RESEÑA
Domingo 28 de julio de 2013
Knut Hamsun: Pan. Traducción de Kirsti Baggethan y Asunción Lorenzo. Anagrama. Barcelona, 2013. 168 páginas. 14,90 €
El teniente Thomas Glahn no sabe si le ocurrió o soñó lo que narra en este libro. Aun así decide contar la historia de su vida durante un verano en Nordland, en el norte de Noruega, cuando “comenzó a no haber noche”.
El teniente era un solitario, “mis únicos amigos eran el bosque y la gran soledad”, según reconocía. “Era hijo del bosque”, contaba, mientras recordaba la caza y los paisajes en su solitaria cabaña, quizá con la mera compañía de su perro Esopo. La monotonía de su existencia era la regla, que cambia cuando llega corriendo, literalmente, Edvarda. Después ella lo besa, se comienzan a ver, se podría decir que se enamoran, pasean juntos. Tras una de esas jornadas, Glahn recuerda que se adentró en el bosque, “para estar a solas con mi felicidad”, en plena consistencia con lo que era su vida. Comienza a visitarla, asiste a fiestas en su casa. Su vida ha cambiado. Hombre rústico, sin buenas maneras ni costumbres sociales, pensaba que si ella lo amaba se “convertiría en una buena persona”. Era atractivo pese a todo. Una amiga de Edvarda le dijo que tenía “una mirada de animal, y que cuando la miras se vuelve loca. Es como si la tocaras”, concluía. Quizá era la misma Edvarda la que pensaba eso.
El problema no era él, sino ella. “Irracional y calculadora a la vez”, le dijo al teniente un doctor que también la pretendía, cuando fue a atenderlo porque el mismo Glahn se había disparado en el pie. Luego agregó que nadie podía conquistarla, “habría que domarla… Edvarda tiene demasiada libertad”, señalaba el médico por experiencia propia, ya que Glahn se la había arrebatado. Y así era precisamente con la compleja pero atractiva mujer. Aunque el teniente había logrado algo, el futuro se presentaba incierto.
Cuando ella se distancia y finalmente lo despide de su vida, él le dice que prefiere “vivir en el bosque” a casarse, como le sugería Edvarda. La ruptura lo lleva a vincularse con Eva, aunque después se entera de que está casada con el herrero del lugar y rompe con ella. En el entretanto a Glahn le queman su cabaña, seguramente obra del señor Mack, padre de Edvarda, hombre que al parecer también pretendía a Eva y explotaba a su marido con trabajos. También prácticamente esclavizó a la pobre Eva, quien para mayor desgracia falleció en un accidente, bajo una roca que cayó después que el propio teniente hiciera temblar las montañas con un montón de pólvora. Despreciado por la celosa Edvarda, y con Eva muerta, no le queda más que hacer. Se despide del lugar con una broma de mal gusto: mata a Esopo y se lo envía a Edvarda, quien le había pedido que le dejara el perro de recuerdo.
Al finalizar su narración, el teniente Glahn señala que ya no se acuerda de la mujer que lo hizo sufrir, aunque toda la obra ilustra lo contrario. “He escrito esto para pasar el rato y me he divertido cuanto he podido. No me aflige pena alguna, sólo añoro otro lugar, no sé cuál, pero algún lugar lejano, África tal vez, o la India, porque pertenezco a los bosques y a la soledad”. A la India partió.
Lo sabemos porque en la parte final del libro aparece un “Documento de 1861”, sobre la muerte de Glahn, a quien su familia buscaba tras haberle perdido la pista durante mucho tiempo. Aquí escribe un segundo narrador, quien conoció y convivió e incluso hizo amistad con el militar retirado. Juntos cazaron y se divirtieron aunque, como en el pasado, hubo un problema: el amigo se había enamorado de Maggie, pero ella prefiere a Glahn, “hombre inusual y querido… a pesar de que todavía resulte hostil a mi alma y su recuerdo despierte mi odio”, como explicaba el sobreviviente antes de narrar la sorprendente muerte del teniente.
Knut Hamsun obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1920 y es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Hace algunos años se publicó su biografía de Ingar Sletten Kolloen, Knut Hamsun. Soñador y conquistador (Nórdica. Madrid, 2009). La prosa hermosa y acabada de Hamsun, casi poética, unido a los giros sorprendentes de sus personajes e historias, quedan plenamente reflejados en esta novela, donde están contempladas algunas de las cuestiones centrales de la vida humana, como el amor y la amistad, la búsqueda de la felicidad y la trascendencia, los celos, el dolor, la soledad, la esperanza y también la desesperación.
Por Alejandro San Francisco
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