Opinión

Italia es mas que Berlusconi

Sábado 03 de agosto de 2013
El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 4 años de prisión a Silvio Berlusconi, mientras la Corte de Apelación de Milán tendrá que calcular nuevamente el plazo de su inhabilitación. Se trata de una sentencia histórica ya que es la primera condena definitiva e irrevocable para el cavaliere. Berlusconi no pisará la cárcel -arresto domiciliario o servicios sociales-, siendo lo trascendental de esta sentencia la inhabilitación para el ejercicio de cargo público. Lo más preocupante de esta situación es que el futuro de la gobernabilidad de Italia parece depender de la voluntad de Berlusconi, este Napoleón III en versión moderna, incapaz de distinguir entre una democracia plebiscitaria y una democracia parlamentaria, o de comprender el imperio de la ley.
El apoyo de la coalición guiada por Berlusconi resulta indispensable para la estabilidad del actual Gobierno. Por eso esta condena abre un interrogante sobre el futuro de la política italiana. Italia y Europa miran a los sucesos judiciales de Berlusconi desde una óptica de estabilidad: la condena de Berlusconi no es un asunto privado y se temen posibles secuelas en la vida política del país. Resulta difícil no augurar consecuencias sobre la estabilidad del frágil Gobierno de coalición, ya que el fallo judicial pone a dura prueba al Ejecutivo guiado por Enrico Letta. No obstante, para comprobar la veracidad de las declaraciones de estos días de los principales políticos, que intentan tranquilizar al país y a Europa asegurando que el veredicto no tendrá secuelas sobre la vida del Gobierno, habrá que esperar probablemente hasta septiembre, cuando el Senado tendrá que votar la expulsión de Berlusconi: sólo entonces sabremos si el cavaliere echará un pulso al gobierno hasta forzar su caída o decidirá responsablemente aceptar el veredicto judicial y apartarse de la escena política nacional.

Aunque la condena debería relegar a Berlusconi de la vita parlamentaria, se trata de una hipótesis remota. El centroderecha italiano no parece interesado en entrar en una etapa post-berlusconiana, mostrando una dependencia umbilical de su carismático líder. Asimismo, sus ataques a la Magistratura y el video-mensaje de Berlusconi ponen de manifiesto su tendencia al populismo, al victimismo y su inmadurez de fondo, cuestionando la resolución del poder judicial. La independencia y separación de poderes representan la base de un Estado de Derecho y un centroderecha moderno y liberal debería asumirlos como valores propios y comprender que la verdadera –y duradera- estabilidad está en el correcto funcionamiento institucional y no en las personas. Italia no puede caer nuevamente en una situación donde la “prioridad” y el interés giren en torno a los problemas de Berlusconi, arrinconando los del país. Italia necesita emprender el camino de las reformas, pensadas en interés del país. Se debe apostar por una política fuerte y decidida, con un Ejecutivo que gobierne por el interés colectivo e impulse las necesarias reformas para salir de la crisis y relanzar la economía nacional. Una Italia fuerte, bien encauzada en el camino de la recuperación político-económica, con un Gobierno estable y laborioso, resultaría de gran ayuda para toda Europa. A pesar de los escándalos judiciales del ex Presidente del Gobierno, Italia tiene el deber de recuperarse y ofrecer una imagen nueva, de credibilidad tanto económica como política.

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