Opinión

Egipto: ¿Y ahora qué?

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 06 de julio de 2013
Resumamos los acontecimientos. Hace apenas unos días se conmemoraba el primer año de Gobierno de Morsi, el Presidente miembro de los Hermanos Musulmanes salido de unas elecciones con el 51,7 % de los votos. A lo largo de ese año, Morsi intentó controlar todos los resortes del poder en Egipto desde la magistratura hasta los servicios de inteligencia. Con él, culminaba un camino hacia el poder que había durado más de ochenta años. Los Hermanos Musulmanes –perseguidos, torturados, subversivos siempre- habían conquistado el poder democráticamente y no parecían dispuestos a soltarlo.

Sin embargo, tal vez no pensaron que el poder podría soltarlos a ellos. Con una situación económica que se deteriora día a día, a los jóvenes urbanos se les ha agotado la paciencia. La frustración después de un año de gobierno ha ido unida a la creciente impopularidad de Morsi entre las clases medias de las ciudades egipcias. A veces, uno no sabía si las decisiones las tomaba Morsi o el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badia. Junto a la oposición laica y a la minoría cristiana copta, que ha sufrido cada vez más actos de violencia desde la caída de Mubarak, hace algo más de tres meses apareció el movimiento Tamarod (Rebelión), que agrupa a su vez a diversos grupos de naturaleza muy distinta que van desde el movimiento revolucionario 6 de Abril al Partido de la Constitución de El Baradei. Ahora bien, si usted creía que todo estaba claro, llegan los salafistas del partido Al Nur, que llevan semanas aproximándose a la oposición.

Y ésta es la primera debilidad del movimiento opositor. Los Hermanos musulmanes están acostumbrados a la persecución, a la clandestinidad y a la movilización social de protesta. Desde que se convocó a las masas en apoyo de Morsi, la violencia ha crecido. Cuando termino esta columna hay más de 30 muertos. Se ha sustituido al jefe de los servicios de inteligencia y las manifestaciones se han extendido a todo el país trascendiendo el escenario cairota, importantísimo, sí, pero limitado. Egipto es un país muy grande y los Hermanos son poderosos en el campo y en las localidades del interior, donde llevan mucho tiempo cubriendo necesidades básicas de la población en una mezcla de asistencia social y propaganda política.

Aparte del rechazo a Morsi, los opositores no tienen demasiado en común. Tarde o temprano tendrán que abandonar la plaza Tahrir y entonces comenzará el segundo tiempo del combate. El ejército ha actuado como árbitro en esta ocasión, ¿volverá a hacerlo si las fuerzas opositoras no se ponen de acuerdo para gobernar el país? Un Estado democrático no puede funcionar bajo la tutela militar.

Por otra parte, los apoyos internacionales han sido de lo más variado. A nadie le gusta hablar de golpe militar –a fin de cuentas, a Mubarak lo dejaron caer porque sólo el ejército lo sostenía- pero está claro que el proceso no ha sido un ejemplo de democracia sino más bien la prueba de que los controles del Estado sobre el poder ejecutivo y la propia separación de poderes ha fracasado. Si el Presidente se excede, no hay otro cauce que la fuerza militar para destituirlo salvando así la patria. Peligro a la vista. Los cauces de una democracia para articular una destitución deben ser otros.

Por fin, queda la reacción de los Hermanos, que han pasado por todo desde su fundación. Habrá que ver si deciden participar de nuevo en el juego democrático con el ejército de árbitro. Podrían negarse a reconocer al nuevo Presidente, recurrir a la desobediencia civil, la resistencia pasiva o tal vez algo más. Los Hermanos Musulmanes han recurrido históricamente a la violencia y al terrorismo y eso alimentó una espiral de acción-reacción aterradora. Recordemos que en Gaza gobierna Hamás, la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, y que la Franja es uno de los principales puntos de desestabilización regional.

¿Y quién garantiza que los Hermanos no se congregarán en Tahrir para deponer al siguiente presidente elegido? ¿Y si a los salafistas no les gusta el que goce del apoyo de los coptos y los laicos?

Parafraseando a William Hague, lo malo de estas cosas es que sientan precedentes.

TEMAS RELACIONADOS: