El Fútbol Club Barcelona ha decidido desprenderse del mejor delantero de la historia de la selección española ante la llegada de Neymar y el descenso en el rendimiento de Villa. El asturiano, que ya se sabía fuera del Barça desde los últimos meses de temporada, se aferra ahora al Atlético de Madrid para salvar el epílogo de su exitosa carrera y, de paso, recuperar su puesto en la delantera de España.
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No sabía que había un trofeo al mejor jugador y estoy muy contento también por recibirlo pero he estado a punto de quedarme sin el balón, el árbitro se lo llevaba y menos mal que el inglés de Pepe (Reina) me ha ayudado a conseguirlo", confesaba
David Villa, todavía abrumado por el nivel particular alcanzado en el debut de la Selección Española en la Eurocopa de Austria y Suiza. Aquel martes, 10 de junio de 2008, el futbolista asturiano firmó un
hat-trick ante la complicada Rusia con el descaro que ha acompañado desde juvenil a este atacante voraz, al que no amilana el escenario más pomposo ni las barreras históricas que atenazaban a nuestro país. Con su exhibición goleadora abrió el camino hacia el primer entorchado del histórico lustro que ha disfrutado el balompié nacional.
Tras
alcanzar el estatus de mejor delantero español gracias a su insaciable puntería y defender esta lujosa posición con brillantez en su estancia en
Valencia, Villa creció aún más para situar su
techo goleador en la Liga BBVA en 28 tantos -44 en todas las competiciones oficiales-, conseguidos en la temporada posterior al Europeo. Arrinconando la opción de acomodarse en sus réditos, y con la consabida
red de encantadores que Real Madrid y Barcelona habían dirigido hacia el asturiano con dos negativas abruptas del club ché como cortafuegos, el “
Guaje” siguió trabajando en Mestalla para explotar su habilidad y conocimiento de los mecanismos que funcionan en el área rival. El jugador, que
arrancó con absoluta legitimidad a Raúl de la delantera de la selección, confirmó las expectativas en el siguiente ejercicio, liderando de manera absoluta a un equipo en el que también figuraban artistas como David Silva, Juan Mata, Joaquín Sánchez o Ever Banega. Es entonces cuando la bomba estalla:
el Fútbol Club Barcelona, que había fichado 11 meses antes a Zlatan Ibrahimovic (delantero centro) por 46 millones de euros, pagaba 40 por Villa. El ariete español fue presentado en loor de multitudes el 21 de mayo de 2010. En su frenética toma de contacto con el universo blaugrana, el propietario del gol en la selección española más laureada de la historia prometió esfuerzo en la defensa de su nueva camiseta:
"Me dejaré la vida por este club porque, para mí, estar aquí es un honor, un orgullo y un paso muy importante para mi carrera". "Con mi granito de arena intentaré ayudar para que el Barça siga ganándolo todo", concluyó. Las necesidades económicas del Valencia propiciaron que su estrella eligiera destino y escogió compartir vanguardia con el todopoderoso Messi y el floreciente Pedro.
Con este estruendo se publicó el fichaje del verano y con la urgencia con la que se cerró la transacción, el futbolista
se incorporó a la convocatoria de Vicente del Bosque para el Mundial de Sudáfrica. En aquel legendario torneo, es de dominio público que Villa rindió en un plano superior erigiéndose en el único ejecutor de la máquina de juego española. Directamente
de sus botas nacieron los goles que ganaron los cruciales -tras la volcánica derrota inicial ante Suiza-
segundo y tercer partido de la fase de grupos (ante Honduras y Chile) y
certificaron la clasificación a cuartos de final ante Portugal y a semis ante Paraguay. Elevado en los réditos que el trabajo desarrollado en Mestalla para fortalecer su olfato goleador, El “Guaje” solo cedió protagonismo a Iniesta y Puyol. El campeonato fue suyo.
Quedaba por delante la
adaptación al esquema ideado por Guardiola. Un guión que no admite a futbolistas que solo se desenvuelvan en una posición. Un dibujo que
para el oficio de delantero centro no buscaba una nueva pieza desde que Pep incidió en que Leo ocupara ese lugar del césped y consiguió desarrollar al mejor Messi hasta el nivel actual. Esta reserva de la posición de punta central en beneficio del crecimiento de la leyenda de la “
Pulga”
había desquiciado a Ibrahimovic unos meses antes y
sacaría, más adelante, a la perla de la cantera blaugrana,
Bojan Krkic. Villa, pieza goleadora indiscutible con la elástica de la selección nacional desde que Luis Aragonés le incluyera en la previa del Mundial de Alemania de 2006, se veía obligado ahora a
actuar pegado a la cal, trazando diagonales, desmarques a la espalda de la zaga rival, abrir espacios para la entrada de Iniesta, Messi o Álves y a afinar su capacidad combinativa en grado sumo. Nada de remates desde el centro del área. Se acabaron los controles en el pico del área, el caracoleo y el disparo.
Se imponía sobrevivir lejos del área. El goleador sabía que con este paso sacrificaría un puñado de goles a cambio de títulos y, de paso, se vería, por primera vez desde que desembarcó en el profesionalismo, desplazado del protagonismo en la delantera.
El “granito de arena” que Villa prometió en su presentación se tradujo con rotundidad en la decidida
influencia que sus movimientos y asistencias representaron para la multiplicación exponencial de los goles anotados por Messi, el mejor jugador del mundo. A pesar de esa cesión de galones, de
solo haber jugado 15 partidos completos de las 34 jornadas disputadas, el “7” de España supo mantener la concentración que le llevó a crecer en el Valencia y se guardó dos momentos memorables para su carrera. El primero se vivió en el Camp Nou, el 29 de noviembre de 2010.
David enchufó dos aguijonazos al nuevo Madrid de Mourinho en la simbólica manita con la que el Barça dio la bienvenida a la Liga al técnico luso. El segundo
highlight de su carrera blaugrana, y el más importante, llegó también en aquella primera temporada de ensueño. El 28 de mayo de 2011, en el mítico coliseo londinense de Wembley,
sentenció la final de la Champions con un golpeo fino que se alojó en la escuadra del meta del Manchester United, Van der Saar.
Sin embargo, la evolución de este delantero único en el paisaje español sufrió un frenazo considerable en la temporada siguiente. El Barça decidió incorporar a su ataque a
Alexis Sánchez, el mejor futbolista de la Serie A, una pieza que se ajustaba mejor al esquema de Guardiola: el rol de atacante veloz que juega en banda, asignado a Villa, encontraba una asimilación mayor a las características del
Niño maravilla chileno.
Otra pieza más que añadir al reparto de minutos de juego. Un reparto en el que el futbolista asturiano comenzaba a quedar relegado a un
destacado segundo plano de manera explícita. En los partidos disputados por David hasta que le atropellara el infausto punto de inflexión de su carrera, su número de partidos completos disputados se
redujo a la mitad de las participaciones.
Cada vez más suplente. Cada vez menos titular. En aquella inercia, obligado a darlo todo ante rivales menores para ganar minutos, el 15 de diciembre de 2011, trató de cazar un remate al primer toque ante el débil Al Sadd qatarí en la Copa Intercontinental sin éxito.
Se fracturó la tibia de la pierna izquierda. Cinco meses de baja. Llegaría muy apurado a la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Eso sí, ya en el dique seco, Villa apuntó a su palmarés la Copa Mundial Fifa de Clubes de 2011 y la Copa del Rey 2012.
Tras ver la Eurocopa por televisión y comprobar como Vicente del Bosque experimentaba y se convencía de la viabilidad de rehusar alinear a un delantero centro, el punta sportinguista afrontaba una nueva temporada en
Can Barça con hambre de títulos y de aportar su “granito de arena”. Pero ya nada resultaba parecido a la conexión del delantero centro reconvertido en extremo con sus compañeros. La erosión consecuente a la lesión y el proceso de recuperación unido al inexorable paso del tiempo han actuado en contra del renacimiento de Villa. Aunque el “
Guaje” aseguró en la previa de la funesta eliminatoria ante el Bayern de Munich en Copa de Europa que estaba
“recuperado al 100% de la lesión y en mejor forma que en otros años a estas alturas” de calendario, los datos han constatado que el declive como jugador del Barça se había tornado irreversible. El goleador que enamoró a Europa en Sudáfrica ha firmado en 2013 sus peores guarismos en la Liga BBVA desde que debutara en Zaragoza:
28 partidos disputados, 17 como titular y solo 5 completados. Sin embargo, ha sumado otra Liga a su carro de títulos. En una suerte de macabro giro del azar, cuanto peor ha resultado la actuación individual, más títulos ha ganado en el universo de los clubes.
Es ahora cuando el
Atlético de Madrid y el Cholo Simeone entran en escena para extender un cabo a Villa, para que el naufragio sufrido en la experiencia catalana no le cueste al mejor goleador en la historia de la Real Federación España de Fútbol, además de su prestigio,
un puesto en la selección de Del Bosque de cara al Mundial. David ha comprobado en la Copa Confederaciones, de facto, como su
rol en el bloque nacional ha caído hasta asimilar su participación a la de Roberto Soldado, el recién llegado. Olvidado en el banquillo en los momentos en los que se deciden los campeonatos. El paso del tiempo, con 31 años de edad, convierte la maniobra del
resurgimiento de Villa en una contrarreloj en pos de recuperar el
protagonismo merecido y perdido por la cesión de responsabilidad goleadora ante Messi -con el consiguiente desplazamiento a una banda, posición que no ha ocupado ni ocupará en el esquema de la “
Roja”- con una expresión práctica de esta renuncia de aliño: en el estadio granadino de Los Cármenes, el astro argentino propinó al asturiano un bronca sensacional tras no ceder un balón que permitiera a Leo anotar otro gol, que recibió como respuesta una reacción de notable timidez, como la que ofrece un vasallo a su rey.
Pero
Villa acepta el reto colchonero con la raza con la que se erigió en el ejecutor de la España que cambió la historia del fútbol internacional. Con el descaro con el que marcó un penalti a Francia en los octavos de final del Mundial de Alemania, sin haberse visto en una pugna internacional similar, con 25 años. Ha aceptado ejecutar una
rebaja en su sueldo considerable para pelear por minutos con el guerrero Diego Costa, con la juventud impredecible de Adrián y la nueva perla brasileña, Leo Baptistao. La
alargada sombra de Falcao se cernirá sobre los hombros de los atacantes con total seguridad si no cubren la mareante cuota de dianas que aseguraba el exuberante colombiano. Villa, que
firmó con el Barça una cláusula de 200 millones de euros cuando disfrutaba de 28 años de edad, acaba de ser
traspasado, tres años después, por algo más de 5 millones. El declive futbolístico, como no podía resultar de otro modo, se ha traducido en el apartado económico.
Sin embargo, cuenta con todo el apoyo de un club que se desvive por seguir creciendo.
“El '9' del atlético es Villa y puede suplir muy bien a Falcao", ha declarado
Enrique Cerezo este mismo lunes. Pues bien,
el mejor delantero centro de la historia de nuestro balompié regresa, tras tres temporadas de exilio, a su posición natural. Allí donde es letal, donde el paso de tiempo se mitiga con la astucia innata, con la depuración del inherente olfato de gol de los atacantes con
pedigree. El reto está servido, como también se presentó ante el “
Guaje” cuando debutó en Primera, cuando fichó por el Valencia o cuando Luis Aragonés gestó la España gloriosa de la que es referente destacado. Todos ellos superados satisfactoriamente, por cierto.
Más que contra la sombra de Falcao, David luchará en el Calderón contra su propia sombra.