Opinión

Berlusconi: ¿de Silvio a Marina?

Andrea Donofrio | Domingo 07 de julio de 2013
Como si se tratará de una serie televisiva tipo Dinastía o Dallas, dentro del Partido de Berlusconi se debate la posibilidad de que el poder pase de las manos del cavaliere a su hija, Marina Berlusconi. El centro-derecha italiano quiere cambios y tras la clásica operación de maquillaje político del partido, que ha pasado a llamarse nuevamente Forza Italia, se está pensando en un nuevo líder para las próximas elecciones. El nombre de Marina Berlusconi parece cada vez más un “secreto a voces”, siendo un rumor que circula desde hace tiempo y que, ante la probable condena y la inhabilitación para el ejercicio de un cargo público del magnate milanés, suena cada vez más fuerte.

No obstante resultan necesarias algunas reflexiones previas. En primer lugar, Berlusconi agotará previamente todos los mecanismos y medidas para presionar a Gobierno y Magistratura en el intento de obtener una reforma de la Justicia o, al menos, su inmunidad. Aunque parece difícil que Berlusconi retire su apoyo al Ejecutivo de Enrico Letta forzando su caída, ya que sería un acto demasiado burdo, lo más probable es que intente chantajearle y obligarle a asumir decisiones en su interés vinculándolas, supuestamente, a la supervivencia del Gobierno. Asimismo, intentará plantar cara a los Magistrados utilizando su poder político y televisivo, movilizando las plazas y amenazado al frágil Gobierno de coalición.

En segundo lugar, la reacción del partido. Aunque pueda que se levante alguna voz crítica, la candidatura de Marina obtendrá una amplia aceptación interna. Las mismas personas que votaron “ingenuamente” en el Parlamento a favor de Berlusconi creyendo que había intervenido en defensa de Ruby porque era la “sobrina de Mubarak” aceptarán sin rechistar su decisión. Los parlamentarios del PdL o Forza Italia saben que la existencia del partido depende de Berlusconi, tratándose de un partido personalista, creado a su imagen y semejanza, que se apoya sobre una base de clientelismo, populismo mediático y fidelidades personales. El partido se ha convertido en su corte y, esta visión personalista ha conllevado que él tenga el derecho de expulsar a los cortesanos –incluso de destituir a los miembros del Gobierno-, tratándoles, caprichosamente, como personal de servicio y repartiendo regalías por su obediencia y fidelidad. Como recordaba Sartori, dentro del partido, “nadie siquiera le chista. Los ministros del partido de su propiedad lo son por gracia recibida. Vuelven a sus casas sin una queja si así lo decide el patrón”. Por eso no debe extrañar que Michaela Biancofiore, Daniela Santanche y Lara Comi, entre otros, hayan mostrado públicamente su apoyo, de forma servil y confirmando una vez más el famoso refrán que dice que a veces es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar cualquier tipo de duda.

El paso del testigo no sería algo novedoso en la política europea, ya que lo mismo hizo Le Pen con su hija Marine, que tomó las riendas del Frente Nacional en Francia. No sólo puede resultar la manera más fácil para perpetrar el apellido en la política, sino también de conservar el mismo estilo e igual programa. Marina Berlusconi, una de las mujeres más rica de Italia, podría ser investida públicamente, pese a su falta de experiencia política, obteniendo la leadership de forma hereditaria, un gesto más bien monárquico. Y, para algunos podría representar el “Renzi del centro derecha”, es decir, un candidato joven y “nuevo” como el alcalde de Florencia, su coetáneo, que se perfila como posible candidato del centro-izquierda (aunque le espera una larga lucha intestina para hacerse con el control del Partido Democrático).

Aunque la noticia ha sido nuevamente desmentida, parece parte de una estrategia para ganar tiempo, sondear el terreno y completar la sucesión y la formación política de la cavaliera. Puede que sea el plan B, pero Berlusconi no parece desdeñarlo. A contrario. El ex presidente sabe que su hija se ocuparía de manera entregada de sus asuntos y haría lo posible para garantizarle la impunidad. Una vez más, en la política italiana, la “res publica” podría convertirse en un asunto de familia, en este caso, la familia Berlusconi.

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