Opinión

A propósito de las primarias andaluzas

Juan José Laborda | Viernes 05 de julio de 2013
El presidente andaluz, secretario general del PSOE de Andalucía, y presidente federal del PSOE, José Antonio Griñán, ha tomado la decisión de convocar unas “primarias” para elegir el candidato para presidir la Junta de Andalucía. El propio Griñan ha manifestado que él piensa agotar su mandato, por lo que el candidato o candidata ahora elegido, en teoría, tendrá que esperar tres años para presentarse a las elecciones.

Confieso que el sistema de elegir candidatos por primarias según el modelo norteamericano, a estas alturas de mi experiencia política, lo creo superior a cualquier otro. Ese procedimiento electoral evita lo que hace treinta años, en Europa continental, se quiso fortalecer: la función de los partidos políticos en nuestras democracias. Ahora, los partidos políticos de molde europeo-continental se encuentran más inadaptados a esta sociedad individualista y escéptica que los partidos norteamericanos; la democracia de partidos, como la definieron Duverger, y entre nosotros, Manuel García Pelayo, está siendo sustituida por la democracia de los ciudadanos. Pero, ¡ojo!, los partidos políticos seguirán siendo básicos en unas democracias representativas, que para nada evolucionarán hacia modelos típicos de la “libertad de los antiguos”, en los que las decisiones quieren adoptarse por plebiscito, y los representantes podrían ser revocados en todo momento por la asamblea que los eligió.

También creo que un sistema electoral debe tener congruencia con el sistema político general, y con su modelo territorial y estatal. El gran Thomas Hobbes -y otros muchos después de él-, descubrió que cada método electoral se correspondía con un tipo de relaciones sociales, de propiedad, etcétera (Capítulo 15 de Leviatán).

Ocurre hoy que la congruencia no se valora. Estamos en la técnica del punto y seguido, en otras palabras, que el papel, o el discurso, lo soportan todo. Pero la realidad no puede con todo, pues sigue existiendo el límite de la congruencia. Despreciar la congruencia es propio del pensamiento “postmoderno” -que sigue influyendo en política, aunque esté en franco retroceso en otros asuntos-: la clave del “postmodernismo” fue su intento de superar la cultura de la Ilustración, con sus principios, sus objetivos y sus prohibiciones, todos ellos basados en la lógica de la Razón.

Algo de esto veo yo en las primarias socialistas andaluzas. Resulta incongruente que se hayan convocado por el presidente del PSOE, sin contar con el secretario general y la mayoría de sus colegas en la dirección del partido. Un partido, que es muy exigente con las incompatibilidades, ha mantenido en la presidencia -es decir, en un puesto simbólico de la unidad interna (así fue con Ramón Rubial)- a los dos últimos secretarios generales de Andalucía: Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Lo que se justificó como un acuerdo de integración, ha acabado mostrando que existen, al menos, dos estrategias electorales.

La convocatoria de estas urgentes primarias adolece de una explicación convincente. La darán, o se acabará sabiendo. No obstante, en mi opinión, creará una dinámica nueva en el socialismo andaluz. Quién gane las primarias, tendrá una autoridad por encima del secretario general del partido. Mientras sea Griñán presidente de la Junta, la dualidad de poderes tendrá un cierto equilibrio, pero después, o lo ocupa el candidato elegido en las primarias, o lo ocupa alguien que esté completamente identificado con él. La otra posibilidad es la vuelta a la llamada -con aprensión- “bicefalia”.

Uno de los problemas que he visto en estas primarias ha sido que son incongruentes con el sistema electoral de listas de candidatos, cerradas y bloqueadas. Dejando aparte el hecho de que un presidente de Gobierno (autonómico o nacional) es elegido por el parlamento, y no directamente por los ciudadanos -y el hecho no es baladí-, ¿por qué las primarias se limitan al candidato principal y no se extienden, al menos, a los demás cabezas de lista? Esta pregunta no es ingenua. Las primarias se generalizarán para los principales puestos, bien porque así el partido se deshará de los representantes incómodos, o bien porque estos representantes, para sobrevivir frente al aparato partidario, buscarán en el voto de las primarias un poder equivalente.

Mientras las primarias sean un derecho sólo de los afiliados, el riesgo será que el pluralismo interno (¡y no sólo el ideológico!) disminuirá. Un partido político, por definición, nunca es representativo en su composición de la sociedad; los afiliados representan sólo a una minoría social que aspira a poseer el poder para influir en las instituciones.

Ese es el problema de unas primarias sólo para afiliados. Debilita las estructuras y la autoridad del partido, pero no aumenta el pluralismo interno. Las primarias deberán extenderse a todos los potenciales votantes para que sean verdaderamente democráticas. Sólo así el pluralismo de los ciudadanos individuales entrará dentro de los partidos políticos. Pero al mismo tiempo, el modelo con muchos partidos tenderá a desaparecer. En Estados Unidos, en Chile, etcétera, donde las primarias son reguladas por leyes estatales, en la práctica, el pluralismo partidario queda reducido a dos grandes opciones, eso sí, con una gran diversidad de propuestas dentro de cada una de ellas.

Aunque con los problemas de incongruencia, las primarias del socialismo andaluz serán un paso irreversible. El PSOE andaluz asume el riesgo de lo desconocido. La impresión de que algo tan decisivo fue acordado sin reflexión en el seno del partido, crea dudas; no se ha explicado la prisa en convocar las primarias. En cuanto al PSOE federal, detrás del slogan de que no se altera su propio calendario, se adivina mucha preocupación. Y es lógico: un cambio en los sistemas electorales puede modificar profundamente el sistema de partidos. En Europa existen varios ejemplos.

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