Opinión

El diagnóstico de Netanyahu sobre la Primavera Arabe

Martes 23 de julio de 2013
Benjamin Netanyahu, efectuaba ayer lunes un certero diagnóstico sobre lo frágiles que son los cimientos de la llamada Primavera Arabe. Así, el primer ministro de Israel se refería al derrocamiento del ex presidente egipcio, Mohamed Mursi, como “una muestra de la debilidad del Islam político”. Añadía que “los regímenes islamistas radicales van a fracasar, ya que no ofrecen la emancipación adecuada que se necesita para desarrollar un país económica, política y culturalmente”. Netanyahu se caracteriza más por su torpeza política que por una ejecutoria especialmente brillante, aunque no puede negarse que en esta ocasión ha estado acertado.

En efecto, tras derrocar respectivamente a Ben Alí, Gadafi y Mubarak, ni Túnez ni Libia ni Egipto han sido capaces de lograr la deseada estabilidad. Gran parte de culpa la tiene un islamismo deseoso de ocupar el rol dejado vacante por los anteriores regímenes; o lo que es lo mismo, mutar una tiranía por otra, parapetada tras el Corán y con una idea plebiscitaria que occidental o limitada de lo que es la democracia. La sociedad de estos países pugnó duramente por conseguir mayores cuotas de aperturismo y progreso, en detrimento de totalitarismos asfixiantes y corruptos. Tras poco más de dos años, la corrupción sigue empantanándolo todo, el despegue económico no acaba de llegar y las ansiadas libertades han sido sofocadas por un islamismo cada vez más opresor. Es la hora de que nuevos líderes le den una vuelta al “Islam político” y recapaciten sobre los retos de una sociedad global cansada de totalitarismos arcaicos y que lo que quiere son pautas que faciliten, en lugar de dinamitar, la convivencia, la tolerancia y la aceptación de la discrepancia.

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