Opinión

Jaque mate: MR vs PJ

José Antonio Ruiz | Viernes 26 de julio de 2013
El duelo está servido. A la partida de ajedrez le quedan a lo sumo un par de movimientos. Sólo falta saber si el jaque será con la dama, la torre, los alfiles o el caballo. O cae Mariano, o cae Pedrojota. Sólo puede quedar en pie sobre el tablero una pieza, como en Highlander (Los Inmortales).
O uno o ninguno, pues también pudiera suceder que ambos dos perezcan en el envite y sólo Raúl del Pozo viva para contarlo, en el papel de padrino. El de Cuenca acumula tanta mili encima, que no es descartable que inclusive acabe llevándose con él a la chica, subida a la grupa de su corcel, como si fuera una de las hijas de Leucipo; y hasta puede que, rendida la moza a sus encantos de trovador de la palabra, el muy granuja le ponga un piso en lo alto de un peñasco de la sierra de Guadarrama, desde donde pueda divisarse la cárcel de Soto del Real.

Habiendo llegado la situación a este punto de no retorno por simple cabezonería, orgullo, prejuicio o puro encabronamiento recíproco, menos probable es que ocurra lo que aconteció en Chile en agosto del 52, cuando los senadores Salvador Allende y Raúl Retting se batieron a duelo. Dispararon a matar; pero anduvieron faltos de puntería y erraron el tiro, según parece a causa del tembleque. El caso es que salvaron su vida, y una vez reconocida la estupidez de haber llegado tan lejos haciendo el cafre, acabó fraguando entre ellos una hermosa amistad.

Lo de menos es que sea con espada, con pistola, a cuchillo, o a hostia limpia; que diriman sus diferencias en el salón del trono del Palacio Real, en los jardines de Aranjuez, o en una taberna pirata de Malasaña. Nadie ha golpeado a nadie con un guante en la cara; pero ambas partes se dan por desafiadas.
Cierto que el objetivo no es tanto matar al oponente cuanto restaurar el honor puesto en entredicho a cuenta del Barcenicidio; pero esta vez la partida parece a jaque mate, porque ninguno de los dos se ha bajado de su silla curul, el uno pecando, como de costumbre, por defecto, y el otro por exceso de amor propio, as usual.
O el diario El Mundo, a cuenta del ultimátum de su director, se cubre de gloria, o pega un petardazo de los que marcan época y final de ciclo. No es nada personal, pero lo parece.

El campo de honor no será un espacio abierto en medio del bosque alejado del mundanal ruido, sino a los ojos expectantes de todo el mundo, al amanecer, tan pronto como la rotativa escupa los ejemplares y los periódicos salgan en los furgones de reparto camino del kiosco, con la tinta todavía caliente, como la “sangre” de los duelistas.

Podemos ponernos en plan cursi, todo lo política y periodísticamente correctos que queramos, elucubrando acerca de estabilidades políticas y códigos deontológicos. Pero, o no pasa nada y todo el hastío lo cura el estío, o acaban tirándose de los pelos hasta arrancarse de cuajo el moño.
Como Pedrojota Ramírez tenga guardada en la caja fuerte de su despacho enmoquetado de corazones la prueba del delito, o sea, la pistola humeante, ya sea un recibí o una grabación comprometedora, Mariano es un exquisito cadáver político.

Ya puede Rajoy hacer el salto mortal inverso atrás con tirabuzón y medio desde lo alto del trampolín de los mundiales de natación de Barcelona, o decir misa en latín, siguiendo el rito tridentino. Si, como dice Raúl, «hasta ahora sólo han salido muestras de fogueo»…, hay que temerse lo peor.
En Génova se corta el aliento, porque aunque justitos en asuntos de estrategia mediática y táctica política, hasta ahí llegan y son sobradamente conscientes de la amenaza que se cierne sobre ellos. Pero son tan ilusos, que pensaban que conseguirían rebajar el factor de riesgo enrocándose y dejando pasar varios días, a ver si los insurrectos de la avenida de San Luis cometían la ingenuidad de disparar todas las balas del cargador y se avenían a pactar tablas después de reconocer que se habían pasado varios pueblos.

Hoy, quien más y quien menos está acojonado, temiendo que Pedrojota guarde un as en la manga. Es triste decirlo, pero sólo la tragedia del tren que sembró de muerte y llanto inconsolable la víspera de Santiago ha permitido una tregua. Tarde o temprano, será cuestión de días.
Si cree Rajoy que haciendo coincidir su comparecencia con el uno de agosto va a pasar inadvertida entre el trajín de maletas de quienes van y vienen de veraneo, lo lleva crudo, mendrugo.

Siendo esto así, todo lo que diga en su defensa pudiera ser utilizado en su contra dos días después en la edición dominical, una vez cumplidos los tres días de luto oficial; por lo que la actitud más sensata parece ser la de reconocer a medias los pecados y no excederse en chulerías innecesarias.
Ahora bien, como por el contrario Ramírez no tenga más munición informativa de la que echar mano, ya puede ir poniendo al día su currículo como becario, invertir parte de su multimillonaria indemnización en una tienda de tirantes en la Milla de Oro, tramitar su carnet del IMSERSO y solicitar la prejubilación anticipada, o convencer a su amigo Murdoch a través de su consejero Aznar para que le compre El Mundo a los italianos de RCS…, porque tiene los Días contados.

Si gana el Oscar Pedrooo, lo que tendría que hacer es postularse como líder del PP, y reconocer sin ambages que sus treinta años de director de periódicos, entrando y saliendo por la puerta giratoria, han sido sólo un preámbulo de su salida del armario, después de haber tratado de negar en vano su verdadera vocación política.

Hace sólo año y medio, El Mundo recomendó expresamente a sus lectores que votasen a Mariano, argumentando que «el mejor resultado sería una mayoría absoluta para el PP». (…) A ver si va a resultar ahora que en cuestión de meses Ramírez se ha caído de un día para otro del guindo.
Sea como fuere, en circunstancias así es cuando uno agradece al cielo ser un donnadie.

Más pronto que tarde sabremos For Whom the Bell Tolls (Por quién doblan las campanas). Y todo habrá terminado. Hemingway fue Pulitzer y Nobel. A Pedrojota también le haría ilusión cumplir 70 años subido a los escenarios, como Mick Jagger. Pero la gloria sólo nos está reservada, querido Pedro, a unos pocos que nunca la buscamos porque ya hemos interiorizado el mundanal fracaso; y a ti, mucho me temo, todavía te queda mucho que aprender para parecerte a Christopher Lambert.