Crónica económica
Lunes 05 de agosto de 2013
Chris Sanders ha escrito un interesante artículo en el que vincula la política expansiva de la Reserva Federal, en comandita con otros bancos centrales, con el desplazamiento de los metales preciosos a oriente.
El autor parte de la idea de que los precios del petróleo se han disparado en los últimos años, pero la producción no. Este “tapón” en la producción de crudo. “Esta meseta en la producción está limitada, por arriba, por lo que puede sostener la economía mundial en términos de un aumento de los precios, y por abajo por lo que están dispuestos a pagar empresas y particulares”. Estamos ante un juego de suma cero, en el que alguien tiene que ganar y otro perder. En el último campo, la OCDE, que ha rebajado su consumo de petróleo año a año desde 2008.
La política monetaria ha sido muy expansiva, y eso se ha visto, por ejemplo, en una subida de los precios en las bolsas de los Estados Unidos, sin que la rentabilidad de las empresas lo justifique. Esa política se ha manifestado en dos tipos de políticas. Por un lado los tipos de interés a cero (ZIRP, por sus siglas en inglés). Y por otro la ampliación del balance de los bancos centrales, y la flexibilidad cuantitativa (QE por sus siglas en inglés). A juicio del autor, “la realidad de la ZIRP y del QE es que están privando a la economía real de incentivos a la inversión, y destruyendo la base del consumo de los cuales depende el crecimiento”.
Esta política alimenta dos tipos de miedos, sólo aparentemente contradictorios. Yo me he movido entre los dos. Veamos cuáles son: “los deflacionistas, que temen con razón que el desempleo y la destrucción de la demanda inherentes al QE y la ZIRP, y los hiper inflacionistas que temen igualmente la monetización sin restricciones inherente al QE”. A lo que asistimos es “a la destrucción del sistema monetario mundial del modo más completo imaginable”. A lo que estamos asistiendo “no es a la inflación o a la deflación”, sino a que “la riqueza ha sido vaciada de Occidente por la asunción de un apalancamiento creciente”.
El contrapunto de todo esto es el flujo del oro y de la plata hacia el este, que se ha mantenido en las últimas tres décadas. No es, pues una consecuencia de la crisis, sino que la crisis y este trasvase de oro y plata son ambos consecuencia del inflacionismo de EEUU. ¿Cuál es el mecanismo de ese flujo de metales preciosos al este? EEUU sigue una política abiertamente inflacionista. Las monedas de otros países están ligadas al dólar, de modo que importan la inflación generada en los EEUU. “La consecuencia obvia de los mayores precios fuera es que ha llevado a una mayor demanda de metales preciosos como depósito de valor en esos mismos países”.
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