Opinión

GRIÑÁN, AL BORDE DE LA IMPUTACIÓN

Luis María ANSON | Miércoles 03 de julio de 2013
José Antonio Griñán, que fracasó en las elecciones autonómicas y gobierna gracias a los escaños comunistas, es, sin duda, un hombre inteligente. Cuando se enteró de que a su amiga Maleni, la exministra Magdalena Álvarez, la iban a imputar, decidió poner pies en polvorosa y anunciar su renuncia. La juez Alaya es serena e imperturbable. Y tiene más valor que José Tomas. Cerca de un centenar de altos cargos políticos y sindicales están acusados en el escándalo de los eres, donde los dirigentes de izquierda se han forrado el bolsillo, no a cargo de las grandes empresas, sino de los trabajadores despedidos. De vergüenza ajena.
A José Antonio Griñán, la juez Alaya no le ha imputado ya porque quiere dejar las cosas atadas y bien atadas antes de que parte del caso salga de su jurisdicción. Pero el presidente sabe lo que le espera y ha tomado medidas que comprometen a Rubalcaba pero que alivian su situación. Tanto en el caso de Griñán como en el de la exministra es necesario subrayar la presunción de inocencia. A partir de ahí habrá que convenir que estamos ante el más escandaloso suceso de corrupción en la historia reciente de España. Y para colmo afecta a un centenar de nombres de la izquierda que se han enriquecido con dinero público y a costa de los trabajadores en paro.
Lo único que hay que pedir a la juez Alaya es que acelere la instrucción. Con pausa pero con prisa. El asunto no se puede pudrir en el tiempo. Es necesario que el juicio se celebre cuanto antes y que la opinión pública conozca la sentencia, caiga quien caiga.

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