Enrique Arnaldo | Jueves 04 de julio de 2013
Tenemos en ciernes una nueva lendakari, que tiene por nombre Susana Díaz y que se ha dedicado a la política desde que tiene uso de razón. Es una profesional de la cosa, de la política. Su meteórica carrera le ha permitido pasar por la mayor parte de los cargos representativos que en España existen: concejal, diputada, senadora, diputada autonómica y Consejera. Y, por supuesto, por el escalafón de los Comités del partido: local, provincial, regional y nacional. A los 39 años, la política no tiene secretos para ella. Se supone que en su ejercicio lo ha aprendido todo lo que tiene que aprender. Sus biógrafos destacan que nunca ganó un sueldo fuera de la política. ¿Para qué?.
El dedo que todo lo puede la ha designado. Se supone que es de su confianza y que va a ser leal con el dueño del dedo. Pero ya se sabe que cuando a alguien le das un cargo no pasan veinte minutos y ya se considera libre de toda herencia. Me parece que no hace mucha falta que les recuerde ejemplos, aunque me viene a la cabeza el primero de todos, Gerardo Iglesias nominado heredero de Carrillo, del que abominó de inmediato, como si no le debiera nada. Ya se sabe que hay amigos, enemigos y compañeros de partido…
El dedo designador ha señalado como triunfante a Susana Díaz –aunque formalmente deba superar el trámite de unas primarias teledirigidas-. De la mañana a la noche se ha convertido en lideresa y, a partir de ahora los hagiógrafos de turno procederán a describir con letras doradas sus dotes carismáticas. Como le dice Aída (no la de la tele, sino la de Verdi) a la hija del faraón: “Eres poderosa, eres feliz”. Así se debe encontrar Susana Díaz, quien ha empezado a sentir los cosquilleos del peloteo y el piropeo de los camaradas deseosos de conservar sus cuotas de poder y de podercillo. Y, por supuesto, deseosos de conservar su sueldo. Pero a todos los políticos les encanta rodearse de su corte de halagadores palmeros.
Dicen, en fin, los biógrafos, desconozco si con mala intención, que Susana Díaz tardó diez años en hacer la carrera de Derecho. Probablemente no estudió con beca, o al menos no conseguiría renovarla, aunque nunca se sabe por el sur. Es bastante tiempo lo de los diez años, concretamente el doble del normal. Pero es casi seguro que la política llevaba mucho tiempo a Susana Díaz y, claro, se lo preferiría quitar a los libros. De hecho, por lo que parece, nunca ha ejercido el Derecho, ni falta que hace.
En cualquier caso no es el único político que ha prolongado su estancia en las aulas. Hay preclaros ejemplos de dilatorios, y que luego han llegado muy arriba en el escalafón.
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