PIE DE FOTO
Ejemplo indudable del cine propio de esta época calurosa, la cinta dirigida por Louis Leterrier que acaba de estrenarse en nuestro país apuesta claramente por el espectáculo a base de trucos y escenas muy visuales en claro perjuicio de una trama más construida o, al menos, más convincente. Arranca el filme presentándonos a los magos protagonistas antes de conocerse entre ellos y pasar a formar parte de un grupo llamado Los Cuatro Jinetes, que debutarán juntos un año después dejando boquiabierta a la audiencia del hotel de Las Vegas donde actúan. Y no es para menos, porque, después de algunos de los trucos habituales, el ilusionista Daniel Atlas, a quien da vida Jesse Eisenberg, el mentalista Merry Mckinner, en cuya piel se mete Woody Harrelson, acompañados por Wilder (Dave Franco) y Henley (Isla Fisher), se disponen a robar en directo – con la colaboración de un espectador elegido al azar – la cámara acorazada de un banco situado en París. Nunca mejor dicho, como por arte de magia, el dinero aparece de repente cayendo desde el techo sobre las agradecidas manos de los alucinados asistentes al espectáculo. Está claro que, una vez conseguido tan mágico y lucrativo número, también la policía se va a interesar por este grupo de magos contra los que, en realidad, no podrá probar nada y a quienes tendrá que volver a poner en libertad.
El agente especial del FBI encargado de tan extraño y surrealista atraco, interpretado por el siempre eficaz Mark Ruffalo, se dedicara desde entonces a seguirlos con la intención de detenerlos en cuanto vuelvan a realizar uno de sus delictivos numeritos. Sin embargo, cuando el agente acude a su siguiente actuación acompañado de una inspectora francesa de la Interpol, Alma Vargas (Melanie Laurent), que ha viajado desde París para intervenir en el caso, asistirá atónito a otro robo, también de guante bastante blanco, que los magos realizan traspasando los fondos de la cuenta de su hasta entonces benefactor a otras manos mucho más humildes, las de los espectadores que contemplan el juego a lo Robin Hood y comprueban en sus móviles el nuevo saldo de sus cuentas corrientes. Al agente del FBI, Dylan Hobbs, no le quedará más remedio que acudir a Thaddeus, a quien interpreta Morgan Freeman, un ex mago que más tarde ha dedicado toda su energía a desenmascarar y desacreditar a famosos magos, y que explica a la policía cómo todo se basa en un engaño planeado de manera meticulosa para que nadie descubra cómo ha sido llevado a cabo en realidad.
El guionista Edward Ricourt, responsable del proyecto desde su inicio, ha explicado que su idea inicial era escribir una cinta de atracos al estilo clásico pero buscaba al mismo tiempo un elemento único que la distinguiera de las demás. Sin embargo, el resultado es una cinta en la que ese elemento especial ha acabado por comerse la intriga y los giros, pretendidamente sorprendentes, que el espectador descubre en cuanto se aparta un poco de los juegos de luces, las explosiones de falso humo y todos los trucos que convierten a la película en indicada sólo para tardes de no pensar en absolutamente nada. Eso sí, consigue que la frase con la que da inicio al último trabajo del director francés afincado en Hollywood: “cuanto más cerca mires, menos verás” pueda ser de aplicación al conjunto de esta cinta apta para todos los públicos tan típica de los cines de verano.