España está recuperándose de su grave crisis económica. Pero aún son muchos los peligros a los que se enfrenta. ¿Son suficientes como para amenazar la recuperación? Por José Carlos Rodríguez
Los signos de mejora de España son cada vez más aparentes. La competitividad está mejorando, con dos ámbitos en los que se puede apreciar: por un lado la mejora en la presencia de los
productos españoles en el exterior, y por otro el mayor
atractivo para las inversiones foráneas. Ambos procesos, que son dos caras del mismo, contribuirán eventualmente a que se recupere la producción y se cree empleo.
Pero al mismo tiempo hay desajustes y riesgos que aún atenazan nuestra economía y alguna otra de la eurozona. Por un lado los problemas
bancarios, sobre todo relacionados con el mercado inmobiliario. Esta cuestión es especialmente grave en España y en Irlanda. Y, por otro, la
creciente deuda de los Estados, cuyo ritmo de aumento es cada vez menor, pero sigue alimentándose.
Según un reciente
informede Natixis, “para evitar que estos países”, en referencia a Italia, Portugal, Irlanda, Grecia y nuestro país), “recaigan en una crisis financiera”, por la deuda soberana y el sistema bancario, “o en una crisis social”, por el desempleo, “la recuperación que está en marcha tiene que detener la espiral negativa de los ratios de deuda pública, desempleo, y préstamos bancarios que no se devuelven, antes de que éstos provoquen otra crisis”. Por desgracia, considera que esta situación no se ha dado.
En España, los salarios por hora han dejado de crecer, y los costes laborales unitarios caen desde 2009. Esto lleva a una mejora en las exportaciones, algo que se da también en
Portugal. En estos dos países, más en Irlanda, hay un aumento de la inversión productiva. La producción industrial remite todavía en España, pero crece tanto en Portugal como en Irlanda. Los beneficios empresariales se están recuperando en nuestro país, en
Grecia y en Irlanda. Y el empleo cae sin remisión, excepción hecha de Irlanda.
Este es el cuadro de la recuperación en los países del euro con problemas. “Estos signos de mejora”, dice el informe, “deberían llevar, eventualmente, a una recuperación de la actividad y el empleo. Pero estos países”, añade, “todavía están afectados por los efectos que resultan de la crisis”.
¿En qué se ve la persistencia de la crisis? En la caída en la actividad general y especialmente en la construcción, en un sector bancario al que le cuesta cobrar sus créditos, y en las restricciones crediticias. Por el lado de la política fiscal, la austeridad en el gasto se complementa con aumentos de impuestos (en Irlanda no son muy significativos).
Por tanto, “hay una dinámica negativa que se refuerza en estas economías”. El
aumento del paro y la caída en los salarios afectan al sector bancario, que a su vez restringe el crédito a las empresas. Esto lleva a un crecimiento nulo o negativo, lo cual a su vez dificulta la carrera contra el déficit. El crecimiento de la deuda amenaza, a su vez, la financiación al país, lo cual pone en riesgo la recuperación.
No está todo perdido. Al contrario; la situación de la economía está mejorando. La cuestión es que los efectos negativos de la espiral de la crisis no se acumulen hasta un punto en el que echen abajo la espiral positiva de competitividad y recuperación.