Miércoles 24 de julio de 2013
Recordemos el refrán que señala: “Nunca es tarde si la dicha es buena “. De ahí que no vamos a dejar de saludar positivamente la decisión del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, de renunciar al cargo que ocupa desde 2009. Pero también es hora de traer a la memoria otro refrán: “A buenas horas, mangas verdes”, pues todo apunta evidentemente a que el señor Griñán ya no ha tenido más remedio que tomar esa decisión en una situación cada vez más insostenible después de que la juez Mercedes Alaya retomó la investigación sobre el caso de los ERE fraudulentos en Andalucía, asunto que está llevando con especial diligencia y eficacia, pese a los impresentables ataques de que está siendo objeto. Recientemente, a cargo de Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, quienes sin el menor empacho descalificaron el auto de la juez en el que se imputaba a la ex -consejera de Economía y Hacienda de la Junta y exministra de Fomento, Magdalena Álvarez.
Precisamente, esa imputación ha sido un salto cualitativo en el caso de los ERE podridos, que ocupa un puesto de “honor” en el ranking -que no es por desgracia pequeño ni baladí- de los escándalos de corrupción que están emponzoñando la democracia española y causando a los ciudadanos tanta indignación como hastío. Y mañana está citado a declarar el ex-interventor de la Junta, que avisó a Griñán de irregularidades cuando éste era consejero de Economía. Respetando escrupulosamente la presunción de inocencia, no resulta verosímil que en un caso de tan enormes proporciones como el de los ERE andaluces, José Antonio Griñán, máximo responsable de esa Comunidad Autónoma, estuviera al margen. Las dos posibles hipótesis –que lo supiera, participara o hiciera la vista gorda, o que estuviera en Babia- no hablan desde luego a favor del señor Griñán, sino todo lo contrario. Otro asunto, es que el señor Griñán parece haber tenido buen sentido a la hora de manejar los tiempos, lo cual no le exonera de responsabilidades políticas, pero si habla de su habilidad política. No como otros.
Ahora bien, en esta renuncia a la presidencia hay un elemento de especial importancia: cómo se ha planificado y gestionado la sucesión. Griñán parece haberse asegurado de que quien le suceda sea una persona fiel que no ocasione el menor atisbo de problema ante lo que en la investigación de la juez Alaya pueda avecinársele. Así, deprisa y corriendo, se pusieron en marcha en Andalucía las cacareadas primarias por parte del PSOE, que han resultado finalmente poco más que una pantomina. Parece claro que antes de celebrarse ya estaba decidido que sería Susana Díaz, hasta ahora consejera de Presidencia de la Junta y proclamada como única candidata a las primarias, quien iba a sucederle. Así las cosas, da la impresión de que en el ánimo del señor Griñán ha pesado sobre todo contar con una sucesora de confianza que tiene en su actual “número dos”. No parece, sin embargo, que sea la persona más adecuada. Susana Díaz ha estado ligada desde siempre al partido, donde ha ido escalando posiciones, sin haber desarrollado ninguna profesión ni actividad al margen de ello. La señora Díaz no conoce la sociedad que se propone gobernar.: jamás ha pagado o recibido una nómina y no ha ejercido una profesión civil, ni aprobado oposición alguna. En suma, es sólo experta en la intriga política, característica que no es precisamente bien considerada por parte de los ciudadanos. Bien está que Griñán finalmente haya renunciado a su cargo, cercado por el escándalo, pero la manera en que se ha hecho no ayuda a que la clase política recupere el prestigio ante la sociedad.
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