Cristobal Villalobos Salas | Lunes 22 de julio de 2013
Enrico Letta, primer ministro italiano desde recientes fechas, publicó una carta en el diario “La Stampa”, como respuesta a la misiva de un lector de este histórico medio italiano, en la que pedía disculpas a la juventud italiana por verse obligada a emigrar fuera de las fronteras transalpinas a causa de la crisis y la recesión económica.
La carta, que no sirve en sí misma para absolutamente nada, es sin embargo un bonito gesto que, a pesar de pasar desapercibido en la prensa española, me ha llamado la atención. Enrico Letta, del que reconozco mi ignorancia con respecto a su política, a simple vista destaca por un par de cosas que, como español, me causan una sana envidia.
En primer lugar, Letta es el líder de un ejecutivo de coalición entre la centroizquierda, de la que él no era el líder, y la derecha de Berlusconi, un pacto propiciado por Giorgio Napolitano, jefe del Estado italiano, con el fin de superar la ingobernabilidad salida de las últimas elecciones al parlamento.
En segundo lugar, el político italiano ha entonado, como ya hemos comentado, un mea culpa “en nombre de la clase política” que aquí suena tanto a chino como el consenso entre los dos grandes partidos nacionales que hoy, sin duda con un afán cosmético, empiezan a hablar de pactos.
La carta publicada en “La Stampa”, la que ha provocado las disculpas del primer ministro, hablaba de un “país moribundo, sin esperanza y sin futuro”, en el que los amigos del lector que firma el texto han tenido que marcharse para poder ganarse la vida. Letta recoge el guante en el número siguiente del diario: pide perdón a los jóvenes, en nombre de todos los políticos, y de sus antecesores en el cargo, y promete agilizar el mercado laboral para luchar contra esta lacra que, en Italia, con un 12% de paro, está aún bien lejos de nuestra dramática situación pero que, por el contrario, parece que les duele más que a nosotros.
Mientras, en España, país del eufemismo y la falta de responsabilidad, los políticos se ponen de acuerdo en Andalucía sólo para subirse las dietas, luego han tenido que rectificar para esperar a una fecha más propicia, y González Pons, ese portavoz de club náutico, insulta a la inteligencia de la ciudadanía por pura torpeza: “No podemos decir que trabajar en la UE es trabajar en el extranjero”. Queda claro, también, que no podemos decir que ser político en la UE sea lo mismo que serlo en España.
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