Opinión

El PNV muestra sus cartas

Domingo 04 de mayo de 2008
Quienes quisieron ver un segundo PNV que deseaba apartarse de la vía soberanista, que se mostraba proclive al entendimiento con Madrid frente a la confrontación de otras veces, y que plantaba cara al nacionalismo más radical, han vuelto a errar. Hace mucho tiempo que estos planteamientos más o menos ingenuos han dado paso a la cruda realidad, y ésta no es otra que en tiempos difíciles el nacionalismo se reagrupa, sin escisiones. Aún reconociendo que pueda haber quien, con su mejor intención, pretenda ceder para acercar al PNV al sentido común, tal cosa se antoja utópica. Son demasiados años de horror los que llevan ETA y sus acólitos en la escena pública, y ya es hora de que desaparezcan de una vez. Pero ETA no son sólo comandos de terroristas que matan; hay más. De hecho, sin los “otros”, la existencia de ETA se complicaría sobremanera. Más aún, sin su brazo político, ese que canaliza apoyos populares, cuotas de poder en las instituciones y pingües beneficios a modo de subvenciones, ETA no podría subsistir.

Tan terrorista es quien mata como quien posibilita, justifica, apoya o silencia tal muerte. HB, ANV, Gestoras Pro Amnistía, PCTV; se llamen como se llamen, son lo que son, y no lo ocultan. En su momento, Aznar se decidió a actuar contra el entramado de ETA, ampliando así su radio de acción en la lucha antiterrorista. Pero llegó Zapatero, y dio un giro copernicano, que nos ha llevado a la actual situación. El PSOE optó por romper el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo -que había propuesto el propio Zapatero y que tan eficaz se había mostrado- decantándose por una negociación que estalló en la T4 de Barajas. Tampoco es de recibo dar oxígeno a los terroristas permitiendo su acceso a las instituciones, y luego rasgarse las vestiduras. Cuando el Gobierno se dio cuenta -debía ser el único en no reconocer lo evidente-, ya era demasiado tarde. Tuvo que venir el Tribunal Supremo a ponerle en su sitio, arguyendo a las impugnaciones “de última hora” que tales cosas llevaban su tiempo, y que intentar hacerlas a toda prisa era un dislate carente del más mínimo sentido jurídico.

Eso, en cuanto al nacionalismo radical. El otro, más moderado, se ha apresurado a dar la cara por sus correligionarios “exaltados”, al ver que hechos como el encarcelamiento de la alcaldesa de Mondragón podrían ser el inicio de una peligrosa cadena de detenciones. Al PNV le interesa sobremanera que haya un discurso radical tras el que camuflarse para mostrar una cara más amable. Pero es sintomático que, cada vez que la Justicia -no ya los partidos- ha actuado contra las franquicias políticas de ETA, los “nacionalistas moderados” siempre se han posicionado a su lado. Semejante firmeza todavía la aguardan las Víctimas del Terrorismo, aunque no parece que haya mucha esperanza en que desde la Lehendakaritza haya algún gesto hacia ellos. Que tome, pues, el PSOE, buena nota de con quién pretende hacer camino. Frente a guiños más o menos interesados, el PNV que ahora ve es el de verdad, sin actuaciones efectistas. Los socialistas sabrán si les interesa permanecer al lado de quien, a día de hoy, tiene la intención de seguir adelante con el referéndum secesionista de octubre, lo llamen como lo llamen. Eso, si es que no hay otra sorpresa “semántica” en ciernes...

MONSTRUOS HUMANOS

Resultaría más fácil que el mundo fuera blanco o negro. El holocausto nazi o el terrible caso de Amstetten serían mucho menos inquietantes si pudiéramos asumir que quien está detrás de hechos tan terribles son seres de otro planeta, que nada tienen que ver con la raza humana. Sin embargo, no es así. Nos guste o no, Joseph Fritzl es una persona, horrible, sí, pero un ser humano, al fin y al cabo. Una persona que se ha valido de la dejadez y el individualismo mal entendido de nuestros días para mantener secuestrada a su hija y tres de los siete hijos que le engendró en el sótano de su casa. Con la duda razonable de si su esposa, Rosemarie, estaba al tanto de lo que sucedía a dos metros bajo sus pies, a lo largo de esta semana hemos sabido que la Policía dejó sin reparo la custodia de sus supuestos nietos a un hombre que había sido condenado por violación. Que los inquilinos y vecinos del electricista conocían los abusos a los que sometía a su hija Elizabeth antes de su desaparición, pero que nadie hizo nada por ayudar a la solitaria niña de 18 años que un día desapareció sin dejar rastro. Que, a pesar de ello, nadie se ocupó de investigar en profundidad la supuesta huida de la chica con una secta, más allá de la versión dada por su padre.

La responsabilidad última cae sobre él. Nadie más que él tiene culpa de los horribles crímenes que se han cometido en su sótano a lo largo de estos 24 años. Sin embargo, la sociedad entera ha de mirar hacia sí misma y asumir que, para llevarlos a cabo fue necesaria la pasividad de muchos. Pero, sobre todo, no podemos olvidar que quién los cometió es una persona. Un ser humano igual que quien o quienes secuestraron a Madeleine McCain, esté donde esté, un año después de su desaparición. Los monstruos nos guste o no, conviven con nosotros y son personas capaces de reír e incluso hacerse querer. No se presentan como demonios con cola y cuernos. Son humanos que se valen de nuestro ombliguismo y egoísmo para dar rienda suelta a sus instintos más bajos.

PETRÓLEO VENEZOLANO

Allá por donde pasa Hugo Chávez, deja tras de sí un rastro tan nocivo que hasta el petróleo se resiente. Y se resiente con la gravedad de que Venezuela tiene una producción de crudo que se estima entre una de las cinco primeras a nivel mundial. La buena calidad de su petróleo, además, significa un menor coste a la hora de refinarse, dado que no lo precisa tanto como otros. Dada la importancia de este recurso para la economía del país, una empresa estatal, PDVSA (Petróleos de Venezuela) es la encargada de gestionar todo lo relativo a la extracción y venta del crudo venezolano. Y uno de los sectores donde más se ha notado la alargada mano del chavismo ha sido precisamente aquí.

A nadie escapa la complejidad que entraña dirigir una empresa petrolífera. Más aún si la magnitud del crudo obtenido alcanza cifras de líder mundial. Eso, unido al incremento del precio del barril, hace que tener el control de semejante entramado sea una prioridad de todo gobierno. Claro que para ello hace falta sentido de estado, y por qué no decirlo, sentido común. De ambas cosas carece Chávez, y ello le está empezando a pasar factura donde más le puede doler. Cuando llegó al poder, hizo tabla rasa del cuerpo directivo anterior, y puso al frente de puestos clave a personas cuyo único mérito era el de seguir ciegamente al caudillo bolivariano, por encima de su cualificación profesional -en muchos casos, nula-. Ingenieros, economistas, mandos intermedios; todos eran prescindibles si no comulgaban con los nuevos designios políticos. Se tomaron decisiones absolutamente carentes de toda lógica, como la disminución del número de barriles extraídos -se ha pasado de los 4 millones diarios hace pocos años, a los 3 millones actuales, sin una razón que justifique tamaño desatino-, y se empezó a usar el petróleo como arma. Por un lado, para la compra de voluntades en el continente y por otro, para anatemizar a Estados Unidos como el enemigo imperialista a batir. A propósito, Venezuela es el quinto exportador de crudo del mundo y vende cerca del 75 por ciento de su producción a ese enemigo llamado Estados Unidos. El problema de que un recurso tan importante para la humanidad caiga en manos de gente como Chávez es muy grave. El panorama es muy incierto. Tanto como el precio del petróleo.

TEMAS RELACIONADOS: