Cultura

El Real se rinde al carismático Rufus Weinwright

no faltaron la ópera ni el pop

Martes 23 de julio de 2013
El artista norteamericano Rufus Weinwright puso en pie al público del coliseo madrileño en la última de las citas del ciclo Las Noches del Real con un original concierto en el que no faltaron la ópera ni el pop.

Rufus Weinwright cumplía este lunes 40 años y lo hacía con una gran “party”, subido al escenario del teatro de la Plaza de Oriente y acompañado, desde el patio de butacas, por familiares y amigos. Era, por tanto, una noche especial para el polifacético artista igual que él mismo es, sin duda, muy especial, bendecido con ese carisma que sólo unos pocos poseen para deleite de sus fans, porque siempre va acompañado de extrema originalidad y, a veces, de cierta dosis de extravagancia. Así, la primera sorpresa que se llevaron quienes anoche acudieron al Real para asistir a la velada protagonizada por el artista era la de encontrárselo allí mismo, tranquilamente sentado junto a su marido, Jörn Weisbrodt, en la fila 10, hasta que los flashes de las cámaras de quienes le iban descubriendo acabaron con esa fugaz tranquilidad. Firmó autógrafos y posó junto a los fans que se acercaban para hacerse una foto con su polifacético y talentoso ídolo. Hasta que se apagaron las luces y salió al escenario el director musical de la Ópera de Canadá, Johannes Debus, a quien ya esperaba la Orquesta Titular del Teatro Real para dar inicio a la primera parte de la velada dedicada por completo a la obertura y a varias escenas del Acto II de la ópera Prima Donna compuesta por Weinwright y estrenada en 2009 en el Festival de Manchester. Una música profunda, delicada a la vez que rotunda, melódica a la vez que llena de vigor, inspirada en los últimos años de soledad y decadencia de una gran soprano, y que contó con la excelente interpretación de Kathryn Guthrie y Janis Kelly.

Weinwright apareció por fin en el escenario al inicio de la segunda parte ataviado, sin complejos y provocando las primeras de las numerosas risas que se escucharon anoche, con un mantón de manila y una rosa roja detrás de la oreja. No le faltó tampoco el indispensable abanico. De esa guisa se sentó al piano para interpretar junto a la orquesta los temas pop Vibrate, Little sister – que dedicó a sus dos hermanas sentadas también entre el público – y This Love Affair, un bellísimo tema que quiso dedicar a su flamante marido, con quien se casó el pasado año. “Es mi cumpleaños”, dijo el artista, “así que vamos a divertirnos y para mí lo divertido es intentar cantar ópera”. Se atrevió entonces con la serie de Hector Berliotz “Les nuits d’Ete”, que el público le premió con los mismos aplausos entusiastas con los que le había recibido y, a continuación, interpretó, junto a Kathryn Guthrie, el tema If I loved you del musical Carousel, de Rodgers & Hammerstein – uno de los momentos más bellos de la noche –, para continuar con el aria Soave sia il vento, de la ópera de Mozart Cosí fan tutte, para la que se les unió la soprano Janis Kelly y terminar con dos canciones pop de Rufus: What would I ever do with a Rose y Oh, what a world, cuyos últimos acordes pusieron en pie a un teatro abarrotado de público que, desde luego, todavía no tenía intención de marcharse.

Faltaban los bises y Rufus fue muy generoso con ellos. Hasta cinco. Entre uno y otro, dio las gracias a Madrid por asistir a su fiesta de cumpleaños, sopló las velas de la gran tarta que sacaron para él al escenario, escuchó el “Cumpleaños feliz” que le dedicó la orquesta, hizo subir a escena a una de sus hermanas para que cantara con él, dedicó otro tema a su marido, se autoregaló una canción y hasta animó a los asistentes a que adquirieran los cd que se vendían con su autógrafo y de los que una parte del precio, 9 dólares, van destinados a una fundación de lucha contra el cáncer, la terrible enfermedad que se llevó a su madre, Kate McGarrigle, en cuyo homenaje publicó en 2010 el disco titulado All Days All Nights: Songs for Lulu. Más de media hora después de terminar el concierto finalizaban también los bises y el público salía, todavía sin intención de irse a casa, para adquirir sus discos en las mesas dispuestas en el Real, donde también podían adquirirse camisetas con el título de su último trabajo y el nombre de su carismático autor, a quien el mismísimo Elton John considera “el más grande compositor de canciones del planeta”.

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