Martes 23 de julio de 2013
Finalmente; Mariano Rajoy acudirá al Congreso para explicar el caso Bárcenas. No es del todo exacto que acuda “por propia iniciativa”, pues ha quedado patente su nula disposición en este sentido. En realidad, lo hace obligado por la presión de una ciudadanía cada vez más indignada ante la espantá del Presidente. Todo el descontento y la crispación generada durante todas estas semanas podría haberse atenuado si el señor Rajoy hubiese cumplido desde un primer momento con su deber como Presidente y hubiese dado cuenta de aquello que se le demanda donde procede; esto es, en el Congreso de los Diputados y a petición propia, pero de verdad: es decir, antes que nadie se lo exigiera.
A este respecto, es digna de tener el consideración la propuesta presentada ayer por el PSOE, a tenor de la cual ningún presidente podrá oponerse a comparecer en la Cámara si así se lo piden todos los grupos, se tenga o no mayoría absoluta. Es una buena propuesta, aunque reveladora del escaso nivel de la clase política española. Un país donde prácticamente nadie dimite y en el que muy pocos son los que dan explicaciones públicas en tiempo y forma tiene un serio problema de representación pública. Nadie tendría que haber obligado a comparecer a Rajoy; debería haber salido de él mismo. De ahí la necesidad de imponerlo por ley.
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