, llenaron estadios, ilusionaron a niños y mayores y nos recordaron por qué la pasión del fútbol es lo que es. Eel Ajax en los años 70, constituyó además la base de la selección de Holanda, la famosa Naranja Mecánica. Hay consenso en considerar que los holandeses practicaban el “fútbol total”, como se le denominó, pero que coexistió con el trauma de dos subcampeonatos seguidos en Alemania 74 y Argentina 78, sin haber podido disfrutar del máximo trofeo.
En la última década podemos hablar, sin duda, de la era de España en el fútbol. Avalan esta visión los títulos mencionados en Europa el 2008 y 2012, la Copa del Mundo de 2012. No la desmerece el segundo lugar obtenido la Copa Confederaciones en el Maracaná, contra el mismísimo Brasil. Pero también podemos hablar con justicia de la era de España porque, además de los títulos, hemos visto el triunfo del fútbol, del talento, del juego ofensivo, de los goles hermosos y de una coherencia decidida.
Como suele ocurrir en estos procesos históricos y futbolísticos, corresponde hacer la pregunta crucial de si España podrá conservar el alto nivel demostrado o bien serán unos años gloriosos destinados a ser recordados pero no repetidos. La evolución de las últimas décadas, si ponemos el Mundial de 1982 como punto de partida, demuestra que la calidad del deporte español en su conjunto se ha consolidado, en ámbitos tan diversos como el baloncesto y el balonmano, el tenis y el fútbol, por mencionar solo algunos. Hoy no es casualidad que los equipos españoles encabecen rankings, avancen en las copas europeas y obtengan títulos. Los casos del Barcelona y el Real Madrid resultan obvios, pero a ellos hay que sumar en los últimos años al Málaga, el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao, además de otros que pugnan por abrirse paso en las grandes ligas.
Lo mismo ocurre con los grandes futbolistas, muchos de los cuales juegan en la Liga española, como ha sucedido en los tres últimos años con el premio FIFA Balón de Oro, cuando los tres finalistas han sido consecutivamente del Barça y del Real Madrid, habiendo estado seleccionados Xavi Hernández e Iniesta en dos ocasiones cada uno. La selección, como se ha mencionado, es campeona o subcampeona y, lo que es más importante, juega bien y marca tendencia.
No se puede profetizar sobre el futuro del “deporte más hermoso del mundo”, como lo denomina un relator deportivo. Por ende, tampoco sabemos el lugar que tendrá el fútbol español en las próximas décadas. Pero hay un estilo que se ha impuesto y que puede perdurar, mezcla de buena técnica y fuerza, talento natural y trabajo que han dado que hablar en los últimos años, han entregado copas e ilusiones, han permitido celebraciones y multiplicado alegrías, en definitiva, nos han hecho un poco más felices.
Bien por el fútbol, bien por España.
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