Sábado 13 de julio de 2013
Los días pasan, y Rajoy sigue sin pronunciarse acerca de las últimas revelaciones del caso Bárcenas. Es lamentable que la agenda política de este país la marque un sujeto como el ex tesorero del PP, casi tanto como el clamoroso silencio del Presidente del Gobierno a este respecto. Rajoy nunca ha sido persona de acción. Se siente mucho más cómodo estando en un segundo plano que figurando, como sucedía en la época de Aznar. Pero en ocasiones resulta imperativo salir a escena, y más en un asunto tan grave como este.
Con su silencio, Rajoy da argumentos a una oposición que cada vez utiliza más el “quien calla, otorga” y plantea dudas en una ciudadanía perpleja ante el hecho de que alguien como Bárcenas pueda mantener en jaque a todo un partido. La militancia, por su parte, está desconcertada ante la palmaria ausencia de respuesta de su líder. Sólo en Madrid Esperanza Aguirre parece tener claras las cosas, aspecto éste que escuece -y mucho- a gran parte del establishment de Rajoy.
No es cuestión de utilizar argumentarios fotocopiados -habida cuenta del daño que hacen las fotocopias al partido- que glosen la honradez del Presidente, ni arrojar balones fuera contraatacando con otros casos. Por más que el PSOE tenga los ERE, nada tiene eso que ver con los papeles de Bárcenas. Ahora a quien corresponde dar cuenta de lo que está pasando es a la actual cúpula del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza y en el Congreso: en eso consiste un régimen parlamentario. Y desde luego, parapetarse tras los ERE y guardar silencio es lo más alejado de una reacción responsable y convincente.
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