RESEÑA
Domingo 21 de julio de 2013
Miguel Gonçalves Mendes: José y Pilar. Conversaciones inéditas. Prefacio de Valter Hugo Mäe. Traducción de Fundación Saramago. Alfaguara. Madrid, 2013. 218 páginas. 9,99 €. Libro electrónico: 8,99 €
“Es la vida de una pareja que está bien, que hace bien lo que tiene que hacer, una vida en común, una vida sólida, una vida feliz, y ya está. En el fondo es una historia que no es vulgar. ¿No es vulgar que te aparezca una persona que haya sido monja, no?”. Con estas palabras resumía José Saramago su relación con Pilar del Río, tema principal de este libro. En 2011, pocos meses después del fallecimiento de José Saramago, el realizador portugués Miguel Gonçalves presentaba la película-documental José y Pilar, un retrato en imágenes de la vida del Premio Nobel de Literatura (1998) y de su tercera mujer, la periodista y traductora Pilar del Río, quien hoy dirige la Fundación Saramago. Parte del material inédito reunido durante cuatro años de grabaciones, de viajes y de encuentros entre Lanzarote y Lisboa, y en concreto fragmentos de una larga entrevista con cada uno de ellos, integran el volumen recién editado en castellano por la editorial Alfaguara, al que acompañan algunas fotografías.
Lo que más llama la atención de estas conversaciones es la sorprendente vitalidad y la generosidad de palabra y de pensamiento de ambos. ¿Tándem perfecto? ¿Medias-naranjas? ¿Pareja fusional? No, nada que ver con estos amanerados clichés. “Tengo muchas razones para pensar que el gran acontecimiento de mi vida fue haberla conocido.... Estos veinte años no han pasado en vano..., son veinte años llenos de riqueza, de una fuerza, de una intensidad... Es, simplemente, que la conocí a ella…”. Este libro nos presenta de cerca y en primera persona a una mujer discreta y poco conocida por el público a quien el escritor (su segundo marido, veintiocho años mayor que ella) dedicó la gran mayoría de sus novelas. Pilar del Río, sevillana de origen, es traductora además, de algunas de las más célebres como La caverna o Todos los nombres. La complicidad entre José y Pilar es la de dos personas que viven la vida en plena consciencia y que comparten la misma actitud frente a la existencia. Inmateriales, desprendidos, solidarios, infatigables, minimalistas, racionales... las palabras que se desprenden de sus respectivos comentarios nos acercan a dos superpersonas, dos monstruos rebosantes de humanidad y raciocinio por encima de su ya consagrado talento intelectual y profesional.
“Quien tenga que escribir, escribirá aunque sea en la punta de un alfiler... No creo en nada que tenga que ver con inspiraciones. No hay inspiración hay trabajo”, sentenciaba en un momento Saramago. A lo largo de los distintos fragmentos de la entrevista José y Pilar van hablando cada uno del otro, de lo que significa el otro en sus vidas, de su infancia y de la necesidad de perpetuar la memoria, de su visión tan poco romántica y sin embargo tan profunda del amor, de la literatura y del proceso creativo, del trabajo, del sentido de “patria” y del compromiso social. Abordan temas universales, los mismos que Saramago ha tratado en sus libros: el individuo frente a la sociedad, el hombre frente al paso del tiempo, frente a las creencias y las normas, la continuidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte.
“El cerebro no duerme, es más, nada duerme. El corazón tampoco duerme, la sangre fluye. Todas esas células, todo eso... La jauría que llevamos dentro no para”. Y esa jauría a la que se refería Saramago, a sus ochenta y tantos años, es la misma que circula por las venas de Pilar, aunque cada uno lo expresara de manera diferente. Ella se revela como una mujer igualmente apasionada del trabajo, infatigable, con un espíritu frugal, casi diríamos “ascético” (“No suelo tener ni frío ni calor, ni hambre ni sed. Soporto muy bien todas esas contingencias”), libre y plenamente en sintonía con su propia fuerza combativa y con su condición humana. “A veces se crean raíces, pero donde esté tendré siempre unas tijeras para cortar las raíces.... El mundo es muy grande para apegarse sola y exclusivamente a un lugar”. Y quién mejor que ella sabe que la obra de Saramago se nos pega bien adentro, en el alma, como la lluvia fina de Lisboa o como los vientos canarios que azotan su querida Lanzarote. A quien no haya visto la película este libro despertará su curiosidad por ver las imágenes de ambos, y recíprocamente quién haya disfrutado del filme querrá seguramente leer ahora este libro.
Por Pepa Echanove