José Antonio Ruiz | Viernes 12 de julio de 2013
Al paso que vamos, acabaremos pensando que la España de la trinca y el trinque, país de Torquemadas y falsos conversos, está atiborrada de delincuentes; aunque siempre nos quedará el triste consuelo de saber que son nuestros delincuentes.
España, camina o revienta, va a necesitar un abogado de oficio que supla a los desertores que han renunciado a su defensa. También a este cronista encabronado le gustaría creer que España sobrevivirá y saldrá adelante a pesar de España. Pero los hechos inducen a temer lo contrario.
Es difícil encontrar en la Europa supuestamente civilizada un Gobierno que acumule más cupones de puntos que el español para ser “derrocado” en las urnas por su autismo político, su infumable desprecio al administrado, y su inquietante impasibilidad ante atropellos de la razón y del estado de derecho que urgen de respuestas explícitamente contundentes, pongamos por caso las escaramuzas golpistas del cantonalismo fascistoide, que aguarda agazapado su oportunidad de gritar ¡Viva Cartagena!
No sé, aunque lo barrunto, quiénes serán los lamelibranquios que aconsejan al Faraón de Moncloa la doctrina del «laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même» (Dejad hacer, dejad pasar, el mundo va sólo). Pero bien que nos están jodiendo a todos.
Nos es una leyenda urbana que Rajoy tiene dos montones de papeles apilados a cada lado de su mesa: cosas que el tiempo ha resuelto, y cosas que el tiempo resolverá. Su inadmisible silencio de pasma cataplasma puede que no sea una estrategia de defensa en evitación de males mayores, sino un síntoma mudo de puro acojone. ¿Y a mí quién me rescata? –debe estar pensando.
Ahora bien, igual que abjuro del Marianismo merengón, incapaz de defraudar a nadie porque jamás levantó ninguna expectativa, añado que ningún Gobierno, ni el egipcio ni el ibérico, merecen ser tumbados por la vía del golpe encubierto de Estado orquestado por resortes de poder parapolítico.
La historia se repite cada cuánto. Más de lo mismo. Transición inacabada. Nadie respeta a nadie. Los políticos ya no quieren ser princesas, sino periodistas, y a muchos periodistas les sabe a poco su oficio y terminan metiéndose a políticos. ¡Ay, el poder! La ambición por el trono no conoce límites ni patrias.
Ahora bien, igual que digo lo que digo, digo lo otro, o sea. El colmo sería que ahora saltara al ruedo un clon del vicepresidente Serra para decir, como acostumbraba Narcis en los tiempos convulsos del felipismo, que en este país hay gentes que sólo piensan en desestabilizar España.
Como Raúl Rivero, pienso que en una sociedad enferma por la corrupción y la hipocresía (y la española lo es), nadie es más peligroso para el poder, ni nadie es más necesario que un periodista libre.
Tiene narices que el PP se haya apuntado a la teoría del sainete conspirativo, en un intento de abatir al mensajero y de fijar la agenda-setting al respetable, dando por supuesta su incapacidad para pensar por sí mismo, y arrogándose el derecho a decidir cuál es el menú noticiable según conveniencia. Pero por idéntica regla de tres, tendría huevos trilleros que los de siempre se hubieran propuesto precipitar la caída del apurado Mariano por el simple gusto de tener una erección de vanidad y de paso vender periódicos.
No dudo que Ramírez busque la verdad; lo que parece evidente, a mi incrédulo entender, es que únicamente está interesado en una parte de esa verdad, dosificada y supeditada al Pulitzer Prize y a su particular carrera política.
Ego mayestático. Portada del periódico que dirige. ¿Periodismo? ¡No! Política por otros medios. Parece como si ninguna conspiración mediática pudiera ser digna de ser considerada como tal si no participa en ella Ramírez, el novio de todas las bodas y el muerto de todos los funerales, a quien por supuesto deseo larga vida. Aun así, con todas sus fobias, le asiste el derecho a contar lo que sabe, pues primero son los hechos y sólo después las intenciones, caiga quien caiga.
Lo que va de la fotocopia al original. «Spain Bárcenas affair: Documents implicate PM Rajoy» (BBC News). Tiene guasa que el diario El Mundo saque ahora la cara por El País, y que Pedrojota venda una exclusiva que ya publicó como exclusiva Cebrián. Para estar así, que se casen y en adelante escriban a dos manos editoriales conjuntos, como en su día la prensa catalana del Régimen. Dos periódicos enemigos unidos en el mismo frente ¡Qué fuerte! Y lo que todavía nos queda por ver.
No tiene un pase que Mariano siga sin decir ni pío una semana después de que El Mundo se echara a los kioscos diciendo, por boca del ex tesorero, que el Partido Popular se ha podido estar financiando ilegalmente durante veinte años, y que parte de esa financiación en negro a cambio de contratas iba destinada a sobresueldos a la cúpula del partido, incluido el presidente Rajoy, que presuntamente siguió percibiéndolos aun siendo ministro.
Si Bárcenas, sólo o en compañía de otros, es capaz de encontrar la manera de inculpar al partido sin inculparse a sí mismo, Mariano tendrá que dimitir ipso facto. La indecencia no prescribe. Mejor cerdo que gallina cuando toca hablar de huevos con bacon: la gallina se compromete, el cerdo se implica.
En su conciencia cargará, no tanto haber mentido, sino haber propiciado que esta España encanallada acabe reventando definitivamente, una vez en manos del Frente Popular anti sistema que espera el momento de mayor debilidad para tomar al asalto la Bastilla de la Moncloa y de la Zarzuela. Nos merecemos todo lo malo que nos pase.
La España de Luis Candelas. De cabestros que huyen hacia adelante y chupinazos en la línea de flotación de la decencia política. De encierro sanferminero, a encerrona. ¡Todos al trullo!
No tienen vergüenza, ni los unos ni los otros. Día llegará que políticos y periodistas pasarán por delante de la puerta de un banco y sonarán las alarmas.
La noticia no es que la Junta de Andalucía pagará la defensa de los altos cargos imputados por la jueza Alaya en el caso de fraude de los ERE, sino que los contribuyentes, encima apaleados por este atajo de presuntos chorizos, tengamos que apechugar con la minuta de sus abogados. ¡Váyanse ustedes a la mierda! Alego indefensión.
Ahora que los dos rombos a punto están de volver a las pelis de la tele, a las pantallas del cine y a Internet, no estaría de más que Mariano sopesara también (antes de marcharse) reimplantarlos en los telediarios y en los periódicos, que llevan camino de tener en las páginas de contactos su sección más decente.
¡Aterroriza pensar que cada día sean más quienes piensan que con Franco se vivía mejor! A cuento viene lo dicho esta semana en ABC por don José Utrera Molina, suegro de Ruiz-Gallardón, que fue dos veces ministro durante la Dictadura, con Carrero Blanco y con Arias Navarro, y que ahora ha vuelto a pedir la derogación de la Ley de la Memoria Histórica, y la vuelta de las estatuas ecuestres de Franco a sus pedestales.
Happy end! La dulce muerte de España. Lo que este país necesita no son donaciones anónimas, sino una transfusión de sangre. Digo lo que dice Bertolucci: «estamos asistiendo al suicidio de la democracia», y al portavoz parlamentario pepero Alfonso Alonso sólo se le ocurre llamar a Bárcenas «delincuente», cuando mientras no se demuestre lo contrario, es inocente. (…) Aquí lo único “real” es el “derrière” de la princesa.
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