Lunes 05 de agosto de 2013
El islamismo radical puede parecer a veces adormecido pero, en realidad, nunca descansa. Siempre está en activo. Sus seguidores no pueden descansar porque se creen fanáticamente destinados a salvar al mundo, a los “infieles”, con su “guerra santa”, aunque sea a sangre y fuego. No se trata de islarmismo, sino de una realidad que de no tenerse en cuenta estalla de manera cruel y violenta en el momento más inesperado. Recordemos los atentados y masacres provocados por los yihadistas en los últimos años, que tantas muertes y sufrimiento han causado. Nuestro propio país padeció uno de sus zarpazos criminales más sanguinarios y brutales en el 11-M de 2004.
Del hecho de que Al Qaeda y sus terminales del terror no descansan han venido a dar nueva cuenta los correos electrónicos y chat entre miembros de la organización terrorista, interceptados por Estados Unidos, en los que se proferían amenazas más que preocupantes. “El riesgo de un atentado es más real que en otros momentos y estamos reaccionando frente a ello” ha dicho el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto. Se da además la sospechosa coincidencia de estos correos con la presunta implicación -advertida por la Interpol- de Al Qaeda en la reciente fuga de presos en varios países, entre ellos Irak, Libia y Pakistán.
De ahí que Estados Unidos haya lanzado una alerta global y extremado las precauciones, cerrando veintidós de sus embajadas en Oriente Próximo, el norte de África y el sur de Asia. A la medida se han sumado también el Reino Unido, Francia y Alemania cerrando sus sedes diplomáticas en Yemen. Asimismo, Estados Unidos ha pedido a sus ciudadanos que vayan a viajar por estas zonas que tengan un cuidado especial e informen a las autoridades de sus planes para que puedan reaccionar rápidamente ante cualquier indeseable eventualidad.
Resulta poco habitual que el Gobierno norteamericano revele cómo ha obtenido la información sobre esas amenazas. Está claro que ahora lo ha hecho para poner de manifiesto la necesidad y eficacia de los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), cuestionada por sus métodos tras la denuncia realizada por su ex empleado Edward Snowden, a quien ha dado asilo la Rusia de Putin.
Nadie pone en duda las ventajas y beneficios de Internet, pero tampoco debe olvidarse que su selvático desarrollo facilita su uso para la delincuencia y el terrorismo internacionales, como se ha visto ahora al interceptar estos correos y chat. Ante esto, los Gobiernos no pueden permanecer indiferentes. Si algunos de los métodos empleados entran en colisión con otros derechos habrá que tratar de encontrar soluciones. Pero lo que hoy no puede ni debe hacerse es no investigar por un exceso de escrúpulos mal entendidos los movimientos de grupos terroristas, significativamente del islamismo radical, que utilizan la Red para sus fines asesinos. La vida de miles de personas puede estar en juego.
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