Luis María ANSON | Martes 16 de julio de 2013
Obligado por una conferencia de Prensa ineludible, Mariano Rajoy dio una explicación vaga sobre el asunto Bárcenas. Fue insuficiente pero más vale poco que nada. A mí manera de ver no es ese el camino. El presidente tiene la obligación moral ante la opinión pública de comparecer en el Congreso de los Diputados y aclarar la tormenta desencadenada sobre su cabeza por el extesorero del PP.
Un diez, en todo caso, para María Dolores de Cospedal. La presidenta de Castilla-La Mancha hizo lo que debía hacer. Compareció a cuerpo limpio, aceptó todas las preguntas y contestó con rotundidad. Bárcenas está basureando desde la cárcel a una buena parte de los dirigentes del PP. Cospedal le acusó de forma rotunda de emplear la calumnia y la mentira.
Al juez, como es natural, le corresponde sentenciar lo que hay de verdad y lo que hay de falsedad en las declaraciones de Bárcenas y en los papeles aportados. María Dolores de Cospedal ha cogido el toro por los cuernos y ha negado todo lo que a ella, directa o indirectamente, le concierne. Ha sido un paso adelante para que la opinión pública tenga elementos de juicio distintos a los vomitados por el encarcelado Bárcenas.
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